La discusión por la obra pública en Tucumán volvió a convertirse en un intercambio de chicanas entre el oficialismo provincial y La Libertad Avanza. Mientras los referentes libertarios utilizan las redes sociales para exhibir gestiones y atribuirse avances, desde la Casa de Gobierno responden con acusaciones de oportunismo político. En el medio quedan los tucumanos, que continúan esperando rutas en condiciones, viviendas terminadas y obras de infraestructura que mejoren su vida cotidiana.
El ministro de Obras, Infraestructura y Transporte Público, Marcelo Nazur, salió al cruce del referente libertario Lisandro Catalán por las publicaciones relacionadas con los proyectos del aeropuerto Benjamín Matienzo, la Terminal de Ómnibus y el complejo habitacional Procrear II de Manantial Sur.
Nazur sostuvo que las gestiones fueron encabezadas por el gobernador Osvaldo Jaldo y cuestionó la estrategia comunicacional de La Libertad Avanza. “Es muy sencillo hacer política sentado en un escritorio a través de un TikTok y una red social”, lanzó el funcionario, antes de acusar al espacio libertario de “vender humo”.
La frase elevó el tono de una discusión que parece concentrarse más en determinar quién puede adjudicarse cada obra que en explicar con claridad cuándo estarán terminados los trabajos y qué respuestas recibirán los sectores que todavía esperan soluciones.
Una disputa por quedarse con el crédito político
El cruce expone una competencia que ya tiene aroma electoral. Tanto el oficialismo provincial como La Libertad Avanza buscan mostrarse ante la sociedad como responsables de las inversiones y de las obras que avanzan en Tucumán.
Desde el jaldismo aseguran que la relación institucional del gobernador con la Nación fue determinante para destrabar proyectos. Los libertarios, en cambio, procuran presentar la intervención de sus referentes como una pieza central de las gestiones ante el Gobierno nacional.
En ese escenario, las redes sociales se transformaron en el principal campo de batalla. Los videos breves, las recorridas y los anuncios permiten instalar rápidamente un relato, aunque muchas veces dejan en segundo plano datos esenciales como el origen de los fondos, los organismos involucrados y los plazos reales de ejecución.
La respuesta de Nazur tampoco escapó de esa lógica. Al cuestionar directamente a Catalán y calificar de “humo” la comunicación libertaria, el ministro ingresó de lleno en la pelea política. Así, el debate volvió a girar alrededor de nombres propios, partidos y méritos, en lugar de enfocarse exclusivamente en los resultados.
Obras anunciadas y necesidades que siguen esperando
El aeropuerto Benjamín Matienzo es uno de los proyectos que alimentan la controversia. La remodelación contempla una inversión cercana a los 50 millones de dólares y ya concluyó una etapa inicial con la habilitación de un sector provisorio de check-in. El desafío ahora será avanzar con la reestructuración del edificio sin afectar su funcionamiento.
En Manantial Sur, el complejo Procrear II también se convirtió en un símbolo de la disputa. Según Nazur, la obra tenía apenas un 10% de avance cuando se interrumpió el financiamiento nacional. La Provincia decidió continuarla con recursos propios y actualmente alcanzaría un 35%.
Sin embargo, detrás de los porcentajes y de las discusiones sobre quién tomó la decisión política, hay familias que todavía esperan acceder a una vivienda. Para ellas, el dato más importante no es qué dirigente aparecerá en la foto, sino cuándo podrán recibir las llaves.
Una situación similar se observa en la red vial. Tucumán cuenta con alrededor de 600 kilómetros de rutas nacionales cuya conservación corresponde al Gobierno nacional. Ante la falta de recursos enviados desde la Nación, la Provincia puso en marcha un plan para recuperar 170 kilómetros de caminos bajo su jurisdicción.
El problema es que las responsabilidades administrativas no eliminan los riesgos que enfrentan diariamente los conductores. Una ruta deteriorada sigue siendo peligrosa, independientemente de qué nivel del Estado deba repararla.
Mucha confrontación y pocas certezas para los tucumanos
La discusión entre Nazur y Catalán refleja una dinámica que comienza a repetirse: cada avance es presentado como una victoria partidaria y cada demora se utiliza para responsabilizar al adversario. El resultado es una comunicación saturada de acusaciones, pero con pocas certezas para la población.
La Provincia reclama que la Nación cumpla con sus obligaciones y sostiene que debió hacerse cargo de proyectos abandonados. La Libertad Avanza busca demostrar que sus dirigentes tienen capacidad de gestión ante el Gobierno de Javier Milei. Ambos espacios procuran obtener rédito político, aunque las soluciones concretas avanzan con mayor lentitud que las publicaciones en las redes.
Los tucumanos necesitan conocer cronogramas, montos, responsables y fechas de finalización. También requieren explicaciones cuando una obra se demora o cuando los fondos comprometidos no llegan. Esa información debería ocupar más espacio que las chicanas cruzadas.
Mientras la dirigencia discute quién gestionó, quién consiguió los recursos y quién merece aparecer en la inauguración, persisten los problemas de fondo. Hay rutas que requieren mantenimiento, viviendas sin terminar y obras estratégicas que todavía deben superar varias etapas.
La pelea puede resultar útil para marcar posiciones y alimentar la campaña política. Sin embargo, para la gente, una obra no se mide por la cantidad de TikToks publicados ni por la dureza de una declaración. Se mide por su finalización y por la mejora concreta que produce en la vida cotidiana.
