La erradicación de los basurales a cielo abierto fue una de las banderas con las que Rossana Chahla llegó a la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. La promesa inicial era ambiciosa: durante la campaña se planteó eliminar los grandes focos de residuos en los primeros 180 días de gestión. Sin embargo, a menos de dos meses de cumplirse tres años de su asunción, la realidad de distintos barrios de la Capital muestra que el problema está lejos de haber desaparecido.
La imagen de Congreso y Lavaisse, en Villa Amalia, resulta particularmente incómoda para la gestión municipal. A apenas 13 cuadras de la Casa Histórica, vecinos denuncian que conviven desde hace años con un basural a cielo abierto que vuelve a formarse una y otra vez, incluso después del paso de los camiones recolectores.
La situación expone uno de los principales déficits de la estrategia impulsada por Chahla: retirar los residuos no significa erradicar un basural. Y después de casi tres años de administración municipal, la persistencia de estos puntos demuestra que todavía no se encontró una solución capaz de impedir que vuelvan a convertirse en depósitos clandestinos.
De la promesa de los 180 días al horizonte de 2030
Cuando Chahla asumió el 29 de octubre de 2023, la basura ocupaba un lugar prioritario en su agenda. Apenas comenzada la gestión, el entonces secretario de Servicios Públicos, Luciano Chincarini, explicó que se habían identificado alrededor de 400 sitios clandestinos con residuos sólidos urbanos y recordó que la pauta inicial de campaña era avanzar sobre ellos durante los primeros 180 días.
La propia intendenta presentó en abril de 2024 un balance de esos seis meses y aseguró que se habían cumplido las metas planteadas. Entre los objetivos que el oficialismo daba por alcanzados aparecía precisamente la erradicación de los grandes basurales.
Pero paralelamente la Municipalidad declaró la emergencia sanitaria y ambiental y presentó un “plan estratégico de erradicación de basurales a cielo abierto”. Allí apareció un plazo completamente distinto: la planificación pasó a contemplar el período 2023-2030, con el objetivo de terminar progresivamente con estos depósitos.
El contraste es evidente. Lo que durante la campaña había sido presentado como una prioridad con resultados visibles en 180 días terminó incorporado a una hoja de ruta de siete años. Mientras tanto, los basurales siguieron siendo parte de la cotidianeidad de numerosos vecinos.
Congreso y Lavaisse: el basural que pone en jaque el discurso oficial
El caso de Villa Amalia condensa esa contradicción. En Congreso y Lavaisse existe incluso un cartel que anuncia multas y asegura que el sector se encuentra monitoreado las 24 horas. Debajo de esa advertencia, sin embargo, se acumulan bolsas, escombros y todo tipo de desperdicios.
Los vecinos reconocen que el camión recolector pasa diariamente y que, en ocasiones, lo hace más de una vez. También aclaran que el basural no nació durante la administración de Chahla y que arrastra años de existencia. Pero esas dos circunstancias tampoco eximen al municipio de una pregunta central: ¿qué significa entonces “erradicar” un basural?
El desafío de una política pública de este tipo no consiste solamente en levantar toneladas de basura para que reaparezcan unas horas después. Supone transformar definitivamente esos espacios, controlar a quienes arrojan residuos, aplicar sanciones efectivas, modificar circuitos de recolección cuando resulte necesario y trabajar sobre las causas que permiten que un sitio vuelva a convertirse sistemáticamente en un vertedero.
En Congreso y Lavaisse, nada de eso consiguió hasta ahora un resultado definitivo. Los propios residentes sostienen que personas provenientes de otros sectores llegan para arrojar bolsas, restos de obras y escombros. La montaña desaparece y vuelve. El ciclo se repite.
Casi tres años después, la deuda sigue a la vista
La Municipalidad desplegó campañas de concientización, sanciones, sistemas de monitoreo y programas específicos. También puso en marcha herramientas para localizar los basurales y sostuvo que algunos puntos necesitan intervenciones diferentes según sus características. Son medidas que forman parte de una política activa y que deben ser reconocidas.
El problema es el resultado.
Si el parámetro utilizado es la promesa original de erradicación, la persistencia de focos como el de Villa Amalia expone el fracaso, hasta el momento, de uno de los objetivos emblemáticos con los que Chahla inició su mandato. No porque la administración municipal no retire residuos, sino porque después de casi tres años todavía no consiguió evitar que determinados lugares vuelvan permanentemente a convertirse en basurales.
La escena resulta todavía más significativa por dónde ocurre: a 13 cuadras de la Casa Histórica y sobre una calle denominada Congreso de Tucumán. Los vecinos ironizan incluso con la posibilidad de llevar turistas para que conozcan esa otra cara de la ciudad.
Chahla había llegado al municipio prometiendo que se terminaba la improvisación y que comenzaba una nueva forma de gestionar la Capital. En materia de basurales, el plazo de 180 días quedó largamente atrás. El horizonte oficial ahora llega hasta 2030. Pero para quienes siguen abriendo la puerta de sus casas frente a montañas de residuos, los cronogramas administrativos importan bastante menos que una evidencia cotidiana: el basural sigue ahí.
