La intendenta Rossana Chahla empezó a ordenar su futuro político lejos del esquema que la impulsó en sus primeros pasos dentro del peronismo tucumano. Su alineamiento con el gobernador Osvaldo Jaldo marca un quiebre fuerte en la interna oficialista y golpea de lleno al sector que integran Carlos Cisneros, Juan Manzur y Pablo Yedlin.
La decisión tiene peso propio: Chahla gobierna San Miguel de Tucumán, el distrito electoral más importante de la provincia, y su posicionamiento puede inclinar la balanza en la disputa por el liderazgo del PJ rumbo a 2027.
Una señal directa hacia la Casa de Gobierno
La intendenta capitalina decidió moverse cerca de Jaldo en momentos en que el gobernador ya empezó a ordenar su proyecto reeleccionista. Ese gesto no es menor. En política, los alineamientos rara vez son casuales, y menos cuando se trata de una figura con volumen territorial en la Capital.
Chahla aparece hoy más cerca del armado jaldista que del espacio que la acompañó en otros momentos de su carrera. Ese desplazamiento reconfigura el mapa interno y le permite al gobernador mostrar músculo en un territorio históricamente difícil para el peronismo.
El golpe para Cisneros, Manzur y Yedlin
El movimiento deja mal parados a dirigentes que fueron claves en la construcción política de Chahla. Manzur la promovió en la gestión provincial; Yedlin la acompañó en su proyección electoral en la Capital; y Cisneros formó parte del mismo entramado político que buscó consolidar presencia peronista en San Miguel de Tucumán.
Por eso, dentro del tablero del PJ, el gesto se lee como una ruptura. No se trata solo de una diferencia táctica: Chahla parece haber elegido dónde pararse en la pelea por el futuro del oficialismo tucumano. Y esa elección favorece a Jaldo.
La Capital, el premio mayor
La disputa de fondo es por el control político de San Miguel de Tucumán. Chahla sabe que su peso electoral la convierte en una pieza codiciada para cualquier armado provincial. Jaldo también lo sabe, y por eso busca mostrarla dentro de su esquema de poder.
Con esta definición, la intendenta deja un mensaje claro: su continuidad política estará atada al proyecto del gobernador. Para el manzurismo, en cambio, representa una pérdida sensible en el distrito más estratégico de la provincia.
La interna peronista empieza a mostrar sus primeras fracturas visibles. Y Chahla, lejos de quedar en el medio, decidió jugar con el poder que hoy conduce la Provincia.
