La caída del poder adquisitivo se consolidó como la principal preocupación de los tucumanos. Aunque la inflación mostró una desaceleración en los últimos meses, ese alivio estadístico no termina de reflejarse en la economía cotidiana. En la provincia, la sensación dominante es clara: con un solo ingreso ya no alcanza para llegar a fin de mes.
El problema no se explica únicamente por la situación nacional. En Tucumán, al deterioro salarial se le suman el aumento de los servicios, el transporte, los alquileres y una presión tributaria provincial y municipal que termina encareciendo el consumo, la actividad económica y el presupuesto familiar.
Más trabajo para cubrir los mismos gastos
Las estadísticas públicas muestran una postal preocupante. En el aglomerado Gran Tucumán-Tafí Viejo, el 27,7% de los ocupados busca otro empleo para mejorar sus ingresos familiares. Son unas 122.000 personas, una cifra que permite dimensionar la magnitud del problema: casi equivale a la cantidad de trabajadores que tiene el Estado provincial.
Ese dato confirma una tendencia que ya se percibe en la calle. Muchos tucumanos no buscan un segundo trabajo para progresar, sino para sostener gastos básicos. La comida, los servicios, el transporte, la salud, la educación y los impuestos absorben una porción creciente de los ingresos.
La situación también se refleja en la encuesta de Sociología y Mercado, realizada entre el 12 y el 16 de este mes. Según el informe “Percepciones de los tucumanos frente al contexto socioeconómico actual”, cuatro de cada 10 consultados afirmaron que el salario les alcanza cada vez menos para cubrir el presupuesto familiar.
Servicios, tarifas e impuestos: el peso de vivir en Tucumán
El deterioro salarial aparece como la principal preocupación, con el 40,8% de las respuestas. Luego se ubica el costo de los servicios públicos, como agua, luz, gas e internet, con el 23,7%. Son gastos difíciles de recortar, porque forman parte del funcionamiento básico de cualquier hogar.
Pero en Tucumán el costo de vida tiene además un componente local que no puede ignorarse. La presión tributaria provincial y municipal incide de manera directa e indirecta sobre los precios. Impuestos, tasas, contribuciones y cargos que pesan sobre comercios, servicios y actividades productivas terminan trasladándose, en muchos casos, al consumidor.
A ese cuadro se agregan los aumentos del transporte público, que impactan especialmente sobre trabajadores, estudiantes y familias que dependen del colectivo para movilizarse. También inciden las cuotas de colegios privados, los alquileres y la medicina prepaga. En conjunto, esos gastos achican el margen de maniobra de los hogares, aun cuando la inflación mensual sea menor que en otros períodos.
La paradoja es que el salario puede mejorar en términos nominales, pero perder capacidad real frente a una estructura de costos que se actualiza por múltiples vías. El bolsillo tucumano no sólo enfrenta precios nacionales: también carga con el peso de vivir en una provincia donde la recaudación y las tarifas locales forman parte del problema cotidiano.
El empleo también enciende señales de alerta
La preocupación por la desocupación volvió a crecer. Según el sondeo de Sociología y Mercado, el desempleo inquieta al 9,6% de la población consultada, cuando el año pasado ese indicador era del 5,3%. El dato acompaña lo informado por el Indec, que ubicó la tasa de desempleo en el principal aglomerado urbano en el 7,1%, lo que representa unas 31.000 personas.
El impacto no es parejo. La mayor incidencia se observa entre las mujeres de hasta 29 años, con una tasa del 14,1%, muy por encima del promedio general. Entre los jóvenes, el desempleo llega al 11,5%, según los datos actualizados por la Dirección de Estadística de la Provincia.
En los hogares, la administración de los recursos se volvió una tarea cada vez más exigente. El informe de Sociología y Mercado señala que quienes más perciben que el ingreso ya no alcanza son adultos de entre 30 y 44 años, una etapa marcada por fuertes responsabilidades familiares y económicas. También se observa una mayor presencia de mujeres en ese grupo, asociada a su rol en la organización diaria del consumo.
La directora de la consultora, Roxana Laks, definió a muchas mujeres como verdaderas “economistas del hogar”. Son quienes siguen de cerca el precio de la carne, las verduras, los productos de almacén y los gastos cotidianos. En ese monitoreo permanente se resume buena parte del malestar social: los números macroeconómicos pueden mostrar cierta mejora, pero en la caja diaria de las familias tucumanas todavía no aparece el alivio.
