El Gobierno de Tucumán admite que la actividad económica no logra recuperarse, que el consumo continúa debilitado y que la caída de la recaudación comienza a condicionar las cuentas públicas. Frente a ese escenario, la Provincia anunció beneficios para nuevas inversiones, aunque el problema de fondo sigue intacto: una elevada presión tributaria sobre quienes producen, comercian y generan empleo.
El ministro de Economía y Producción, Daniel Abad, reconoció que las finanzas provinciales atraviesan un “equilibrio precario” y advirtió que, si la actividad continúa cayendo, el panorama económico podría complicarse durante los próximos meses.
El diagnóstico expone una encerrona para la administración provincial. Tucumán necesita que el sector privado crezca para recuperar recaudación y empleo, pero al mismo tiempo sostiene una estructura fiscal que tiene a los impuestos sobre la actividad económica como una de sus principales fuentes de financiamiento.
Ingresos Brutos es el mejor ejemplo. El tributo representa aproximadamente el 80% de la recaudación mensual de la Dirección General de Rentas, un nivel de dependencia que reduce considerablemente el margen político para avanzar con una disminución general de la carga fiscal.
Incentivos para invertir, pero solamente bajo determinadas condiciones
El Gobierno provincial puso en vigencia un régimen destinado a promocionar nuevas inversiones y generar empleo. El programa contempla estabilidad fiscal por diez años, reducciones en Ingresos Brutos y deducciones vinculadas con la incorporación de trabajadores.
Sin embargo, el esquema establece condiciones que dejan afuera a buena parte del entramado empresario de menor escala.
Para ingresar al régimen se requiere una inversión mínima de un millón de dólares. A partir de ese monto se obtiene una exención del 25% sobre Ingresos Brutos correspondientes a la nueva inversión.
El beneficio aumenta progresivamente: alcanza el 30% para desembolsos desde los tres millones de dólares, el 50% desde los cinco millones, el 75% a partir de los 10 millones y recién llega a una exención total cuando la inversión supera los 20 millones de dólares.
El programa representa un intento por mejorar las condiciones para determinados proyectos, pero no supone una reforma integral del sistema tributario provincial.
La empresa que ya funciona en Tucumán, paga salarios, sostiene puestos de trabajo y no tiene capacidad para realizar una inversión millonaria continúa enfrentándose prácticamente a la misma estructura impositiva.
Allí aparece una de las principales contradicciones del esquema: se ofrecen beneficios para convencer a nuevos capitales de instalarse, pero no necesariamente se reduce de manera generalizada el costo que soportan aquellos que ya están produciendo en la provincia.
Ingresos Brutos, el impuesto del que Tucumán no logra despegarse
La dependencia de Ingresos Brutos refleja el principal dilema fiscal de Tucumán.
Se trata de uno de los tributos más cuestionados por el sector privado porque grava la facturación y no la ganancia. Es decir, una empresa puede tener márgenes de rentabilidad reducidos e incluso atravesar dificultades financieras y, aun así, debe afrontar el impuesto sobre sus ventas.
La situación adquiere mayor importancia en una provincia donde conviven tributos nacionales, provinciales y municipales que terminan conformando una compleja estructura de costos para empresas y consumidores.
Un relevamiento del Instituto Argentino de Análisis Fiscal contabilizó 69 impuestos, tasas y contribuciones de los distintos niveles del Estado que pueden tener presencia en Tucumán. Aunque no todos alcanzan simultáneamente a un mismo contribuyente, el número muestra la dimensión del entramado tributario en el que debe desenvolverse la actividad económica.
En ese contexto, atraer inversiones implica algo más que ofrecer exenciones a determinados proyectos.
También requiere reducir costos, simplificar trámites, generar infraestructura, garantizar previsibilidad jurídica y evitar que una empresa descubra, después de instalarse, que producir en Tucumán resulta considerablemente más caro que hacerlo en otra jurisdicción.
La competencia ya no es únicamente entre empresas. Las provincias también compiten entre sí para captar capitales, industrias, desarrollos tecnológicos y proyectos logísticos. Las que presentan menores costos y reglas más simples parten con ventaja.
Menos actividad significa menos recaudación y expone el límite del modelo
La preocupación expresada por Economía termina mostrando el problema más profundo.
Si cae el consumo, disminuye la facturación de los comercios y las empresas. Si disminuye la facturación, se reduce también la recaudación de Ingresos Brutos. Y cuando el Estado depende fuertemente de ese impuesto para financiarse, una economía estancada impacta directamente sobre las cuentas públicas.
Abad admitió que el consumo no muestra señales claras de recuperación y que la Provincia debe ir adecuando sus gastos a una recaudación que pierde fuerza.
Por ahora, el Gobierno asegura que cuenta con los fondos necesarios para garantizar el pago de salarios y continuar determinadas obras hasta fin de año. Sin embargo, el propio ministro dejó planteada la advertencia: si la actividad continúa retrocediendo, la situación se volverá más difícil.
El desafío para Tucumán pasa entonces por romper ese círculo.
Subir impuestos o sostener una carga elevada para compensar una economía debilitada puede brindar recursos en el corto plazo, pero también puede perjudicar las condiciones necesarias para que aparezcan nuevas inversiones. Sin inversión, resulta más difícil generar empleo, aumentar el consumo y ampliar la base de contribuyentes.
Los nuevos incentivos constituyen una señal hacia el sector privado, pero todavía parecen insuficientes para modificar esa ecuación estructural.
Tucumán necesita inversiones, pero para conseguirlas tendrá que competir con otras provincias. Y en esa pelea no alcanza con ofrecer beneficios excepcionales a quienes desembolsen millones de dólares: también será necesario revisar cuánto le cuesta producir, contratar trabajadores e invertir al empresario que todos los días abre sus puertas en la provincia.
