DestacadasPolítica

De los 180 días a los 1.000: el problema no es la varita mágica, sino la promesa

Rossana Chahla respondió a las críticas por los anegamientos y el estado de las calles planteando una pregunta: “¿Ustedes creen que se puede transformar una ciudad en 1.000 días?”. El argumento puede sonar razonable si se lo analiza aislado: ninguna ciudad con problemas estructurales acumulados durante décadas puede cambiarse completamente en menos de tres años. El problema para la intendenta es que esa no fue la vara que ella misma utilizó cuando buscaba llegar a la Municipalidad. Durante la campaña de 2023 puso sobre la mesa un plazo mucho más contundente: 180 días.

En distintas entrevistas habló de erradicar basurales, mejorar o arreglar las calles, ordenar el tránsito y recuperar la Asistencia Pública. El mensaje era sencillo y potente: había problemas urgentes que podían comenzar a resolverse rápidamente. Por eso, casi tres años después, la discusión no debería reducirse a si existe o no una “varita mágica”. La pregunta es qué ocurrió con aquellas expectativas que la propia campaña ayudó a construir.

Una promesa con fecha de vencimiento

El plan de 180 días no fue una interpretación de la oposición. Chahla habló públicamente de él durante la campaña y, ya en el gobierno, volvió sobre aquellos compromisos. El 29 de abril de 2024, al cumplirse los primeros seis meses de gestión, la intendenta aseguró que se habían alcanzado las metas propuestas. Como prueba, el municipio informó que había tapado 8.175 baches, utilizado 1.210 toneladas de asfalto y repavimentado 43 cuadras, además de avanzar con la Asistencia Pública, los carriles exclusivos y la eliminación de grandes basurales.

El punto discutible aparece en cómo se fue modificando el significado de aquella promesa: durante la campaña se hablaba en términos fácilmente comprensibles para cualquier vecino —arreglar las calles, eliminar basurales, ordenar el tránsito—, mientras que al momento de rendir cuentas se consideró cumplido el objetivo del bacheo por haber puesto en marcha un “plan operativo de respuesta rápida”. No es exactamente lo mismo solucionar un problema que demostrar que se comenzó a trabajar sobre él.

Cuando lo “cumplido” vuelve a convertirse en deuda

La propia evolución del discurso municipal permite plantear dudas. Apenas seis meses después de anunciar que las metas iniciales estaban cumplidas, en octubre de 2024 Chahla reconoció que todavía existían “deudas pendientes” respecto de los basurales y explicó que algunos sitios habían sido limpiados varias veces pero volvían a convertirse en focos de residuos. Algo parecido ocurre con las calles: durante 2025 y 2026 el municipio siguió anunciando planes, licitaciones y nuevos frentes de pavimentación y recuperación vial. Eso no significa que no se hayan realizado obras; las hubo y están documentadas. Significa algo diferente: que una política pública puede mostrar avances sin que eso permita presentar como definitivamente solucionado un problema que continúa afectando a los vecinos.

La discusión sobre aquellos 180 días está justamente allí. Si una administración fija voluntariamente un plazo, luego anuncia que cumplió y más adelante admite que siguen pendientes varios de aquellos problemas, es legítimo revisar qué entendía por “cumplimiento”.

De los 180 días a los 1.070

Ahora Chahla sostiene que no es posible transformar una ciudad en aproximadamente 1.070 días y recuerda que las grandes obras hidráulicas requieren tiempo y financiamiento. En materia de inundaciones, ese argumento tiene un componente objetivo: existen problemas estructurales que exceden el mantenimiento cotidiano de canales e imbornales y necesitan inversiones de gran escala. Pero el argumento también deja expuesta una cuestión política incómoda. En 2023, cuando necesitaba convencer al electorado de que podía cambiar la Capital, los plazos eran cortos y concretos.

En 2026, cuando debe explicar por qué continúan problemas que ya existían entonces, la explicación pone el acento en la magnitud de la herencia, el costo de las obras y el tiempo necesario para transformar la ciudad. Entre ambos discursos queda una pregunta que no necesita de acusaciones exageradas: ¿qué valor deben tener los nuevos plazos y compromisos de una gestión cuando varias de sus primeras promesas fueron declaradas cumplidas pero los problemas que las originaron continúan formando parte de la agenda?

La discusión no pasa por exigirle a Chahla que haga magia. Pasa por algo mucho más básico en política: comparar lo que se prometió, lo que se anunció como cumplido y lo que el ciudadano todavía encuentra cuando sale a la calle.

Related posts

Oscar Gijena, ante su momento más complicado por la denuncia contra la Obra Social de Prensa

a0051376

La Normal recibió los primeros pupitres ¿por qué hay que protestar para que el Estado actúe?

a0051376

Amenaza en una escuela de Alberdi: crece la preocupación por la seguidilla de episodios en Tucumán

a0051376

Dejar un comentario