Hay un viejo refrán que sostiene que “a río revuelto, ganancia de pescadores”. En la política tucumana de estos días podría ensayarse una modificación: a río revuelto, ganancia de Jaldo.
No porque el gobernador tenga asegurado el escenario de 2027. Mucho menos porque las elecciones del próximo 9 de mayo estén definidas de antemano. Sino porque, mientras el oficialismo peronista ya conoce el terreno sobre el que deberá competir, buena parte de la oposición todavía discute quién conduce, con quién se alía y hasta bajo qué sello llegará a las urnas.
La Unión Cívica Radical acaba de salir de una larga intervención y vuelve a hablar de construir un gran frente. El PRO también normalizó su conducción, pero al mismo tiempo comienza a mostrar candidatos propios. La Libertad Avanza pretende consolidar una estructura provincial. Mariano Campero avanza con Cambia Tucumán y presenta dirigentes para distintos municipios. Sebastián Salazar construye “Hacer” desde Bella Vista.
Todos hablan de enfrentar al peronismo. El problema es que, por ahora, lo hacen desde lugares diferentes.
Y ese es quizás el dato más relevante de esta etapa inicial de la carrera electoral.
Mientras sus adversarios buscan ordenar un rompecabezas cada vez más complejo, Osvaldo Jaldo observa un escenario en el que todavía no aparece un polo opositor capaz de reunir bajo una misma conducción a los sectores que en elecciones anteriores compartieron boleta.
La paradoja es evidente: cuanto más se mueve la oposición, más fragmentada luce la fotografía.
La UCR quiere unir, pero ya no tiene bajo su techo a todos los radicales
La Unión Cívica Radical intenta recuperar protagonismo después de atravesar una extensa intervención partidaria. José Francisco “Lucho” Argañaraz llegará a la presidencia mediante una lista de consenso que permitió evitar una interna y reunir a los principales sectores del partido.
Su primera definición política apunta directamente al problema que enfrenta la oposición: la necesidad de construir un frente. Argañaraz recordó los antecedentes de José Cano en 2015, Silvia Elías de Pérez en 2019 y Roberto Sánchez en 2023. En los tres casos, el radicalismo encabezó coaliciones que intentaron desplazar al peronismo provincial.
Para el nuevo presidente partidario, ese camino debería repetirse.
Pero el desafío de 2027 presenta una diferencia importante: varios dirigentes que alguna vez formaron parte del universo radical ya comenzaron a construir estructuras propias.
Mariano Campero, que llegó a la política provincial desde la UCR, hoy integra el bloque de La Libertad Avanza en Diputados y desarrolla Cambia Tucumán. Sebastián Salazar, otro dirigente surgido del radicalismo, lanzó “Hacer” junto con la intendenta de Bella Vista, Paula Quiles.
El propio Argañaraz dejó abiertas las puertas para ambos.
Ese gesto muestra una voluntad aperturista, pero también expone el problema: antes de discutir cómo ampliar una coalición, el radicalismo deberá intentar reconstruir vínculos con dirigentes que alguna vez estuvieron dentro de su propio espacio y hoy desarrollan proyectos autónomos.
La UCR quiere volver a convertirse en el eje de un gran frente. Pero ya no es la única fuerza que pretende ocupar ese lugar.
El PRO quiere candidatos propios y Campero arma otra estructura
El PRO tucumano también acaba de atravesar su proceso de normalización.
Con Benjamín Terraf al frente del partido provincial, el espacio vinculado a Mauricio Macri comienza a diseñar una estrategia que, por ahora, tiene un fuerte componente de identidad propia.
La conducción nacional pretende presentar candidatos en las principales ciudades del país y, en Tucumán, el plan involucra a Capital, Yerba Buena, Tafí Viejo, Banda del Río Salí y Concepción.
Alberto Colombres Garmendia fue incluso un paso más allá: anunció su intención de competir por la Gobernación.
El mensaje tiene una lectura política sencilla. Mientras la UCR habla de construir un frente común, el PRO considera necesario fortalecer previamente sus propios candidatos.
Y mientras ambos partidos se reordenan, La Libertad Avanza también busca ocupar el espacio opositor.
Allí aparece otra dificultad.
El PRO nacional ha tenido distintas instancias de acercamiento con LLA, pero en Tucumán todavía no existe un acuerdo electoral entre ambas estructuras. Colombres Garmendia aseguró que mantiene una relación personal de muchos años con Lisandro Catalán, referente libertario en la provincia, aunque aclaró que no hablaron de alianzas.
A todo esto se agrega Campero.
El diputado decidió no esperar la definición de las estructuras tradicionales y comenzó a exhibir su propio armado territorial.
Presentó a José “Pepe” Seleme para la Capital y mencionó referentes para Alberdi, Las Talitas, Simoca, Famaillá, La Cocha, Tafí del Valle, Amaicha y otras localidades.
Sumó además nombres de peso territorial, entre ellos el intendente de Yerba Buena, Pablo Macchiarola, el legislador Manuel Courel y varios concejales.
No se trata ya únicamente de una discusión entre partidos. Es una disputa por quién tendrá capacidad para ordenar a la oposición.
Jaldo tiene enfrente muchas oposiciones, pero todavía no una oposición
Para el peronismo tucumano, el escenario tiene una particularidad favorable en términos de organización política: no necesita resolver quién conduce su principal estructura partidaria mientras sus adversarios todavía discuten ese punto.
Jaldo fue además quien fijó el calendario provincial al convocar las elecciones para el 9 de mayo de 2027.
El desdoblamiento separa la discusión tucumana de la elección nacional y obliga a los espacios opositores a resolver rápidamente sus acuerdos provinciales.
Precisamente allí aparece el problema.
En 2023, radicales, PRO y otros sectores compartieron el frente Juntos por el Cambio detrás de Roberto Sánchez.
La fotografía actual es distinta.
El radicalismo intenta reconstruirse después de su intervención; el PRO acaba de recuperar autoridades; LLA desarrolla una estrategia propia; Campero construye Cambia Tucumán y distintos dirigentes territoriales lanzan espacios particulares.
Eso no significa que lleguen separados a mayo.
Quedan meses de negociaciones.
Hasta entonces, la modificación del viejo refrán encuentra terreno fértil en Tucumán: a río revuelto, Jaldo mira desde la orilla.
