Los números son suficientemente contundentes sin necesidad de calificativos. Un análisis realizado sobre muestras tomadas en cuatro puntos del río Salí detectó concentraciones de coliformes fecales que, en el sector del puente Barros, llegaron a ubicarse 2.400 veces por encima del parámetro máximo de referencia establecido por la normativa para la calidad del agua.
El estudio expone con cifras un problema ambiental que Tucumán arrastra desde hace décadas y muestra, además, que el deterioro microbiológico se profundiza a medida que el río atraviesa el conglomerado urbano del Gran Tucumán.
Las muestras fueron recolectadas el 13 de mayo en La Aguadita, el puente Barros, el puente Lucas Córdoba y la zona de las canteras, al sur del área metropolitana. El procedimiento fue certificado por una escribana pública y el material posteriormente fue remitido a la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (Eeaoc) para su análisis.
El trabajo fue coordinado por el ingeniero Mario Amado, integrante del equipo técnico del legislador José Seleme. Según se informó, los frascos llegaron al laboratorio identificados únicamente mediante números, sin precisar el lugar de procedencia de cada muestra.
Un dato agrega relevancia al resultado: la toma se realizó después de un período de lluvias y antes del inicio de la zafra, condiciones que favorecen una mayor circulación de agua. Los responsables del trabajo sostienen que, durante períodos secos, las concentraciones podrían resultar superiores, aunque para demostrarlo serán necesarias mediciones realizadas en diferentes momentos del año.
El punto crítico: 2.400 veces por encima del parámetro
El laboratorio evaluó tres grandes grupos de indicadores: metales y compuestos químicos, coliformes totales y coliformes fecales.
En el análisis de metales pesados y otras sustancias químicas no se registraron valores considerados significativos en ninguno de los cuatro puntos estudiados.
La situación cambió de manera drástica cuando se observaron los indicadores microbiológicos.
Si se toma La Aguadita como valor de referencia, la concentración de coliformes totales registrada en el puente Barros fue 5,6 veces superior. En el puente Lucas Córdoba llegó a ser 25,6 veces mayor, mientras que en el área de las canteras volvió a ubicarse en un valor 5,6 veces superior al registrado en el primer punto.
Todavía más preocupantes fueron los resultados correspondientes a coliformes fecales, microorganismos cuya presencia está asociada a materia fecal de origen humano o animal.
Tomando nuevamente como referencia el valor detectado en La Aguadita, en el puente Barros la concentración fue 32 veces mayor; en el Lucas Córdoba, 10 veces; y en el sector de las canteras, 5,7 veces superior.
Pero la dimensión real aparece cuando esos registros son comparados con los parámetros máximos utilizados como referencia por las normas de calidad del agua.
Según el estudio, en La Aguadita la concentración de contaminación fecal alcanzó un nivel 75 veces superior al máximo permitido.
En el puente Barros llegó a ser 2.400 veces superior.
En el puente Lucas Córdoba, 750 veces mayor.
Y aun después de abandonar el sector más densamente urbanizado, en la zona de las canteras continuaba en valores aproximadamente 430 veces superiores al parámetro de referencia.
Las cifras muestran dos fenómenos simultáneos: una fuerte incorporación de contaminación microbiológica dentro del Área Metropolitana y una posterior disminución a medida que el curso de agua continúa hacia el sur.
Cloacas, canales y asentamientos: las posibles fuentes
Los resultados vuelven a colocar en el centro del problema una cuestión estructural que Tucumán arrastra desde hace décadas: la insuficiencia de infraestructura sanitaria alrededor de la cuenca.
Entre las posibles fuentes de contaminación señaladas aparecen la descarga de efluentes cloacales, sectores con baja conexión a la red de saneamiento y canales urbanos que terminan transportando residuos y aguas servidas hacia el Salí.
Uno de los puntos bajo análisis es el sistema que recibe líquidos cloacales provenientes de Las Talitas, Tafí Viejo y Villa Carmela.
A eso se suma el Canal Norte, que atraviesa sectores densamente poblados y recibe descargas provenientes de viviendas ubicadas en sus márgenes. Una situación semejante se presenta en los canales Sur, San Cayetano y ex Aeropuerto.
El problema adquiere además una dimensión territorial.
En distintos puntos de esos canales y del propio río existen asentamientos donde numerosas familias no cuentan con infraestructura cloacal adecuada. En otras zonas de la provincia, comunas enteras dependen de pozos ciegos o de sistemas precarios para eliminar aguas servidas.
