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Chahla siente el desgaste: cae su imagen y crece el malhumor en una Capital cada vez más castigada

Rossana Chahla todavía conserva un diferencial favorable en relación con otros dirigentes tucumanos, pero la foto de abril ya no es la de una jefa municipal en ascenso. El último relevamiento nacional la ubicó en el sexto lugar entre los intendentes del país, con una imagen positiva del 58,4%, pero también confirmó una baja respecto de meses anteriores. Y en política, cuando la curva deja de subir, lo que empieza a pesar no es sólo el número, sino el clima social que lo rodea.

Ese clima en San Miguel de Tucumán se volvió más áspero. La intendenta ya no enfrenta únicamente la lógica erosión del poder, sino una acumulación de broncas que vienen de la calle: anegamientos repetidos, basura, baches, derrames y una sensación de abandono que volvió a instalarse en amplios sectores de la ciudad. La Capital, que había acompañado con expectativa el recambio de gestión, empieza a exhibir otra cara: la de una administración que no logra sostener el relato de orden cuando la realidad urbana se desborda.

Las frases que encendieron el rechazo

En medio del dolor por las muertes que dejó el temporal, Chahla eligió un tono que cayó mal en una parte de la opinión pública. Cuando habló de “fatalidad” y remarcó que “no hay que salir de una casa o de una fiesta en medio de una tormenta”, sus palabras fueron leídas por muchos vecinos como una manera de trasladar la carga de lo ocurrido hacia la conducta individual, justo cuando la sociedad esperaba señales más firmes de autocrítica, empatía y responsabilidad estatal.

No fue un detalle menor. En contextos de conmoción, la sensibilidad pública no suele perdonar los desfasajes entre lo que ocurre en la calle y lo que expresan los funcionarios. Y en esta oportunidad, la frase dejó abierta una herida política: la idea de que el municipio habló más de prevención personal que de fallas estructurales. A partir de ahí, la discusión dejó de girar sólo alrededor del temporal y empezó a enfocarse en la capacidad de gestión de la intendenta.

Una ciudad que reclama mucho más que explicaciones

El problema para Chahla es que el malestar no nace sólo de una declaración desafortunada. Se apoya en una experiencia cotidiana que miles de capitalinos vienen arrastrando hace meses. Calles rotas, sectores anegables, residuos acumulados, malezas, cloacas desbordadas y barrios donde cada lluvia fuerte reactiva el temor. La sensación de deterioro dejó de ser un discurso opositor para convertirse en una percepción cada vez más extendida.

Por eso los pedidos para que la intendenta dé explicaciones en el Concejo Deliberante no aparecen como un episodio aislado, sino como la expresión institucional de un enojo que ya circula entre vecinos, comerciantes y automovilistas. La baja en la imagen de Chahla, aunque todavía moderada, empieza a ser leída bajo esa clave: no como un tropiezo estadístico, sino como la primera señal de un desgaste político más profundo en una Capital que se siente sola, descuidada y cada vez más lejos de la transformación prometida.

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