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Chahla lanzó su reelección, se abrazó a Jaldo y agita otra interna: en el manzurismo y el cisnerismo hablan de “traición”

Rossana Chahla dejó de jugar al misterio. La intendenta de San Miguel de Tucumán confirmó que buscará un segundo mandato en 2027 y eligió cuidadosamente el escenario y, sobre todo, las compañías para lanzar su candidatura. Frente al gobernador Osvaldo Jaldo y al vicegobernador Miguel Acevedo, la jefa municipal no sólo anunció que quiere continuar otros cuatro años: ratificó que su futuro político estará atado al proyecto de la Casa de Gobierno.

“Quiero seguir siendo intendenta de San Miguel de Tucumán”, afirmó durante la inauguración del renovado Mercado de la Ciudad. Pero la frase de mayor contenido político llegó después. Chahla aseguró que no pretende transitar sola el camino hacia 2027 y nombró expresamente a Jaldo y Acevedo como sus socios para la próxima etapa.

El gesto terminó de despejar las dudas que persistían dentro del peronismo tucumano. Chahla eligió. Y la elección genera ruido en dos sectores que durante distintos momentos fueron fundamentales para su construcción política: el manzurismo y el espacio que conduce Carlos Cisneros.

En ambos campamentos aparecen dirigentes que utilizan una palabra especialmente sensible dentro del PJ para describir su movimiento: “traición”.

De ministra de Manzur a candidata del esquema de Jaldo

La relación entre Chahla y Juan Manzur tiene una historia que excede ampliamente la actual disputa electoral. Fue durante la gobernación del actual senador cuando la médica llegó al Ministerio de Salud Pública y construyó buena parte del volumen político que después la llevaría al Congreso.

En 2021, en plena guerra entre Manzur y Jaldo, Chahla encabezó la lista legislativa del sector del entonces gobernador. Dos años después volvió a ocupar un lugar central en la estrategia del peronismo: fue elegida para recuperar para el PJ la Municipalidad de San Miguel de Tucumán después de ocho años de administración alfarista.

Su candidatura a intendenta había sido presentada en 2023 por el propio Manzur junto a Jaldo, cuando ambos todavía compartían la conducción del oficialismo. Ese equilibrio ya no existe.

La nueva pelea entre el gobernador y su antecesor obligó a Chahla a tomar posición. Manzur volvió a moverse territorialmente y dejó trascender sus intenciones de regresar a la Gobernación en 2027. Incluso se comunicó con la intendenta para conocer personalmente cuál sería su decisión electoral.

La respuesta política llegó por otro lado.

Chahla terminó encolumnándose con Jaldo. Primero respaldó públicamente la reelección del gobernador junto a Acevedo y ahora completó el movimiento al confirmar que también buscará continuar en la Capital.

Para dirigentes vinculados al manzurismo, el gesto tiene un peso adicional por la historia compartida. Consideran que Manzur fue uno de los principales impulsores de la carrera política de Chahla y observan su alineamiento con el mandatario provincial como una ruptura definitiva con aquel esquema.

La intendenta, sin embargo, construye otra explicación. Presenta su acercamiento a Jaldo como una decisión vinculada con la gestión y remarca que la articulación entre Provincia y Municipalidad permitió sostener obras en un contexto de fuerte retracción del financiamiento nacional.

Cisneros también queda frente a una decisión incómoda

El movimiento de Chahla tampoco pasa inadvertido para Carlos Cisneros.

El diputado nacional había convertido a la intendenta en una de las figuras centrales de su estrategia política. En marzo salió públicamente a defenderla frente a los cuestionamientos que recibía dentro del oficialismo y llegó a sostener que Chahla no tenía “techo” político. Su espacio mantuvo durante años vínculos estrechos con sectores de la estructura municipal.

Incluso durante los momentos de mayor tensión entre la intendenta y la Casa de Gobierno, el cisnerismo aparecía como uno de los sectores interesados en preservar una construcción política propia alrededor de la jefa capitalina.

Pero ese escenario comenzó a cambiar.

Chahla fue enviando señales hacia Jaldo y tomó decisiones que redujeron el peso de sectores asociados con Cisneros dentro de su estructura. El proceso terminó de tomar forma cuando anunció que acompañará la reelección del gobernador.

La situación deja al diputado frente a una contradicción política. Cisneros mantiene una fuerte disputa con Jaldo desde que el mandatario provincial decidió desplazar al sector de La Bancaria de la conducción de la Caja Popular de Ahorros. El propio legislador nacional reconoció públicamente su malestar con el gobernador.

Ahora, una de las dirigentes a las que más respaldó decidió compartir proyecto electoral con su principal adversario provincial.

Por eso, también dentro de sectores vinculados al cisnerismo surgieron reproches y referencias a una supuesta “traición”. La discusión pasa por determinar cuánto acompañamiento conservará Chahla de una estructura que apostó por ella cuando todavía existían dudas sobre su relación con la Casa de Gobierno.

La intendenta parece haber calculado ese costo. Su apuesta pasa ahora por consolidar el apoyo del aparato provincial y obligar al resto de los espacios peronistas de la Capital a decidir si la acompañan o buscan una alternativa.

Jaldo cierra la Capital mientras Manzur intenta reconstruir su tropa

La confirmación de Chahla representa mucho más que el lanzamiento de una candidatura municipal. Para Jaldo significa asegurarse una pieza clave en el distrito electoral más importante de Tucumán en momentos en los que Manzur comenzó a acelerar su regreso a la competencia provincial.

El gobernador ya había anticipado que respaldaría una eventual reelección de la intendenta. Ahora recibió exactamente la señal que esperaba: Chahla no sólo buscará continuar en el municipio, sino que pretende hacerlo formando parte del esquema Jaldo-Acevedo.

La postal del lanzamiento resultó elocuente. En el mismo escenario estuvieron el gobernador, el vicegobernador y la intendenta, tres de las principales figuras institucionales del oficialismo tucumano.

Para Manzur, en cambio, la decisión obliga a recalcular.

El senador comenzó a mostrarse nuevamente en reuniones partidarias, impulsó recorridas territoriales y su nombre apareció en pintadas que promueven su regreso a la Gobernación. Desde el jaldismo respondieron con otras inscripciones que plantearon directamente “Manzur 2031”.

La disputa ya no se limita a las paredes.

El alineamiento de Chahla muestra que comenzó la pelea por los dirigentes que alguna vez compartieron Manzur y Jaldo. Cada intendente, legislador y referente deberá definir de qué lado se ubicará si finalmente ambos dirigentes terminan enfrentándose en 2027.

La intendenta de la Capital ya lo hizo.

Eligió buscar cuatro años más al frente del municipio y decidió hacerlo al lado de Jaldo. Esa definición fortalece al gobernador en San Miguel de Tucumán, pero al mismo tiempo abre heridas con quienes alguna vez promovieron su carrera.

Faltan meses para las elecciones provinciales, pero la campaña ya comenzó. Y en un peronismo acostumbrado a medir la política en términos de lealtades, la palabra “traición” volvió a circular antes de que aparezcan las boletas.

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