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Tucumán: un diputado nacional citado en una causa por presunta trata y una política que sigue como si nada

Hay noticias que, por su gravedad institucional, deberían alterar al menos por unos días la conversación pública de una provincia. No porque anticipen culpabilidades ni porque una investigación judicial equivalga a una condena, sino porque involucran a personas que ejercen cargos de representación política.

En Tucumán ocurre algo difícil de ignorar: Carlos Cisneros es diputado nacional en ejercicio, representa a la provincia en el Congreso y tiene mandato hasta diciembre de 2027. Al mismo tiempo, quedó alcanzado por una investigación de la Justicia Federal vinculada a una hipótesis de presunta trata de personas surgida como derivación de la denominada causa Vélez.

No se trata ya de una versión periodística, de una denuncia recién presentada o de una acusación circulando por redes sociales. El Ministerio Público Fiscal requirió su declaración indagatoria y el Juzgado Federal N° 2 de Tucumán dispuso avanzar con esa instancia procesal. Cisneros finalmente presentó el 28 de septiembre una declaración por escrito en la que rechazó la hipótesis fiscal, negó haber captado, condicionado, sometido, amenazado o explotado laboralmente a Lourdes Parache y solicitó su sobreseimiento.

La abogada Patricia Neme, también alcanzada por la investigación, presentó posteriormente su propio escrito, se abstuvo de responder preguntas y pidió igualmente el sobreseimiento o, subsidiariamente, la falta de mérito. La Justicia deberá determinar ahora qué responsabilidad, si alguna, corresponde a cada uno de los involucrados.

Una causa federal que dejó de ser solamente una denuncia

Conviene detenerse en una diferencia fundamental: Cisneros no está condenado. Tampoco corresponde presentar como probadas las conductas que investiga la Fiscalía.

Pero tampoco sería preciso minimizar la situación como una simple acusación mediática.

La causa tramita en la Justicia Federal bajo la legislación de prevención y sanción de la trata de personas. La hipótesis fiscal analiza si existieron mecanismos de captación, condicionamiento y aprovechamiento de una relación de dependencia sobre Parache después de los acontecimientos que originaron la causa contra los entonces jugadores de Vélez Sarsfield.

Es precisamente para responder frente a esa hipótesis que Cisneros fue llamado a indagatoria.

Y allí aparece la dimensión institucional del asunto.

No estamos hablando solamente de un dirigente partidario ni de un ciudadano particular. Estamos hablando de uno de los representantes que Tucumán tiene actualmente en la Cámara de Diputados de la Nación, integrante del bloque Unión por la Patria. La propia Cámara lo mantiene registrado como diputado en actividad para el período 2023-2027.

Ese dato no modifica sus garantías constitucionales ni su presunción de inocencia. Pero explica por qué el expediente excede inevitablemente la esfera personal.

Mientras la Justicia avanzaba, la política tucumana continuaba negociando

Tal vez el dato que mejor resume la particularidad tucumana ocurrió pocos días antes de las presentaciones judiciales.

El 25 de septiembre, la intendenta de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla, recibió a Cisneros en su despacho. Según la información difundida públicamente, conversaron sobre gestión municipal, proyectos en marcha y desafíos de la ciudad.

Ese mismo día, el gobernador Osvaldo Jaldo respaldó públicamente el encuentro.

La reunión no demuestra encubrimiento, protección judicial ni ninguna conducta ilegal. Sería incorrecto plantearlo de esa manera.

Pero sí permite comprobar algo mucho más sencillo: la situación judicial del diputado no interrumpió su participación en la conversación política provincial.

Mientras una instancia de la Justicia Federal avanzaba con una investigación que incluye una hipótesis de presunta trata de personas, otra escena tucumana transcurría dentro de los códigos habituales de la política: reuniones, fotografías, diálogo, proyectos, armado partidario y especulaciones electorales.

Es allí donde aparece el verdadero contraste.

No entre culpables e inocentes, algo que deberá resolver la Justicia, sino entre la excepcionalidad de la investigación judicial y la normalidad con la que el sistema político parece haber incorporado esa circunstancia.

Presunción de inocencia no significa irrelevancia institucional

Una democracia necesita sostener simultáneamente dos principios que no deberían confundirse.

El primero es jurídico: toda persona es inocente mientras no exista una sentencia que determine lo contrario. Carlos Cisneros tiene derecho a defenderse, cuestionar la hipótesis de la Fiscalía, ofrecer pruebas y solicitar su sobreseimiento. Su declaración escrita muestra precisamente que está ejerciendo esas garantías.

El segundo principio es institucional: una investigación penal que alcanza a un diputado nacional en ejercicio constituye un asunto de interés público aunque todavía no exista condena.

Una cosa no elimina a la otra.

Informar sobre una causa no significa condenar anticipadamente. Preguntar por sus consecuencias políticas tampoco significa exigir una sentencia desde un medio de comunicación.

Por eso quizá la pregunta más relevante para Tucumán no sea hoy si Cisneros es culpable o inocente. Esa respuesta corresponde exclusivamente a los tribunales.

La pregunta es otra: ¿qué reacción institucional genera en la provincia que uno de sus representantes nacionales deba defenderse ante la Justicia Federal frente a una imputación de semejante gravedad?

Hasta ahora existen algunas respuestas concretas.

Cisneros continúa siendo diputado nacional. Presentó su defensa y pidió ser sobreseído. Días antes de hacerlo se reunió con la intendenta de la capital. El gobernador respaldó públicamente ese diálogo. La actividad política siguió su curso.

Nada de eso determina responsabilidad penal.

Pero todo eso también forma parte de la noticia.

Porque hay momentos en los que una provincia puede acostumbrarse tanto a convivir con expedientes, denuncias, investigaciones y nombres poderosos atravesando tribunales que termina incorporándolos como parte del paisaje.

Y entonces el hecho más llamativo ya no es solamente que un diputado nacional tenga que explicar su conducta ante la Justicia Federal.

Es que alrededor suyo casi todo pueda seguir funcionando con apariencia de absoluta normalidad.

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