La intendenta Rossana Chahla eligió una convocatoria multitudinaria para celebrar sus primeros tres años al frente de San Miguel de Tucumán. El escenario fue el Club Central Córdoba, donde unas 2.400 mujeres participaron de una jornada que combinó el cierre de las actividades de Octubre Rosa con un repaso de las políticas municipales. A su lado estuvieron el gobernador Osvaldo Jaldo y el vicegobernador Miguel Acevedo, en una fotografía que difícilmente pueda interpretarse al margen del calendario electoral. Con los comicios provinciales convocados para el 9 de mayo de 2027, el acto tuvo también un evidente componente de posicionamiento político.
«Las transformaciones no quiero que den un paso atrás», expresó Chahla durante su discurso. La frase resume una estrategia comunicacional que busca presentar la continuidad del actual proyecto como garantía de preservación de los avances alcanzados. Sin embargo, también plantea una discusión: ¿quién determina qué constituye una transformación y qué representa un retroceso?
El interrogante no desconoce las intervenciones realizadas durante la actual administración municipal, pero obliga a distinguir entre las obras ejecutadas, los anuncios oficiales y los cambios efectivamente percibidos por los vecinos. Una ciudad puede exhibir plazas recuperadas, nuevos dispositivos de atención sanitaria y herramientas tecnológicas, mientras continúa arrastrando problemas estructurales que afectan diariamente a miles de personas.
Del balance de gestión a la construcción de un mensaje electoral
La presencia de Jaldo y Acevedo no fue un detalle secundario. Ambos acompañaron a la intendenta en una puesta en escena que permitió mostrar cohesión dentro del oficialismo provincial y respaldar públicamente su administración. El gobernador destacó el trabajo de Chahla y habló de un equipo consolidado, mientras que el vicegobernador reivindicó el acompañamiento institucional de la Legislatura.
Desde el punto de vista político, el mensaje resulta comprensible. El peronismo busca llegar fortalecido a las elecciones de 2027 y la capital representa un distrito central en esa estrategia. Para Chahla, mostrar una gestión activa y un respaldo explícito de la conducción provincial constituye un activo importante en cualquier escenario electoral.
Lo que merece una mirada más crítica es la combinación de una campaña de prevención sanitaria con una demostración de fortaleza política. Octubre Rosa tiene un propósito concreto: concientizar sobre el cáncer de mama y promover los controles preventivos. Que una actividad de esas características también se convierta en una celebración de gestión, con discursos de las principales autoridades políticas, abre una discusión legítima sobre los límites entre la comunicación institucional y el posicionamiento partidario.
Esto no significa que las mujeres convocadas hayan participado por motivaciones electorales ni que exista alguna irregularidad demostrada en la organización del encuentro. Pero sí resulta pertinente preguntarse cómo se financió la actividad, qué criterios se utilizaron para las invitaciones y qué proporción del programa estuvo dedicada a la prevención sanitaria frente a la promoción de la gestión.
La transparencia sobre estos aspectos permitiría despejar dudas sin desmerecer la importancia de las políticas de salud destinadas a las mujeres.
Las obras que se muestran y los problemas que todavía esperan
Chahla dispone de acciones concretas para exhibir. La recuperación de la Asistencia Pública, las intervenciones en espacios verdes, las obras de desagües, la ampliación de servicios municipales de salud y la incorporación de herramientas digitales forman parte de una agenda de gestión que no puede desconocerse.
Sin embargo, el principal desafío de cualquier balance consiste en evaluar si esas intervenciones alcanzaron para modificar los problemas cotidianos de la ciudad.
El transporte público constituye uno de los ejemplos más claros. Después de casi tres años de administración, el Municipio reconoció la necesidad de una reforma estructural del sistema, con cambios en los recorridos, las frecuencias y la distribución de las unidades. El propio diagnóstico municipal identificó superposiciones, cobertura insuficiente, demoras y dificultades para controlar adecuadamente el servicio.
Se trata de una admisión relevante: mientras el discurso oficial celebra transformaciones, uno de los servicios esenciales continúa necesitando modificaciones profundas. La propuesta presentada por la Municipalidad puede representar un avance en la planificación, pero su verdadero éxito dependerá de los resultados y no solamente de la calidad técnica de sus anuncios.
Algo similar ocurre con los problemas de infraestructura y anegamientos. La administración municipal ha ejecutado obras hidráulicas y desarrollado planes de prevención, pero la propia intendenta reconoció recientemente que todavía existen importantes déficits, producto del crecimiento urbano y de inversiones insuficientes acumuladas durante años.
Es razonable que una gestión de tres años no pueda resolver problemas estructurales de décadas. Lo que no resulta igualmente razonable es que la comunicación política de los logros desplace la discusión sobre aquello que permanece sin solución.
En definitiva, las transformaciones deberían medirse también por la frecuencia real de los colectivos, la disminución de los anegamientos, la calidad de los servicios en los barrios y la capacidad municipal para sostener las mejoras sin depender de anuncios permanentes.
El desafío de 2027: defender una gestión sin convertir la continuidad en una obligación
El mensaje de Chahla contiene una premisa política que merece ser discutida: la idea de que garantizar las transformaciones exige evitar un cambio de rumbo. Es un argumento habitual entre quienes ejercen el poder, pero supone asociar la permanencia de un proyecto político con la preservación de las políticas públicas.
En una democracia, las mejoras institucionales y urbanas deberían poder sostenerse más allá de los dirigentes que las impulsaron. Una obra pública bien ejecutada, un servicio sanitario eficiente o una política de prevención efectiva no tendrían por qué desaparecer ante una eventual alternancia electoral.
De hecho, uno de los indicadores de una transformación profunda es precisamente su capacidad de convertirse en una política de Estado, independientemente de quién gobierne.
Tampoco debería perderse de vista que el respaldo del gobernador aporta fortaleza política, pero no reemplaza la evaluación ciudadana. Jaldo puede acompañar a Chahla, la Legislatura puede respaldar sus iniciativas y el oficialismo puede exhibir unidad, pero nada de eso constituye por sí mismo una medición objetiva de la satisfacción de los vecinos.
El escenario electoral obligará a la intendenta a defender su administración frente a cuestionamientos concretos y, eventualmente, a propuestas alternativas. En esa discusión, tanto las obras realizadas como las promesas incumplidas y las dificultades heredadas deberán formar parte del análisis.
La celebración del tercer aniversario dejó una imagen poderosa para el oficialismo: miles de mujeres reunidas, las principales autoridades provinciales compartiendo escenario y una intendenta que reclama continuidad para su proyecto. Pero la fortaleza de esa fotografía no resuelve, por sí sola, el balance de los resultados.
El verdadero desafío de Chahla no consiste solamente en convencer a los tucumanos de que las transformaciones no deben retroceder, sino en demostrar cuáles son esas transformaciones, cómo mejoraron efectivamente la vida cotidiana y por qué deberían trascender a su propia gestión.
Porque, de cara a 2027, la discusión no debería limitarse a elegir entre continuidad o retroceso. También existe una tercera posibilidad: reconocer lo que se hizo bien, corregir lo que todavía funciona mal y exigir que cada nueva administración sea mejor que la anterior.
