En la placa de los 50 créditos hipotecarios más grandes difundida en las últimas horas, Marcelo Edmundo Albaca Petersen aparece con el tercer monto más alto: $475 millones. El dato impacta por el volumen, pero sobre todo por la comparación política: figura por encima de Osvaldo Jaldo, que aparece con $330 millones, y de Mariano Campero, con $320 millones. Es decir, supera en esa nómina al gobernador de Tucumán y a un diputado nacional.
Pero el punto más delicado no es sólo la cifra. Es quién la encarna. Porque Albaca Petersen no es un nombre marginal ni un dirigente suelto: es un hombre del área financiera del municipio capitalino. Y ahí el tema deja de ser apenas bancario para convertirse en un problema político de primer orden para la gestión de Rossana Chahla.
La doble vara que incomoda al oficialismo municipal
Durante varios días, desde el peronismo y sus alrededores se aprovechó el escándalo de los créditos del Banco Nación para cargar contra libertarios, aliados y dirigentes nacionales. Hubo denuncias, reproches y una fuerte sobreactuación moral cada vez que el beneficiado era alguien del otro lado de la grieta.
Sin embargo, cuando el nombre que aparece en el centro de la escena pertenece a la propia estructura municipal, el volumen baja de golpe. Y ahí aparece la verdadera noticia: no sólo el crédito que se le atribuye a Albaca Petersen en el ranking, sino el silencio de Chahla frente a un caso que le explota dentro de su propio equipo. Lo que antes era escándalo, ahora parece incomodidad. Lo que antes merecía condena política, hoy apenas cosecha mutismo.
Transparencia para el discurso, explicaciones para nadie
La intendenta construyó parte de su identidad de gestión sobre palabras como transparencia, innovación, datos abiertos y gobierno abierto. Todo eso suena bien hasta que aparece un caso sensible en una oficina clave del municipio y nadie sale a dar una explicación pública. Ahí es donde el relato empieza a crujir.
Si no hubo nada irregular, la respuesta debería ser simple: hablar, mostrar y aclarar. Explicar cómo se encuadra ese crédito, por qué un funcionario del área contable aparece tan arriba en la lista y por qué la sociedad no debería sospechar nada. Lo que erosiona políticamente a Chahla no es sólo la existencia del caso, sino la falta de una respuesta frente a un dato que ya circula y que tiene inevitable interés público. En política, muchas veces el problema no es sólo el hecho: es el silencio.
