DestacadasPolítica

La oposición se muestra desunida y el peronismo mira desde arriba

La pelea pública entre Pablo Macchiarola y Lisandro Catalán volvió a dejar en evidencia una dificultad que atraviesa a la oposición tucumana desde hace años: la imposibilidad de ordenar una estrategia común frente al peronismo.

El intendente de Yerba Buena apuntó con dureza contra el presidente de La Libertad Avanza en Tucumán, a quien acusó de actuar con sectarismo y de cerrar las puertas a un armado opositor amplio. Incluso fue más allá: sugirió que esa postura podría terminar favoreciendo al gobernador Osvaldo Jaldo.

La discusión no aparece como un simple contrapunto personal. Por el contrario, muestra una puja de fondo por el liderazgo del espacio no peronista, por la representación del voto opositor y por la construcción de una alternativa competitiva de cara al próximo turno electoral provincial.

La pelea por conducir el voto antiperonista

Macchiarola defendió la idea de conformar un frente amplio que reúna a todos los sectores no peronistas. En ese esquema, mencionó a Mariano Campero como el dirigente con mejores condiciones para encabezar una propuesta capaz de enfrentar al oficialismo provincial.

Catalán, en cambio, viene marcando límites desde La Libertad Avanza y busca ordenar el armado libertario bajo una identidad propia, sin mezclarse con dirigentes que considera parte de la vieja política. Esa postura genera tensión con sectores del radicalismo y del PRO que pretenden una coalición más amplia para no dispersar votos.

El problema para la oposición es que ambas estrategias chocan entre sí. Una parte cree que sólo la unidad puede disputar el poder al peronismo. Otra sostiene que una alianza demasiado amplia puede diluir el mensaje de cambio que Milei instaló a nivel nacional. En el medio, los cruces públicos profundizan la imagen de desorden.

Jaldo, beneficiado por la dispersión

Mientras los opositores se acusan entre sí, el oficialismo provincial observa el escenario con comodidad. La fragmentación del antiperonismo le permite al jaldismo administrar sus propios tiempos y conservar centralidad política.

El peronismo tucumano sabe que una oposición dividida reduce sus chances de construir una alternativa real de poder. Por eso, cada pelea entre libertarios, radicales, macristas o dirigentes municipales termina funcionando como una ventaja indirecta para la Casa de Gobierno.

El desafío opositor no pasa sólo por definir nombres. También debe resolver si habrá una estrategia común, un liderazgo reconocido y un programa capaz de contener a votantes con identidades distintas. Hasta ahora, la interna parece pesar más que la necesidad de unidad.

De cara a 2027, el mensaje que deja el cruce entre Macchiarola y Catalán es claro: la oposición tucumana quiere disputar el poder, pero todavía no logra ordenar sus propias diferencias. Y en política, cuando una fuerza no consigue unificarse, el que suele ganar tiempo es el oficialismo.

Related posts

Serpientes en Barrio Parque Sur: vecinos apuntan contra la gestión de Chahla por la falta de mantenimiento

a0051376

Tucumán, bajo la lupa: advierten por el deterioro institucional y el peso de un Estado cada vez más costoso

a0051376

Imputan al alumno de Psicología por el posteo amenazante y le prohíben acercarse a la facultad

a0051376

Dejar un comentario