El nuevo mapa de vulnerabilidad social en Tucumán dejó un dato difícil de maquillar: Graneros y Burruyacú aparecen como las zonas más críticas de la provincia, con un índice de pobreza multidimensional extrema de 45,8. Apenas por debajo figura Trancas, con 45,2, el departamento donde Osvaldo Jaldo construyó buena parte de su carrera política y que funciona, en términos simbólicos, como la “casa” del Gobernador.
El informe no mide solamente ingresos. No se trata de saber si una familia llega o no a fin de mes, sino de observar condiciones estructurales: vivienda, servicios básicos, educación, empleo, infancia y acceso a derechos elementales. Por eso el dato resulta más profundo y más incómodo. Habla de problemas que no se resuelven con anuncios aislados ni con asistencia coyuntural.
La fotografía social golpea especialmente al oficialismo provincial. En los departamentos más comprometidos no gobiernan dirigentes recién llegados ni espacios ajenos al poder. Son territorios atravesados desde hace años por estructuras políticas consolidadas, donde el peronismo territorial administra recursos, cargos, obra pública, asistencia y representación institucional.
Graneros y Burruyacú, entre la pobreza y los apellidos repetidos
Graneros y Burruyacú no sólo comparten el peor índice de vulnerabilidad tucumana. También exhiben una lógica política que se repite en distintos municipios del interior: el poder organizado alrededor de apellidos familiares.
En Graneros, la actual intendenta Raquel Graneros llegó al municipio después de la gestión de Alejandra Cejas, hoy legisladora provincial. La continuidad familiar no es un dato menor en un distrito que aparece al tope del mapa de la pobreza estructural. Allí, el problema no puede explicarse únicamente por la crisis nacional, la falta de fondos o la herencia económica. También debe discutirse qué hicieron durante años quienes administraron el poder local.
En Burruyacú, la escena es similar. El municipio quedó asociado durante años al apellido Leal, con Jorge Leal padre y Jorge Leal hijo ocupando lugares centrales en la estructura política departamental. Padre e hijo se alternaron entre la intendencia y la Legislatura, en una dinámica que volvió difusa la frontera entre representación democrática y dominio familiar del territorio.
La pobreza, en estos casos, no aparece en el vacío. Convive con sistemas políticos cerrados, redes de dependencia y conducciones que suelen presentarse como garantía de gestión, pero que no logran modificar las condiciones más duras de vida de sus propios vecinos. Cuando los mismos apellidos permanecen y los indicadores sociales siguen en rojo, la pregunta deja de ser estadística y se vuelve política.
Trancas, el espejo que incomoda a Jaldo
El caso de Trancas tiene una carga adicional. No encabeza el ranking, pero aparece apenas por debajo de Graneros y Burruyacú. Y Trancas no es un departamento cualquiera para el oficialismo: es el pago chico de Osvaldo Jaldo, el lugar desde donde inició su carrera institucional y al que siempre vuelve como punto de identidad política.
Ese dato convierte al informe en un espejo incómodo para el Gobernador. Jaldo suele exhibir gestión, equilibrio fiscal, diálogo con la Nación y presencia territorial. Sin embargo, uno de los departamentos más vinculados a su historia política aparece entre los más golpeados por la vulnerabilidad estructural.
El problema no se reduce a una administración municipal ni a una coyuntura económica. La pobreza multidimensional revela déficits acumulados durante años: viviendas precarias, servicios insuficientes, dificultades educativas, empleo frágil y hogares que siguen sin acceso pleno a condiciones básicas. En otras palabras, muestra aquello que la política territorial promete resolver, pero muchas veces apenas administra.
Graneros, Burruyacú y Trancas obligan a mirar más allá del mapa. No alcanza con identificar los departamentos más pobres. Hay que mirar quiénes los gobernaron, cómo se reprodujo el poder, qué familias ocuparon cargos durante años y por qué, pese a esa permanencia, la realidad social sigue ubicada entre las peores de Tucumán.
