Osvaldo Jaldo volvió a moverse cerca de la Casa Rosada. La reunión que mantuvo con el ministro del Interior, Diego Santilli, y con Eduardo “Lule” Menem fue presentada por el Gobierno tucumano como un encuentro de gestión, centrado en obras, fondos, transporte, subsidios y previsibilidad fiscal. Sin embargo, en la política provincial la foto difícilmente pueda leerse sólo en clave administrativa.
El gobernador eligió remarcar dos conceptos: diálogo y reciprocidad. En tiempos de restricciones presupuestarias y de tensión entre Nación y provincias, esa definición funciona como una señal hacia Buenos Aires, pero también hacia Tucumán. Jaldo busca mostrarse como un mandatario capaz de garantizar gobernabilidad, sostener las cuentas públicas y conservar un canal directo con el poder nacional.
La Casa Rosada, por su parte, necesita interlocutores provinciales. En el Congreso, cada reforma exige acuerdos, y los gobernadores dialoguistas aparecen como piezas necesarias para el oficialismo nacional. En ese tablero, Tucumán vuelve a ocupar un lugar sensible: Jaldo no integra La Libertad Avanza, pero tampoco rompe puentes con Javier Milei.
La incomodidad libertaria en Tucumán
Esa cercanía genera ruido dentro de La Libertad Avanza tucumana. Para el armado local, que ya mira la elección de 2027 como una oportunidad real para disputar la gobernación, cada gesto de entendimiento entre Jaldo y la Casa Rosada puede convertirse en un problema político.
El dilema libertario es evidente: mientras la conducción nacional necesita votos y acuerdos con mandatarios provinciales, en Tucumán sus referentes buscan instalarse como alternativa al peronismo. Esa doble vía produce recelos. El jaldismo puede capitalizar la relación con Nación como una muestra de gestión; LLA, en cambio, necesita diferenciarse con claridad del oficialismo provincial para no diluir su discurso de cambio.
Lisandro Catalán aparece en ese escenario como uno de los nombres centrales del armado libertario local. Su estrategia apunta a disputar territorio, marcar diferencias con el modelo político tucumano y construir una candidatura competitiva para 2027. Por eso, la foto de Jaldo con funcionarios nacionales no pasa inadvertida: fortalece al gobernador en el plano institucional y obliga a los libertarios tucumanos a endurecer el contraste.
2027 empieza antes de tiempo
Aunque Jaldo aclaró que en la reunión no se habló de cuestiones electorales, el calendario político ya empezó a condicionar cada movimiento. La discusión por la posible eliminación o suspensión de las PASO, planteada por Santilli ante gobernadores del Norte Grande, también se inscribe en esa lógica: la Casa Rosada busca ordenar el sistema electoral y reducir costos, pero necesita respaldo parlamentario.
En Tucumán, ese debate se cruza con una pelea mayor. El peronismo intenta conservar centralidad después de años de predominio provincial, mientras La Libertad Avanza procura capitalizar el deseo de cambio que muestran distintos relevamientos. En ese contexto, Jaldo juega una partida fina: acercarse a Nación sin quedar absorbido por Milei, y mostrarse dialoguista sin regalarle a LLA el lugar de única fuerza con llegada a la Casa Rosada.
La relación entre el gobernador y el Gobierno nacional seguirá bajo observación. Para Jaldo, el vínculo puede significar fondos, obras y estabilidad. Para La Libertad Avanza Tucumán, puede ser una amenaza a su construcción territorial. De cara a 2027, la pulseada no será sólo entre oficialismo y oposición: también se jugará en la tensión entre la necesidad nacional de acordar y la ambición local de competir.
