Las cuentas públicas de Tucumán dieron un giro durante el inicio de 2026. Después de haber cerrado el año pasado con resultado positivo, la Provincia registró en el primer trimestre un déficit financiero de $100.536 millones y quedó entre los tres distritos con mayor desequilibrio fiscal del país.
El saldo negativo representó el 9,3% de los ingresos totales de la administración provincial. Sólo Santa Fe, con un déficit equivalente al 22,2% de sus recursos, y Tierra del Fuego, con un 14,2%, presentaron indicadores más desfavorables.
Las cifras surgen de un relevamiento de la consultora Politikón Chaco, elaborado sobre la información fiscal difundida por las jurisdicciones. El informe muestra que el deterioro tucumano fue provocado por una combinación preocupante: mientras los ingresos disminuyeron, el gasto continuó creciendo.
La combinación que encendió la alarma
Durante los primeros tres meses del año, los recursos totales de Tucumán cayeron un 6% interanual en términos reales. En el mismo período, las erogaciones aumentaron un 2%, también descontando el efecto de la inflación.
Esa diferencia dejó un déficit primario de $78.532 millones. Este indicador contempla los ingresos y gastos ordinarios, pero no incluye el pago de intereses de la deuda. Al sumar esas obligaciones, el resultado financiero negativo alcanzó los $100.536 millones.
El problema no fue exclusivo de Tucumán. El conjunto de las provincias y la Ciudad de Buenos Aires atravesó un fuerte deterioro fiscal, principalmente por la reducción de los recursos tributarios enviados por la Nación.
Los ingresos consolidados de las jurisdicciones cayeron un 3,1% real respecto del primer trimestre de 2025. La pérdida fue estimada en $1,18 billones y estuvo concentrada casi completamente en los fondos tributarios de origen nacional. La coparticipación retrocedió un 6,5% en términos reales.
Al mismo tiempo, el gasto provincial agregado creció un 2,1%. Los intereses de la deuda aumentaron un 24%; los servicios, un 9,7%; el gasto de capital, un 6,5%; y las erogaciones en personal, un 1,9%.
Pese al deterioro generalizado, el consolidado de las provincias todavía consiguió un superávit fiscal equivalente al 0,1% del Producto Bruto Interno. Fue, sin embargo, el resultado positivo más débil registrado para un primer trimestre desde 2012.
Tucumán quedó afuera de ese grupo. El resultado también contrastó con lo ocurrido durante 2025, cuando la administración de Osvaldo Jaldo había exhibido el equilibrio de las cuentas como uno de los principales logros de su gestión.
El rojo se profundizó durante abril
La situación no se revirtió con el inicio del segundo trimestre. Un informe de la Fundación Federalismo y Libertad, confeccionado a partir de datos del Portal de Responsabilidad Fiscal de Tucumán, calculó que el déficit financiero acumulado durante los primeros cuatro meses del año alcanzó los $140.941 millones, medidos a valores constantes de enero de 2026.
Según ese estudio, la Provincia no registraba un inicio de año deficitario desde 2020. El rojo del primer cuatrimestre fue, en términos reales, casi tres veces superior al observado durante el mismo período de aquel año, marcado por el comienzo de la pandemia y las restricciones sanitarias.
El dato resulta especialmente relevante porque enero, febrero, abril y mayo suelen ser meses utilizados por la Provincia para acumular fondos. Ese ahorro permite afrontar los mayores gastos de junio y diciembre, cuando el Estado debe pagar el medio aguinaldo a sus empleados.
El informe atribuyó el deterioro a dos factores. Por un lado, las transferencias automáticas nacionales disminuyeron un 6,1% real durante el primer cuatrimestre. La recaudación del IVA cayó un 8,6% y la de Ganancias, un 3,75%.
El impacto es particularmente fuerte para Tucumán porque cerca de tres cuartas partes de sus ingresos dependen de recursos enviados desde la Nación.
Por otro lado, el gasto ejecutado por la Provincia aumentó un 6,8% real en comparación con los primeros cuatro meses de 2025. La administración volvió así a niveles de erogaciones cercanos a los registrados en 2023, pero con una disponibilidad de recursos mucho menor.
La composición del gasto también quedó bajo observación. Las erogaciones de capital, vinculadas con infraestructura, equipamiento y obra pública, fueron un 31% inferiores a las del mismo período de 2025 y representaron apenas el 2,3% del total ejecutado.
Esto indica que el incremento estuvo concentrado principalmente en gastos corrientes. En otras palabras, la Provincia destinó más recursos a sostener su funcionamiento cotidiano, mientras redujo proporcionalmente la inversión con capacidad para generar mejoras de largo plazo.
El reporte también advirtió que los subsidios destinados a municipios superaron en un 40% real los niveles registrados durante el primer cuatrimestre de 2023. Sin embargo, la falta de información desagregada impide determinar con precisión cuánto recibió cada administración y cuál fue el destino final de esos fondos.
El contraste con el relato oficial
Los números conocidos ahora contrastan con las declaraciones realizadas por Jaldo a fines de abril. En ese momento, el gobernador afirmó que Tucumán se encontraba entre las seis u ocho provincias que conservaban superávit fiscal.
El mandatario ya reconocía, sin embargo, que la caída de la coparticipación estaba afectando las cuentas. Calculó que entre enero y marzo la Provincia había dejado de recibir entre $25.000 millones y $30.000 millones debido principalmente a la menor recaudación nacional.
La información consolidada posteriormente mostró un escenario más delicado que el descripto por el Poder Ejecutivo. Tucumán no sólo había perdido ingresos, sino que había cerrado el trimestre con uno de los déficits más altos del país.
El Gobierno provincial atribuye buena parte de las dificultades a las políticas nacionales, la caída del consumo, la menor recaudación del IVA y la reducción del financiamiento para obras y servicios. La oposición, en cambio, sostiene que la explicación también debe buscarse en la expansión del gasto corriente y en la baja participación de la inversión pública.
El déficit de los primeros meses no significa por sí solo que la Provincia haya perdido la capacidad de pagar salarios o cumplir sus compromisos. Sí demuestra que se redujo considerablemente el margen fiscal acumulado durante 2024 y 2025.
La mayor incógnita será cómo afrontará la administración provincial la segunda mitad del año. Con ingresos nacionales debilitados, gastos operativos en crecimiento y un año electoral cada vez más cercano, Jaldo deberá decidir entre profundizar el ajuste, utilizar reservas o buscar nuevas fuentes de financiamiento para evitar que el rojo continúe expandiéndose.
