Mientras el Gobierno de Osvaldo Jaldo exhibe secuestros, allanamientos, detenidos y estadísticas para mostrar los resultados de su política contra el narcotráfico y el narcomenudeo, desde los barrios populares y las escuelas tucumanas emerge una realidad bastante más incómoda: adolescentes atravesados por el consumo de drogas, apuestas online, aislamiento y graves problemas de salud mental.
El contraste quedó nuevamente expuesto a partir del testimonio de Gabriela Perrone, psicóloga e integrante del dispositivo terapéutico de la Dirección de Prevención y Asistencia en Adicciones de la Provincia. Desde su experiencia cotidiana en el territorio, la profesional describió un escenario alarmante y aseguró que los suicidios e intentos de suicidio entre adolescentes se convirtieron en situaciones que los equipos encuentran con una frecuencia que hasta hace pocos años hubiera resultado impensada.
Perrone habló de marihuana, psicofármacos, pasta base y cocaína como sustancias presentes en los consumos problemáticos que encuentran en los barrios. A ese cuadro sumó otra adicción que crece silenciosamente y que ya ingresó a las escuelas: las apuestas virtuales.
El diagnóstico obliga a mirar más allá de las estadísticas policiales. Porque una cosa es contar kilos incautados, allanamientos o personas detenidas, y otra muy distinta es determinar cuánto cambió realmente la vida cotidiana en los territorios donde la droga continúa disponible.
Los números que celebra Jaldo y una realidad que no desaparece
Desde que asumió, Jaldo convirtió la lucha contra el narcomenudeo en uno de los principales ejes de su discurso de seguridad. El Gobierno destaca de manera permanente procedimientos, puntos de venta desbaratados, causas judiciales y aumentos en los volúmenes de droga secuestrada.
En enero, por ejemplo, el propio gobernador aseguró que entre 2024 y 2025 la incautación de marihuana había aumentado un 1.600% y la de cocaína un 350%, además de remarcar que más de 250 personas habían sido juzgadas y condenadas por narcomenudeo. Meses después volvió a reivindicar la política provincial y sostuvo que el fortalecimiento y la profesionalización de la Policía estaban dando resultados concretos.
Los procedimientos existen. Los secuestros existen. También las condenas. El problema es qué interpretación hace el poder político de esos números.
Una mayor cantidad de droga incautada puede ser consecuencia de una Policía más activa, pero también confirma el volumen de sustancias que circula por Tucumán. Y los testimonios desde el territorio muestran que, lejos de haber desaparecido, el consumo problemático sigue golpeando especialmente a los sectores más vulnerables.
Perrone describió que en los barrios los jóvenes hablan de compañeros con intentos de suicidio o suicidios consumados como una realidad que los equipos territoriales encuentran cada vez con mayor frecuencia. En ese mismo universo aparecen la pasta base, la cocaína, los psicofármacos y la marihuana.
Ahí aparece la distancia entre el parte policial y la experiencia cotidiana. Desbaratar un kiosco de drogas es indispensable. Pero si otro ocupa su lugar, si el consumidor adolescente sigue consiguiendo sustancias y si las familias continúan desbordadas, resulta difícil hablar de un problema resuelto.
El narcomenudeo puede retroceder en una esquina después de un allanamiento. Eso no significa que hayan desaparecido el mercado, la demanda ni las condiciones sociales en las que ese negocio se reproduce.
Las escuelas también encendieron las alarmas
La preocupación ya no se limita a los barrios.
La propia ministra de Educación, Susana Montaldo, reconoció públicamente la existencia de apuestas online entre estudiantes tucumanos y llegó a colocar a la ludopatía dentro del mismo universo de adicciones que afectan gravemente a los adolescentes.
Los números disponibles son difíciles de relativizar. Un estudio nacional de Sedronar realizado sobre estudiantes secundarios incluyó en Tucumán a 5.002 alumnos de 42 escuelas. El 24,2% declaró haber apostado dinero en alguna modalidad durante el último año y el 18% dijo haberlo hecho a través de internet.
El problema puede observarse incluso durante la jornada escolar.
Perrone describió chicos que, en lugar de conversar o vincularse durante los recreos, permanecen concentrados en sus teléfonos realizando apuestas. El acceso es sencillo: un adolescente puede disponer de un celular, una billetera virtual y distintos mecanismos para hacer circular dinero sin necesidad de ingresar físicamente a un casino.
El Estado conoce el problema.
La Provincia tiene desde 2024 una ley destinada a prevenir y abordar el juego problemático y la ludopatía. Sin embargo, casi dos años después de su sanción, la norma continúa sin convertirse en una política integral capaz de modificar el escenario denunciado desde las propias escuelas.
Mientras tanto abundan los llamados a concientizar, acompañar, dialogar y fortalecer a las familias. Son objetivos necesarios, pero insuficientes frente a un negocio digital que funciona las 24 horas y que llega al bolsillo de los adolescentes.
Cuando el diagnóstico oficial reconoce que los chicos apuestan dentro de las escuelas, la respuesta ya no puede quedar reducida a recomendaciones.
Una emergencia que exige algo más que operativos y discursos
La discusión tampoco debería caer en una simplificación. Ni el consumo de drogas ni el suicidio adolescente tienen una única causa. La propia Perrone remarcó que se trata de fenómenos multicausales y advirtió contra la tentación de responsabilizar exclusivamente a las familias o a una determinada condición económica.
Pero justamente esa complejidad exige una respuesta estatal mucho más amplia.
La persecución del vendedor de drogas es apenas una parte. También hacen falta dispositivos permanentes de prevención y tratamiento de adicciones, profesionales trabajando en los barrios, políticas de salud mental, acompañamiento de las escuelas y decisiones concretas frente a la ludopatía digital.
Las asambleas que comenzaron a organizar vecinos y referentes de distintos barrios son otra señal de alarma. Cuando las comunidades sienten la necesidad de reunirse para discutir suicidios, consumos y salud mental adolescente, el problema difícilmente pueda medirse únicamente por la cantidad de allanamientos publicados por el Ministerio de Seguridad.
Jaldo puede exhibir como un éxito el crecimiento de los secuestros de cocaína y marihuana y las condenas conseguidas desde la implementación de la Ley de Narcomenudeo. Es un aspecto de la pelea contra el narcotráfico y merece ser evaluado como tal.
Pero el otro balance se realiza lejos de los anuncios oficiales.
Está en los barrios donde los equipos siguen encontrando pasta base y cocaína. Está en las familias que conviven con adolescentes atravesados por consumos problemáticos. Está en las escuelas donde los chicos apuestan desde el celular. Y está en la advertencia más grave de todas: profesionales que trabajan en territorio aseguran que encontrarse con intentos de suicidio o suicidios de jóvenes se volvió una realidad casi cotidiana.
La verdadera medida del éxito contra la droga no puede ser solamente cuánto se secuestra.
También tiene que ser cuánta droga deja de llegar a los chicos.
