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Jaldo y Chahla se “mojan la oreja”: los movimientos que tensionan la cordialidad del oficialismo

En público hay sonrisas, actos compartidos, elogios y declaraciones de unidad. Osvaldo Jaldo insiste en respaldar a Rossana Chahla para continuar al frente de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán y la intendenta mantiene formalmente su alineamiento con el gobernador. Pero mientras la fotografía institucional muestra armonía, los últimos movimientos políticos exponen tensiones que resultan cada vez más difíciles de disimular.

En cuestión de días, Jaldo se reunió dos veces con Germán Alfaro, justamente el dirigente que puso en duda las posibilidades electorales de Chahla y cuestionó abiertamente su gestión. La intendenta respondió —al menos en términos de lectura política— con una fotografía junto al diputado Carlos Cisneros, quien permanece distanciado del núcleo del poder provincial.

No hay una ruptura declarada entre Jaldo y Chahla. Tampoco existen declaraciones públicas en las que alguno cuestione al otro. Pero en política los mensajes no siempre necesitan palabras.

Y en este caso cada uno parece estar demostrando que tiene interlocutores propios y capacidad para sentarse con dirigentes incómodos para el otro.

Jaldo abraza a Chahla, pero mantiene a Alfaro sentado en la mesa

Hace apenas unas semanas Jaldo salió públicamente a defender a Chahla luego de que Alfaro afirmara que, si la actual intendenta volvía a ser la candidata oficialista en la Capital, el espacio podía perder las elecciones.

El gobernador fue terminante: ratificó a Chahla como su candidata y llegó a definirla como la mejor postulante para la intendencia entre todos los espacios políticos. Parecía una definición suficiente para cerrar la discusión. Sin embargo, Alfaro no quedó afuera.

Por el contrario, Jaldo mantuvo dos reuniones con él en pocos días. La primera fue una cena en la casa del ex intendente, de la que también participó la senadora Beatriz Ávila. La segunda tuvo lugar posteriormente en Casa de Gobierno.

La continuidad de Alfaro dentro del armado provincial es uno de los datos centrales de esta historia.

Desde el entorno de Jaldo aseguran que durante las conversaciones existió un reproche por los cuestionamientos contra Chahla y un pedido para frenar las hostilidades. Pero el ex intendente continúa formando parte del espacio político que conduce el gobernador.

Allí aparece la contradicción que incomoda al chahlismo. Jaldo respalda públicamente a la intendenta, pero al mismo tiempo mantiene como aliado a uno de los dirigentes que más directamente cuestionó su continuidad.

Para el gobernador puede tratarse simplemente de la lógica de conducción de una coalición amplia: sumar sectores diferentes y evitar rupturas antes de 2027.

Desde el entorno municipal, sin embargo, esos movimientos son observados con desconfianza.

Chahla encontró su propia fotografía incómoda

La respuesta política llegó pocas horas después. Chahla recibió a Carlos Cisneros y difundió la fotografía del encuentro. El diputado nacional mantiene desde hace tiempo una relación distante con el oficialismo provincial, especialmente después de que su sector perdiera influencia en la conducción de la Caja Popular de Ahorros.

Por eso la imagen produjo inmediatamente múltiples interpretaciones dentro del peronismo. Algunos dirigentes la interpretaron como una réplica política a los encuentros entre Jaldo y Alfaro. Otros fueron todavía más lejos y hablaron de una virtual “declaración de guerra”.

No existen elementos públicos suficientes para afirmar que esa haya sido la intención de Chahla. Pero la fotografía tuvo un efecto político concreto: recordó que la intendenta también posee vínculos propios dentro de un peronismo tucumano atravesado por sectores que no responden directamente al gobernador.

Jaldo decidió públicamente quitarle dramatismo.

Dijo que veía con buenos ojos que Chahla dialogara con todos los sectores y sostuvo que dentro del proyecto político provincial “no sobra nadie”. El Gobierno incluso presentó el acercamiento como parte de una estrategia destinada a ampliar el diálogo.

La explicación resulta coherente con la estrategia pública de unidad que viene impulsando el gobernador.

Pero también deja una curiosa simetría. Jaldo puede dialogar con Alfaro. Chahla puede dialogar con Cisneros. Los dos aseguran que esos movimientos fortalecen el mismo espacio.

Y, al mismo tiempo, cada encuentro recuerda al otro que ninguno depende exclusivamente de la estructura política de su socio.

Cordialidad hacia afuera, desconfianza hacia adentro

La relación institucional entre Provincia y Municipalidad continúa funcionando. Jaldo y Chahla participan juntos de actos oficiales y durante septiembre compartieron diferentes actividades públicas. El gobernador sostiene además explícitamente la candidatura de la intendenta para 2027.

Eso es un hecho. Pero también lo es que alrededor de ambos existen sectores que observan con recelo los movimientos del otro.

El episodio Alfaro-Cisneros permite ver algo más profundo que una simple sucesión de reuniones.

Jaldo necesita conservar el control de un frente amplio y heterogéneo para llegar fortalecido al próximo turno electoral. Chahla, mientras tanto, gobierna el distrito electoral más importante de la provincia y necesita construir una estructura propia que le permita defender su continuidad.

Esos intereses pueden coincidir. Pero no necesariamente son idénticos. Por eso la cordialidad pública entre gobernador e intendenta no alcanza para borrar las señales que aparecen debajo de la superficie.

Hace pocas semanas Jaldo salió a respaldar a Chahla frente a Alfaro. Luego se reunió dos veces con Alfaro.

Después Chahla apareció junto a Cisneros.

Y finalmente Jaldo tuvo que explicar públicamente que veía con buenos ojos ese encuentro.

La cordialidad existe y continúa expresándose públicamente. Pero los últimos movimientos muestran que debajo de esa relación institucional también circulan desconfianzas, intereses electorales y mensajes cruzados.

Una suerte de “mojada de oreja” política en la que ninguno cruza todavía la línea de la ruptura, pero ambos parecen interesados en demostrar que tienen juego propio.

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