Osvaldo Jaldo decidió ordenar el tablero político tucumano con una definición tajante: para el peronismo provincial, el adversario electoral será La Libertad Avanza. Nadie más. Con esa frase, pronunciada ante intendentes, concejales, legisladores y funcionarios en El Cadillal, el gobernador buscó instalar una lectura clara de la próxima etapa: la disputa no será contra la oposición tradicional, ni contra espacios provinciales dispersos, sino contra el armado libertario.
La definición tiene peso político porque no sólo marca a quién enfrentará el oficialismo. También establece a quiénes deja afuera del ring principal. En la mirada de Jaldo, los otros partidos quedan corridos del centro de la escena. El mensaje fue hacia adentro del PJ, pero también hacia el sistema político tucumano: el Gobierno provincial ya eligió a su enemigo electoral.
Un mensaje para ordenar al PJ y cerrar las internas
El encuentro en El Cadillal funcionó como una reunión de conducción política. Jaldo habló ante los intendentes peronistas, concejales, legisladores nacionales y funcionarios del Poder Ejecutivo. Estuvo acompañado por el vicegobernador Miguel Acevedo y buscó transmitir una idea central: el peronismo no puede llegar dividido a los próximos turnos electorales.
El gobernador fue directo. Planteó que no hay margen para internas, diferencias públicas ni fisuras dentro del oficialismo. La orden fue cuidar el territorio, recomponer vínculos donde haya conflictos y evitar que los problemas de gestión se transformen en derrotas electorales.
En ese contexto, lanzó la frase que sintetiza la estrategia: “El adversario electoral es La Libertad Avanza y nadie más”. La expresión sirvió como bajada de línea. A partir de ahora, el enemigo político a vencer tiene nombre propio y el resto de las fuerzas opositoras queda relegado a un papel secundario.
Jaldo también pidió que intendentes y concejales “se miren a los ojos” y resuelvan los conflictos pendientes. Advirtió que el oficialismo no puede permitirse perder municipios por peleas internas, malos entendidos o diferencias de gestión. Para el mandatario, la unidad no es sólo una consigna partidaria, sino una condición para conservar poder.
La Libertad Avanza, el rival elegido por el Gobierno
La decisión de señalar a La Libertad Avanza como único adversario muestra cómo el jaldismo lee el nuevo escenario político. Hasta hace algunos años, el peronismo tucumano medía sus fuerzas contra expresiones opositoras más tradicionales. Ahora, Jaldo parece entender que el voto de rechazo al oficialismo puede canalizarse por la vía libertaria.
Por eso decidió nacionalizar parte de la disputa, pero con tono tucumano. En su discurso, contrapuso la gestión provincial con la lógica de las redes sociales que, según cuestionó, utiliza La Libertad Avanza. El gobernador apuntó contra los influencers y contra quienes muestran en redes un pastizal, un basural o un bache para cuestionar a la administración.
La respuesta que propuso fue territorial: funcionarios, intendentes y concejales caminando los barrios, golpeando puertas, escuchando reclamos y llevando soluciones posibles. Para Jaldo, la pelea contra los libertarios no se ganará sólo con discursos, sino con presencia en la calle.
También buscó diferenciarse desde la gestión. Mencionó la paz social, el pago del aguinaldo a los empleados estatales entre el 16 y el 20 de junio y la necesidad de mostrar un Estado activo. El mensaje fue claro: frente a una oposición que, según su mirada, denuncia desde un celular, el oficialismo debe responder con gestión concreta.
Los otros partidos, fuera del centro de la estrategia
La frase de Jaldo también tuvo un efecto silencioso pero potente: dejó fuera de la pelea central al resto de los partidos. Al decir que el adversario es La Libertad Avanza “y nadie más”, el gobernador redujo el mapa electoral a una confrontación principal entre el PJ tucumano y el espacio libertario.
Esa decisión tiene varias lecturas. Por un lado, busca polarizar. Si el oficialismo logra instalar que la elección se define entre Jaldo y La Libertad Avanza, las demás fuerzas pueden quedar debilitadas antes de empezar la campaña. Por otro lado, obliga al peronismo a alinearse detrás de una conducción única, sin distracciones internas ni especulaciones con otros armados.
En ese esquema, las oposiciones tradicionales quedan desdibujadas. No desaparecen, pero pierden centralidad en el relato político que intenta construir el Gobierno. La campaña, de acuerdo con la señal enviada en El Cadillal, no se ordenará alrededor de una oposición fragmentada, sino alrededor de un enemigo definido.
Jaldo también dedicó un tramo duro a quienes estuvieron dentro del peronismo y ahora coquetean con espacios opositores. Con una metáfora áspera, dijo que le pidió al ministro del Interior que compre un “felpón” para marcar quiénes no están con el PJ, y agregó que él se pondrá un “zapato número 45” para correrlos. La frase expuso el tono del nuevo tiempo interno: unidad hacia adentro, confrontación hacia afuera.
La presencia de 16 intendentes, incluida la capitalina Rossana Chahla, fue otro dato político relevante. Jaldo buscó mostrar volumen territorial y despejar dudas sobre el alineamiento de la intendenta de San Miguel de Tucumán. “La compañera está con nosotros”, remarcó, en un gesto dirigido al propio peronismo.
El gobernador ya movió la primera pieza fuerte. Eligió rival, ordenó tropa y dejó establecido que la próxima batalla electoral será planteada como una disputa directa entre el peronismo tucumano y La Libertad Avanza. En ese diseño, los demás partidos deberán pelear no sólo contra el oficialismo, sino también contra la posibilidad de quedar afuera de la conversación principal.
