La Municipalidad de San Miguel de Tucumán presentó su reforma del transporte urbano como una estrategia destinada a mejorar frecuencias, reducir costos y ordenar los recorridos. Sin embargo, las primeras observaciones técnicas pusieron en evidencia un proyecto plagado de contradicciones operativas, económicas y laborales.
Los empresarios nucleados en AETAT analizaron la propuesta impulsada por la intendenta Rossana Chahla y concluyeron que, tal como fue presentada, “no cierra”. El esquema contempla reducir kilómetros recorridos y unidades en circulación, pero al mismo tiempo promete mejorar el servicio, mantener la recaudación e incluso incrementarla.
Las objeciones también alcanzan al modo en que fue elaborado y difundido el plan. Aunque hubo conversaciones preliminares con funcionarios municipales, los prestadores aseguran que no fueron convocados para revisar la propuesta terminada antes de su lanzamiento público. Así, la gestión municipal abrió una consulta de 30 días para corregir un proyecto que, por su alcance, debió llegar a esa instancia con mayor consenso y solidez técnica.
Menos colectivos, más trasbordos y mayores distancias
Uno de los ejes del plan municipal es el rediseño de las líneas y la incorporación de recorridos circulares. Para los empresarios, ese esquema eliminaría trayectos directos utilizados diariamente por miles de pasajeros.
Usuarios que actualmente llegan a destino con un solo colectivo podrían verse obligados a tomar dos unidades y realizar combinaciones. También habría recorridos que dejarían de atravesar sectores estratégicos, como la avenida Mate de Luna, la Maternidad y diferentes puntos del microcentro.
El resultado podría ser exactamente el contrario al anunciado por el municipio: viajes más largos, mayores distancias a pie y un sistema menos atractivo para los pasajeros. La promesa de eficiencia comienza a desdibujarse cuando la solución propuesta obliga al usuario a invertir más tiempo y esfuerzo para realizar el mismo trayecto.
La iniciativa tampoco explica con claridad cómo funcionarán los trasbordos, cuánto tiempo tendrán los pasajeros para combinar servicios ni qué ocurrirá cuando una de las unidades registre demoras. Son cuestiones elementales que deberían estar resueltas antes de presentar una transformación integral del sistema.
Una ecuación económica difícil de sostener
Otro punto cuestionado es la reducción cercana al 20% de los kilómetros operativos. En términos concretos, eso implicaría menos colectivos circulando y una disminución de la estructura necesaria para prestar el servicio.
Pese a ello, la propuesta oficial sostiene que será posible mejorar las frecuencias, reducir costos, conservar la recaudación actual e incluso aumentarla un 5%. Para los representantes empresariales, la cuenta no tiene sustento: con menos unidades, recorridos que se alejan de puntos de alta demanda y pasajeros obligados a caminar o combinar colectivos, resulta difícil proyectar un incremento en la cantidad de usuarios.
La contradicción atraviesa todo el planteo. La gestión de Chahla pretende ofrecer un mejor servicio reduciendo simultáneamente kilómetros, colectivos y costos. Pero no precisa de qué manera se sostendrán las frecuencias ni cómo se evitará que las unidades circulen más cargadas.
Tampoco existe una respuesta concreta sobre las consecuencias laborales. Si disminuyen los kilómetros recorridos y la cantidad de coches, parte del personal podría quedar sin funciones. Choferes, mecánicos y trabajadores administrativos aparecen como una variable que el proyecto municipal todavía no logró resolver.
Una reforma presentada antes de terminarse
Los empresarios aclararon que no rechazan la necesidad de reformar el transporte. Admiten que existen recorridos superpuestos, líneas desactualizadas y una estructura que necesita cambios profundos. El cuestionamiento apunta a la improvisación con la que la Municipalidad expuso su propuesta.
Según plantearon, la revisión conjunta del documento antes de su presentación habría permitido corregir errores y anticipar problemas. En lugar de eso, el municipio decidió anunciar primero el plan y abrir después una instancia para recibir las observaciones de empresarios, trabajadores, concejales, especialistas y usuarios.
La consulta pública promovida por Chahla termina funcionando así como un intento de completar sobre la marcha una reforma que todavía no cuenta con respuestas básicas. El Ejecutivo municipal presentó grandes objetivos, pero dejó abiertos aspectos esenciales sobre recorridos, frecuencias, costos, puestos de trabajo y comportamiento de la demanda.
AETAT prepara ahora un documento con tres o cuatro objeciones iniciales y solicitará una reunión con las autoridades. La reforma todavía puede ser modificada antes de convertirse en el proyecto definitivo para la futura licitación, pero las primeras reacciones dejaron una señal política incómoda para la intendenta: el plan que debía mostrar orden y modernización comenzó exhibiendo apuro, inconsistencias y vacíos por todos lados.
