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Entre la SAT y los municipios, los vecinos quedaron atrapados en un pozo

La caída de un caballo en una zanja cubierta por agua en Manantial Sur volvió a exhibir el estado de abandono de distintas calles del gran San Miguel de Tucumán. El peligro, denunciado desde hace meses, se encuentra a una cuadra de una escuela primaria y ya habría provocado accidentes con motocicletas y automóviles.

El episodio se produjo pocos días después de que un niño de tres años cayera dentro de una boca de tormenta sin protección en Villa Luján. El pequeño quedó sumergido en líquidos cloacales y tuvo que ser internado en el Hospital del Niño Jesús.

Los dos casos ocurrieron en barrios diferentes, pero repiten el mismo patrón: pozos sin reparar, falta de señalización, reclamos que no reciben respuestas y organismos que recién aparecen después de que el peligro se convierte en accidente. Entre la Sociedad Aguas del Tucumán y la Municipalidad conducida por Rossana Chahla, los vecinos quedaron literalmente en un pozo.

Un caballo atrapado en una trampa denunciada desde hace meses

El último hecho ocurrió en la intersección de calle Jerónimo Helguera y el pasaje 59/68, en Manantial Sur. Las imágenes muestran al caballo con sus patas traseras atrapadas dentro de una zanja tapada por agua, mientras un grupo de vecinos intenta rescatarlo.

La denuncia fue difundida por el maratonista tucumano Aarón Quiroga, quien aseguró que el problema lleva meses sin una solución definitiva. Según relató, representantes de los organismos responsables llegaron a inspeccionar el lugar, pero el pozo continuó abierto.

Quiroga advirtió que no se trató del primer accidente registrado en ese sector. Antes del caballo, motocicletas y automóviles ya habrían sufrido percances por el deterioro de la calle. Además, remarcó que el peligro se encuentra a apenas una cuadra de una escuela primaria.

El vecino reclamó la intervención tanto de la SAT como de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán. Su pedido sintetiza el hartazgo de quienes deben recurrir a videos, fotografías y publicaciones en las redes sociales para conseguir que los funcionarios presten atención.

La secuencia resulta conocida: primero aparecen el pozo y los reclamos; después llegan las inspecciones sin una reparación definitiva; finalmente ocurre un accidente y las imágenes comienzan a circular. El Estado, mientras tanto, permanece varios pasos detrás del peligro.

Días antes, un niño terminó internado por otra boca abierta

El caso de Manantial Sur adquiere todavía mayor gravedad por lo ocurrido el viernes 31 de julio en Villa Luján. Alrededor de las 18.40, un niño de tres años cayó dentro de una boca de tormenta sin protección en la zona del pasaje Miguel Cané y Saavedra.

El pequeño caminaba junto a su madre, su tía y sus hermanos rumbo a una plaza. La familia había elegido ese trayecto porque también había desbordes cloacales sobre la avenida Ejército del Norte. Al pisar una superficie cubierta de barro, el niño desapareció dentro del pozo y quedó completamente sumergido en líquidos contaminados.

Su tía logró rescatarlo después de un primer intento frustrado por la fuerza del efluente. El menor fue trasladado al Hospital del Niño Jesús, donde quedó internado por haber ingerido líquido y ante el riesgo inicial de desarrollar una complicación pulmonar.

La directora del establecimiento, Inés Gramajo, informó posteriormente que el paciente evolucionaba favorablemente, se encontraba consciente y no presentaba un cuadro de neumonía. El niño continuaba bajo control médico a la espera del alta.

Que su evolución sea positiva no reduce la gravedad institucional del episodio. Los vecinos aseguraron que habían denunciado el deterioro de esa estructura durante aproximadamente cuatro años. Incluso señalaron que presentaron fotografías, firmas y un pedido formal durante 2024.

La reparación llegó después de la caída. Operarios de la SAT acudieron al lugar, sellaron la abertura y señalizaron el sector. Una respuesta que demuestra que la solución era posible, pero que fue ejecutada cuando un niño ya había terminado dentro del pozo.

Las excusas no alcanzan cuando la prevención nunca llega

El titular de la SAT, Marcelo Caponio, sostuvo que la empresa enfrenta una situación crítica por el robo de tapas. Afirmó que durante los últimos dos años fueron repuestas unas 400 estructuras y resumió el problema señalando que por cada elemento colocado desaparecen varios.

El vandalismo constituye un problema real, pero no puede transformarse en una explicación automática para cada pozo abierto ni en una excusa para abandonar los controles. En Villa Luján, los vecinos rechazaron que la tapa hubiese sido robada y aseguraron que la estructura había colapsado por su deterioro.

Incluso cuando existe un robo, la responsabilidad estatal no desaparece. Alguien debe detectar la abertura, señalizarla de inmediato y repararla antes de que una persona, un vehículo o un animal termine adentro.

La Municipalidad de Chahla tampoco puede limitarse a observar el conflicto como si fuera exclusivamente un problema de la empresa provincial. Aunque una instalación pertenezca a la SAT, la seguridad de las calles, las veredas y los espacios de circulación de la Capital también exige controles, advertencias y coordinación municipal.

En menos de una semana, un niño cayó en una boca de tormenta llena de líquidos cloacales y un caballo quedó atrapado en una zanja denunciada desde hacía meses. No fueron accidentes imprevisibles: en ambos lugares existían señales previas, reclamos y peligros visibles.

La Capital no necesita que la SAT y el municipio discutan a quién le corresponde cada metro de abandono. Necesita que trabajen antes de la tragedia. Porque mientras los organismos se reparten explicaciones, son los vecinos quienes caminan, manejan y llevan a sus hijos a la escuela entre pozos.

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