DestacadasPolítica

Diez torres y 250 departamentos: Yerba Buena acelera su crecimiento y vuelve a discutir qué ciudad quiere ser

Yerba Buena sigue creciendo en altura y la aprobación de un nuevo megaproyecto sobre avenida Perón volvió a encender una discusión que ya atraviesa a buena parte de la Ciudad Jardín: cuánto desarrollo inmobiliario puede absorber sin que ese crecimiento termine afectando justamente aquello que durante décadas la convirtió en uno de los lugares más buscados para vivir en Tucumán.

El Concejo Deliberante aprobó la factibilidad de un emprendimiento que contempla 10 torres residenciales de cuatro pisos y alrededor de 250 departamentos en los terrenos donde tradicionalmente se realiza el Norte Rock. La votación terminó empatada y debió ser definida por el presidente del cuerpo, Javier Jantus.

La discusión no pasa solamente por un proyecto inmobiliario. Detrás aparece una pregunta mucho más amplia: si la infraestructura, las calles, las cloacas, el tránsito y los servicios públicos están creciendo al mismo ritmo que los edificios. Y, sobre todo, si existe una decisión política de preservar la calidad de vida de los vecinos frente al avance sostenido de nuevas construcciones.

Más departamentos para una infraestructura que ya muestra límites

El desarrollo previsto sobre avenida Perón incorporaría cerca de 250 nuevas unidades habitacionales en un mismo sector de la ciudad.

Para quienes cuestionaron la iniciativa, semejante concentración inevitablemente tendrá consecuencias sobre una zona que ya soporta un fuerte movimiento vehicular y una expansión inmobiliaria sostenida.

Durante el debate aparecieron advertencias sobre el impacto que podría producirse en el tránsito, el estacionamiento, las cloacas y el resto de los servicios públicos. Los concejales Walter Aráoz, María Decoud, Rafael Olea, Mercedes Moraiz y Álvaro Apud votaron contra la factibilidad.

El planteo pone nuevamente bajo la lupa el modo en que Yerba Buena está absorbiendo su expansión. El crecimiento inmobiliario genera inversiones y nuevas viviendas, pero también suma vehículos, demanda de agua, energía, saneamiento y circulación sobre una estructura urbana que debe acompañar esa transformación.

El propio Código de Ordenamiento Urbano aprobado en 2025 buscó establecer parámetros para ese proceso y permite mayores alturas sobre las avenidas principales, entre ellas la Perón. Sin embargo, la polémica actual demuestra que fijar alturas máximas es apenas una parte del problema: también importa determinar cuánto puede densificarse cada sector sin deteriorar el funcionamiento cotidiano de la ciudad.

Crecer sin perder la Ciudad Jardín

Yerba Buena construyó históricamente buena parte de su identidad alrededor de otro modelo urbano: viviendas de baja densidad, calles arboladas, espacios verdes y una relación distinta entre construcciones y paisaje. Ese perfil comenzó a modificarse aceleradamente.

Edificios, complejos residenciales, barrios cerrados y grandes emprendimientos fueron transformando distintas zonas y multiplicando la cantidad de habitantes. El debate actual es si ese crecimiento está siendo acompañado por una planificación suficiente o si las respuestas aparecen después de que los problemas ya están instalados.

El fiscal adjunto de Estado, Raúl Ferrazzano, fue uno de quienes cuestionó públicamente la aprobación. Su planteo apuntó precisamente a que el desarrollo inmobiliario debería adaptarse a las posibilidades de la ciudad y no al revés.

También advirtió sobre las autorizaciones excepcionales y reclamó evaluaciones sobre el impacto que cada gran emprendimiento produce en el tránsito, los servicios, el ambiente y el paisaje.

El cuestionamiento resulta especialmente sensible porque no se discute si Yerba Buena debe crecer. Se discute cómo hacerlo y qué está dispuesto a resignar el municipio en ese camino.

Macchiarola y una ciudad que cambia cada vez más rápido

La gestión de Pablo Macchiarola quedó nuevamente en el centro del debate urbanístico.

El intendente impulsó durante su administración un nuevo Código de Ordenamiento Urbano que reemplazó a una normativa vigente desde 1994. Desde el municipio sostuvieron entonces que el objetivo era ordenar el crecimiento, proteger áreas verdes, establecer límites de altura y mejorar la conectividad vial.

Pero la autorización de grandes emprendimientos obliga ahora a contrastar esos objetivos con lo que sucede sobre el terreno. El proyecto de las 10 torres no demuestra por sí solo que exista una ausencia de planificación, pero sí vuelve a poner sobre la mesa una preocupación que crece entre vecinos y sectores políticos: si las nuevas construcciones avanzan más rápido que la capacidad del Estado municipal para ampliar y ordenar la infraestructura necesaria.

Porque la calidad de vida de Yerba Buena no depende únicamente de cuántos edificios puedan levantarse de acuerdo con una norma. También depende de cuántos autos pueden recibir sus calles, cuántos nuevos usuarios pueden soportar sus servicios, cuánto verde conserva la ciudad y qué impacto tendrá cada autorización dentro de cinco, diez o veinte años.

La discusión de fondo, entonces, excede a esas 10 torres. Es qué Yerba Buena pretende dejar la gestión de Macchiarola: una ciudad que crezca aprovechando el auge inmobiliario o una ciudad que consiga crecer sin perder, en el proceso, aquello que hizo que tanta gente quisiera vivir allí.

Related posts

La inflación volvió a subir en julio y el Gobierno enfrenta el fin de la tendencia descendente

a0051376

El Consejo Superior de la UNT podría votar este martes

a0051376

“No existe la Justicia en Tucumán”: Carolina Monteros rompió el silencio tras el fallo de la Corte

a0051376

Dejar un comentario