Susana Montaldo atraviesa probablemente el momento más delicado desde que asumió al frente del Ministerio de Educación de Tucumán. Los cuestionamientos ya no están concentrados en un solo problema: rendimiento escolar, infraestructura, violencia dentro de las aulas y aplicación de las normas de convivencia se acumulan sobre una cartera que quedó en el centro de la discusión política.
Ahora, Fuerza Republicana elevó todavía más la presión. Los legisladores Ricardo Bussi y Eduardo Verón Guerra presentaron un proyecto para interpelar a Montaldo en la Legislatura y obligarla a responder personalmente por la situación del sistema educativo provincial.
El planteo bussista llega apenas semanas después de que la legisladora Silvia Elías de Pérez reclamara directamente al gobernador Osvaldo Jaldo la salida de la funcionaria. La oposición comienza así a coincidir en un mismo punto: transformar a Montaldo en la cara visible de la crisis educativa.
La pregunta que empieza a instalarse es inevitable: si el desgaste es tan evidente, ¿por qué Jaldo todavía la sostiene?
Una ministra cercada por todos los frentes
El proyecto presentado por Fuerza Republicana construye un amplio pliego de cuestionamientos. Los legisladores apuntan contra los resultados educativos que exhibe Tucumán, las condiciones edilicias de diferentes establecimientos, el cumplimiento de la legislación que limita la utilización de celulares durante las clases y, especialmente, los recientes episodios de alumnos que ingresaron armados a escuelas.
El caso ocurrido el 25 de agosto en la Escuela Congreso, donde un adolescente ingresó con un arma y efectuó un disparo dentro del aula sin provocar heridos, colocó a Montaldo nuevamente bajo una exposición incómoda.
Un día después, la propia ministra concurrió al establecimiento y defendió una intervención basada en la contención del estudiante, la familia y la comunidad educativa. Sin embargo, el episodio alimentó los cuestionamientos opositores sobre los mecanismos de prevención y seguridad existentes dentro de las instituciones.
La situación se agravó políticamente porque no se trató de un cuestionamiento aislado. Elías de Pérez ya había pedido formalmente a Jaldo que desplazara a la ministra, argumentando que se acumulan problemas de aprendizaje, infraestructura y violencia escolar.
Ahora es el bussismo el que reclama que Montaldo se siente frente a la Legislatura.
Por eso, aunque el Gobierno continúe exhibiendo actividades, programas, obras y recorridas oficiales, resulta difícil negar que la ministra entró en una etapa defensiva. Ya no alcanza solamente con mostrar gestión: ahora debe responder por los resultados de esa gestión.
Jaldo ya había hablado: el respaldo a Montaldo fue explícito
Para entender por qué Montaldo continúa en el cargo hay que mirar una señal anterior.
El 10 de junio, cuando el gobernador recibió a estudiantes y padres de la Escuela Superior de Educación Artística por reclamos vinculados a infraestructura y convivencia, Jaldo decidió involucrarse personalmente en la solución. Pero al mismo tiempo hizo algo políticamente significativo: ratificó su total respaldo a Montaldo y a su equipo.
Ese antecedente importa.
Jaldo pudo haber aprovechado entonces el conflicto para tomar distancia de la conducción educativa. Eligió lo contrario. Se puso al frente de las respuestas, anunció inversiones con recursos provinciales y sostuvo públicamente a su ministra.
Después llegaron nuevos episodios y nuevos cuestionamientos. Sin embargo, no apareció hasta ahora ninguna señal pública equivalente que indique que aquel respaldo haya sido retirado.
De hecho, Montaldo continúa formando parte de las actividades institucionales del Gobierno. Este miércoles 9 de septiembre participó de una inauguración en una escuela de Alderetes, una demostración de continuidad apenas un día antes de que el pedido de interpelación volviera a colocarla en el centro de la escena.
La permanencia de la ministra, por lo tanto, difícilmente pueda explicarse por simple inercia administrativa. A esta altura es también una decisión política de Jaldo.
Sacar a Montaldo también tendría un costo para el gobernador
El problema que enfrenta Jaldo es que desplazar ahora a Montaldo podría tener una interpretación política mucho más amplia que un simple cambio de gabinete.
Después de haberla respaldado personalmente, removerla bajo presión opositora podría ser leído como una admisión de que el diagnóstico de sus adversarios era correcto. Y en un Gobierno caracterizado por una conducción vertical y por la fuerte centralidad del gobernador, semejante movimiento tendría consecuencias que excederían al Ministerio de Educación.
También existe otra lectura posible.
Jaldo puede considerar que los problemas educativos que hoy se discuten no comenzaron con Montaldo y que reemplazar a la ministra no solucionaría automáticamente cuestiones estructurales vinculadas al aprendizaje, la infraestructura o la conflictividad social que atraviesa a las escuelas.
Desde esa perspectiva, sostenerla significa también evitar que toda la crisis educativa quede reducida al nombre de una sola funcionaria.
Pero esa estrategia tiene un límite: mientras Montaldo siga siendo ministra, cada nuevo episodio ocurrido dentro del sistema educativo terminará inevitablemente golpeando también sobre el gobernador que decidió mantenerla.
Ahí aparece el verdadero dilema político.
Hasta ahora Jaldo eligió respaldarla, absorber parte del costo y acompañar personalmente algunas respuestas cuando los conflictos crecieron. La oposición busca exactamente lo contrario: aislarla, llevarla a la Legislatura y convertirla en el símbolo de aquello que considera el fracaso educativo provincial.
Montaldo atraviesa así su peor momento político desde que llegó al ministerio. Sigue teniendo algo fundamental: el respaldo del gobernador.
La incógnita es hasta cuándo.
Porque si la crisis educativa continúa acumulando episodios, resultados adversos y cuestionamientos públicos, la discusión dejará de ser solamente qué hizo o dejó de hacer Susana Montaldo.
La pregunta será cuánto está dispuesto a pagar Osvaldo Jaldo por sostenerla.
