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Jaldo se acerca a un histórico alfarista mientras ratifica a Chahla: ¿juega a dos puntas en la Capital?

Apenas 24 horas separaron dos movimientos políticos de Osvaldo Jaldo que, puestos uno al lado del otro, despiertan interrogantes sobre la estrategia del gobernador para San Miguel de Tucumán.

Primero, Jaldo salió a respaldar con contundencia a Rossana Chahla y respondió directamente a Germán Alfaro. No dejó demasiado margen para interpretaciones: aseguró que la actual intendenta será la única candidata del Partido Justicialista en la Capital y hasta la definió como “la mejor candidata de todos los espacios políticos”.

Un día después, el gobernador recibió en Casa de Gobierno a Alfredo “Fredy” Toscano, dirigente surgido de las entrañas del alfarismo, durante años uno de los hombres importantes del Partido por la Justicia Social y actualmente vicepresidente segundo de la Legislatura.

La fotografía resulta políticamente atractiva: mientras Jaldo le cierra la puerta a Alfaro para discutir la candidatura de Chahla, abre el despacho a uno de los dirigentes que construyó buena parte de su carrera política a su lado.

¿Contradicción? No necesariamente.

Detrás de la reunión aparece una estrategia más compleja: Jaldo podría estar intentando quedarse con parte de la estructura territorial que alguna vez respondió al exintendente sin entregar, a cambio, la candidatura de la Capital.

Jaldo no negocia a Chahla, pero sí quiere ampliar su armado

El gobernador fue particularmente contundente cuando Germán Alfaro cuestionó la candidatura de Rossana Chahla. No intentó equilibrar posiciones ni dejó abierta la posibilidad de una interna: ratificó a la intendenta y anticipó incluso un “triunfo contundente” en las elecciones del próximo 9 de mayo.

Ese respaldo tiene una explicación electoral evidente.

San Miguel de Tucumán es el distrito más importante de la provincia y Chahla representa hoy la apuesta oficial del peronismo para conservarlo. Jaldo necesita llegar a las elecciones con el PJ ordenado detrás de una sola candidatura y evitar una disputa interna que fragmente votos o recursos territoriales.

Pero cerrar la candidatura no significa cerrar el frente.

De hecho, mientras Jaldo consolida a Chahla, también viene ensanchando su esquema político con dirigentes provenientes de otros espacios. La reunión con Toscano debe analizarse dentro de esa lógica.

El propio gobernador informó que con el legislador acordaron coordinar acciones en los barrios de la Capital junto con el ministro del Interior, Darío Monteros, y la propia Rossana Chahla.

Ese último dato es fundamental. Jaldo no recibió a Toscano para construir una alternativa contra Chahla. Por el contrario, lo incorporó a un esquema territorial donde la intendenta ocupa un lugar central. La jugada, entonces, parece ser otra: sumar al dirigente sin modificar la candidata.

Toscano viene del alfarismo, pero cada vez está más cerca de Jaldo

Para comprender el movimiento también hay que observar el recorrido reciente de Fredy Toscano.

Su identificación con el alfarismo tiene antecedentes indiscutibles. Integró durante años la estructura política de Germán Alfaro, fue funcionario municipal y llegó a la Legislatura dentro del espacio que acompañó al exintendente.

Sin embargo, durante 2026 comenzó a exhibir señales cada vez más claras de autonomía. En mayo reconoció públicamente su alineamiento con la gestión de Jaldo y admitió un distanciamiento político con Alfaro. En agosto fue todavía más lejos: respaldó tanto al gobernador como a Chahla, cuestionó a La Libertad Avanza y sostuvo que la intendenta debía buscar un segundo mandato.

Incluso afirmó que Germán Alfaro acompañaría la reelección de Jaldo.

Por eso, presentar la reunión de esta semana simplemente como un encuentro entre Jaldo y “un alfarista” puede quedarse corto. Toscano tiene ADN político alfarista, pero su presente muestra una cercanía creciente con el oficialismo provincial.

Y allí puede estar una de las claves de la estrategia.

Jaldo no necesariamente necesita acordar con Alfaro como jefe político si puede incorporar individualmente dirigentes, legisladores y estructuras que alguna vez formaron parte de su espacio.

Es una diferencia sustancial.

Una cosa sería negociar con el exintendente condiciones electorales y lugares de poder. Otra muy distinta es permitir que dirigentes de su entorno se integren al dispositivo oficialista bajo el liderazgo político del gobernador y con Chahla como candidata.

¿Juega a dos puntas o está desarmando el tablero de Alfaro?

La pregunta inevitable es si Jaldo intenta mantener simultáneamente una alianza con Chahla y otra con el alfarismo.

Hasta ahora, los movimientos conocidos permiten una interpretación diferente.

Jaldo parece estar jugando una sola partida, pero recogiendo fichas de distintos casilleros.

Su candidata en la Capital es Chahla. En eso fue categórico. Pero alrededor de ella busca construir el frente más amplio posible, incluso incorporando dirigentes que históricamente estuvieron enfrentados al peronismo capitalino.

Toscano puede ser una pieza valiosa en ese objetivo.

Conoce territorialmente San Miguel de Tucumán, tiene experiencia dentro de la administración municipal después de años de gestión alfarista, ocupa actualmente un lugar relevante en la conducción de la Legislatura y mantiene vínculos políticos construidos durante años dentro del PJS.

Sumarlo al trabajo territorial junto con Chahla tiene además una carga simbólica: una parte de la dirigencia que hasta hace pocos años enfrentaba al peronismo por el control de la Municipalidad ahora aparece trabajando con el gobernador y con la intendenta justicialista.

Para Alfaro, ese proceso puede resultar mucho más incómodo que una simple discusión pública con Jaldo.

El gobernador ya dejó claro que no piensa entregarle la candidatura de la Capital ni cuestionar el liderazgo electoral de Chahla. Pero al mismo tiempo mantiene abiertas las puertas para dirigentes provenientes del antiguo esquema municipal.

Ahí está posiblemente la verdadera jugada.

Jaldo no parece estar equilibrando entre Alfaro y Chahla. Parece intentar quedarse con Chahla y, además, con una parte de lo que alguna vez fue de Alfaro.

El interrogante hacia adelante será cuánto queda realmente del alfarismo como estructura autónoma si sus principales dirigentes continúan acercándose al oficialismo.

Porque quizás la foto entre Jaldo y Toscano no muestre a un gobernador jugando a dos puntas.

Quizás muestre algo políticamente más ambicioso: a Jaldo tratando de ocupar las dos.

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