La decisión de la Justicia tucumana sobre la caída de Sergio Denis en el Teatro Mercedes Sosa cerró, al menos en esta instancia, la discusión judicial de una manera tan contundente como polémica: el cantante fue considerado responsable de haberse colocado a sí mismo en una situación de peligro y quedaron desligados el teatro, sus autoridades de entonces y la organización del espectáculo.
Siete años después de aquella noche del 11 de marzo de 2019, el resultado deja una imagen difícil de soslayar. Denis cayó a un foso de casi tres metros durante una actuación, sufrió gravísimas lesiones, permaneció internado durante 14 meses y murió el 15 de mayo de 2020. Ahora, la explicación judicial coloca el origen determinante de aquel desenlace en su propia conducta.
El problema es que Sergio Denis ya no está para discutir esa reconstrucción, explicar qué veía desde el escenario, qué indicaciones había recibido, qué condiciones encontró al desplazarse por la pasarela o responder a una conclusión que, en los hechos, termina concentrando sobre él la responsabilidad del accidente.
Un fallo que concentra la responsabilidad en la víctima
La Sala I de la Cámara en lo Contencioso Administrativo entendió que existió una “autopuesta en peligro”. Según el fallo, Denis caminó hacia atrás sobre la pasarela, mientras continuaba mirando e interactuando con el público, sin controlar su línea de marcha. Para los jueces, ese comportamiento fue determinante y rompió el nexo causal necesario para responsabilizar a terceros.
Con ese razonamiento fueron rechazados los reclamos contra el Ente Autárquico Teatro Mercedes Sosa, ATSA —organizadora del espectáculo— y Raúl Armisén, quien estaba al frente del organismo responsable del teatro cuando ocurrió el accidente.
La resolución puede encontrar sustento en una construcción jurídica, pero deja abierta otra discusión, más amplia: hasta dónde llega la responsabilidad de quien administra un espacio destinado a espectáculos cuando un artista cae desde una estructura ubicada sobre un foso de semejante profundidad.
Porque una cosa es determinar que Denis retrocedió sin mirar. Otra, diferente, es preguntarse si un accidente de esas características debía necesariamente terminar en una caída de casi tres metros.
Ese interrogante prácticamente desaparece cuando toda la cadena causal queda interrumpida por el comportamiento de la víctima.
El teatro quedó fuera de responsabilidad y las condiciones de seguridad pasaron a segundo plano
Durante el proceso, la familia cuestionó las condiciones de seguridad de la pasarela y particularmente el estado de las cintas refractarias que marcaban sus límites. Sostuvo que estaban deterioradas, opacas y rotas en algunos sectores.
El tribunal descartó que esa situación haya sido determinante. Retomando conclusiones de la causa penal, consideró que incluso si las cintas hubieran estado en mejores condiciones, el resultado habría sido inevitable por la forma en la que Denis se desplazó.
También se descartó responsabilidad por la ausencia de una red o malla que cubriera el foso. El argumento fue que, en marzo de 2019, no existía una reglamentación que obligara específicamente a contar con ese elemento de protección.
Allí aparece uno de los puntos más sensibles que deja el caso: la diferencia entre cumplir estrictamente una normativa y asumir un deber más amplio de prevención.
El fallo concluyó que las instalaciones reunían las condiciones exigidas en ese momento. Sin embargo, la tragedia ocurrió dentro de esas instalaciones y durante un espectáculo desarrollado en el teatro. Denis cayó desde una pasarela situada sobre un foso y las consecuencias fueron irreversibles.
La sentencia determina que jurídicamente no corresponde responsabilizar al Mercedes Sosa. Eso no impide que permanezca una pregunta fuera del expediente: si un espacio puede considerarse suficientemente seguro sólo porque una medida preventiva determinada no era obligatoria al momento del hecho.
La ausencia de una exigencia normativa puede excluir una responsabilidad jurídica concreta. No necesariamente clausura el debate sobre la prevención y el deber de cuidado en un escenario.
La bronca de la familia: “Las víctimas terminan siendo culpabilizadas”
La reacción de Bárbara Hoffmann, hija de Sergio Denis, fue inmediata. “Argentina, el único país donde las víctimas terminan siendo culpabilizadas”, escribió luego de conocer la resolución.
Más tarde profundizó su cuestionamiento y sostuvo que la familia nunca inició las actuaciones simplemente detrás de una indemnización, sino porque considera que existió negligencia de quienes tenían bajo su responsabilidad el Teatro Mercedes Sosa.
Esa es, precisamente, la versión que el reciente fallo rechazó.
Pero el contraste entre ambas posiciones es brutal. De un lado, una sentencia que considera que Denis generó el riesgo que terminó provocando su propia caída. Del otro, una familia que durante años sostuvo que un artista contratado para cantar no debía quedar expuesto a sufrir semejantes consecuencias por un paso en falso.
“Hoy me duele ser Argentina”, expresó Bárbara después de conocer la decisión.
Sergio Denis no puede responder al fallo. No puede explicar qué ocurrió desde su lugar aquella noche ni discutir la idea de que fue él quien se puso en peligro. Tampoco puede contestar a la conclusión que terminó liberando de responsabilidad civil al teatro donde cayó.
Por eso, más allá de lo resuelto por la Justicia, el caso deja una discusión incómoda para Tucumán: cuando un artista entra a un escenario, ¿hasta dónde llega su obligación de cuidarse y dónde comienza la responsabilidad de quienes deben garantizar que un error, un movimiento inesperado o un paso hacia atrás no termine convertido en una tragedia?
