Las familias tucumanas destinan, en promedio, el 24,1% de sus ingresos salariales registrados al pago de cuotas, saldos mínimos de tarjetas e intereses, mientras el endeudamiento acumulado equivale a 2,5 sueldos por hogar.
El diagnóstico pertenece a un informe elaborado por Raúl y Andrés Ostengo, fundadores de Recupero Crediticio by Ostengo, una compañía de tercerización de servicios empresariales especializada en soluciones de cobranza. El estudio advierte que Tucumán presenta una fuerte contradicción: es la provincia con el menor costo absoluto para vivir, pero exhibe la peor relación del país entre los gastos básicos y el ingreso disponible, con un índice de 1,59.
El costo mensual de alquilar una vivienda de tres ambientes y cubrir la canasta básica alcanza los $ 1.562.101, frente a un salario neto promedio de $983.566. La diferencia asciende a $578.535 y obliga a numerosos hogares a recurrir al crédito para financiar alimentos, servicios y otros gastos cotidianos.
El informe define este proceso como un “default por subsistencia”: las familias ya no se endeudan principalmente para comprar bienes durables o realizar inversiones, sino para cubrir consumos esenciales ante un presupuesto doméstico estructuralmente deficitario.
“Casi uno de cada cuatro pesos del ingreso de los trabajadores formales tucumanos se destina exclusivamente a cancelar pasivos”, explicó Andrés Ostengo. Esta situación reduce todavía más la liquidez disponible para afrontar alimentos, alquileres y tarifas de servicios públicos.
El estudio identifica al sector público como el principal núcleo de endeudamiento en provincias como Tucumán. Atribuye esa situación a que los salarios estatales no evolucionaron al mismo ritmo que la inflación ni que varios gastos fijos, algunos de los cuales registraron aumentos superiores al índice general de precios.
