os familias pueden consumir prácticamente la misma cantidad de electricidad, tener electrodomésticos similares y mantener hábitos parecidos, pero si una vive en Tucumán y la otra en La Rioja la diferencia en la factura puede alcanzar decenas de miles de pesos. La comparación volvió a generar indignación entre los usuarios tucumanos luego de conocerse datos sobre las tarifas residenciales que muestran una brecha considerable entre ambas provincias.
En Tucumán, dependiendo de la categoría, los subsidios y el nivel de consumo, el cargo variable puede ubicarse en valores sensiblemente superiores a los de La Rioja, aunque la comparación exige una precisión: el relevamiento nacional del Observatorio de Tarifas y Subsidios del IIEP de la UBA-Conicet correspondiente a julio calculó, para un hogar sin subsidios y con un consumo de referencia de 265 kWh mensuales, una factura de aproximadamente $87.049 en Tucumán, mientras que en La Rioja el monto era de $55.397. Es decir, tomando la factura completa y un mismo consumo de referencia, Tucumán resultaba aproximadamente un 57% más caro. No es exactamente el doble, pero sí una diferencia suficientemente importante como para abrir una pregunta incómoda: ¿por qué un tucumano debe pagar mucho más si la electricidad que ingresa al sistema mayorista se determina bajo parámetros nacionales?
La energía mayorista es la misma, pero la factura final depende también de cada provincia
La respuesta obliga a mirar más allá de EDET. Una factura eléctrica no está formada únicamente por el costo de producir energía: el usuario paga también el transporte, la distribución, impuestos y otras cargas, y allí empiezan a aparecer las grandes diferencias entre jurisdicciones. El propio Observatorio de Tarifas y Subsidios advierte que comparar provincias requiere analizar el Valor Agregado de Distribución, conocido como VAD, la carga impositiva, la frecuencia con la que cada autoridad regulatoria actualiza las tarifas y las características particulares de cada sistema eléctrico. El VAD es especialmente importante porque remunera la actividad de la distribuidora, es decir, las redes, el mantenimiento, la operación, el personal, la infraestructura y todo lo necesario para llevar la electricidad desde el sistema hasta una vivienda. Esa parte de la tarifa depende de decisiones locales, al igual que la velocidad con la que se trasladan aumentos, los impuestos que se incorporan y la posibilidad de que el Estado provincial amortigüe parte del impacto con recursos propios.
La Rioja siguió una estrategia de mayor contención tarifaria y logró ubicarse entre las jurisdicciones con facturas eléctricas más bajas del país, mientras que Tucumán adoptó otra política. Por eso, culpar exclusivamente al Gobierno nacional por cada aumento que aparece en una boleta tampoco explica el cuadro completo. La Nación define buena parte del costo mayorista de la energía y el esquema nacional de subsidios, pero la Provincia, mediante el organismo regulador, también participa en la determinación de lo que finalmente paga cada usuario de EDET.
Y los números muestran que esas decisiones importan: aun cuando el precio mayorista sea común, el valor final que enfrenta una familia puede cambiar drásticamente de un distrito a otro.
Tucumán no es la provincia más cara, pero está muy lejos de las tarifas más bajas
Hay otro dato que también debe incorporarse para evitar una comparación incompleta: Tucumán no tenía, al menos en el relevamiento de julio, la electricidad más cara del país. Para el consumo de referencia de 265 kWh sin subsidios, los $87.049 calculados para un hogar tucumano ubicaban a la provincia alrededor de un 2,4% por debajo del promedio nacional, que llegaba a $89.205, y además Tucumán aparecía como la jurisdicción con la factura más económica del NOA dentro de aquel informe. En el otro extremo estaban provincias como Neuquén y Río Negro, con valores considerablemente superiores. Sin embargo, estar cerca del promedio nacional difícilmente sea un consuelo para una familia que observa que en La Rioja otro hogar consume lo mismo y paga alrededor de $31.600 menos por mes. Si esa diferencia se mantuviera durante un año, representaría cientos de miles de pesos.
Ahí aparece el verdadero centro de la discusión. No se trata solamente de determinar si EDET es más cara o barata respecto del promedio argentino, sino de preguntarse por qué existen brechas tan grandes entre provincias para acceder a un servicio esencial.
El propio informe nacional señala que la factura eléctrica está integrada, en promedio y para usuarios sin subsidios, por una parte correspondiente al precio de la energía, otra al valor agregado de distribución y otra a impuestos. Eso significa que una porción muy relevante de la boleta está vinculada a componentes diferentes del costo puro de generar electricidad. Por lo tanto, la discusión no puede limitarse a cuánto cuesta producir energía; también debe incluir cuánto cuesta distribuirla, qué márgenes reconoce el regulador y cuánto agrega el Estado antes de que la factura llegue al hogar.
Y todavía faltan aumentos: septiembre, octubre y noviembre tendrán nuevos ajustes
Para los tucumanos, además, la discusión no llega después de terminada la recomposición tarifaria, porque todavía quedan incrementos por delante. El ERSEPT y EDET acordaron en agosto aplicar de manera escalonada los nuevos cuadros tarifarios derivados de la revisión realizada durante este año. La resolución estableció una implementación progresiva con un 4% en septiembre, otro 3,5% en octubre y un 2,1% en noviembre. La Provincia decidió escalonar el impacto, pero no eliminó la actualización, por lo que mientras los usuarios comparan sus boletas con las de La Rioja todavía deberán absorber nuevos movimientos tarifarios en los próximos meses.
La discusión adquiere especial relevancia porque la electricidad dejó hace tiempo de ser un gasto menor dentro del presupuesto familiar. Aires acondicionados durante los meses de calor, heladeras, freezers, bombas de agua, computadoras y otros equipos básicos de una vivienda dependen de un servicio cuyo costo ocupa una porción cada vez mayor de los ingresos. Para comercios y pequeñas empresas, el problema puede ser aún más fuerte, porque la electricidad forma parte directa de sus costos y termina trasladándose, en mayor o menor medida, al precio de los productos. La comparación con La Rioja deja entonces algo más que una curiosidad estadística: demuestra que no existe una única tarifa inevitable determinada desde Buenos Aires.
Existen decisiones nacionales, pero también decisiones provinciales, y cuando llega la factura de EDET esa diferencia regulatoria y política termina convertida en pesos que salen directamente del bolsillo de cada usuario.
