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¿Bacheo exprés o maquillaje urbano? Chahla presentó una solución rápida para calles que necesitan respuestas de fondo

La Municipalidad de San Miguel de Tucumán puso en marcha un novedoso sistema para tapar baches incluso durante los días de lluvia, feriados y fines de semana. Aunque la iniciativa promete mayor rapidez y menos complicaciones para el tránsito, abre un interrogante sobre la política de mantenimiento vial de la capital: ¿se está avanzando hacia una solución duradera o se apuesta a reparar superficialmente los síntomas del deterioro de las calles?

La intendenta Rossana Chahla presentó este lunes 2 de noviembre el denominado Bacheo Exprés, una nueva modalidad de intervención sobre las calles de San Miguel de Tucumán que utiliza un compuesto de aplicación en frío, permite habilitar rápidamente el tránsito y puede emplearse incluso bajo condiciones climáticas adversas. El lanzamiento se realizó en el barrio Villa Urquiza y estuvo acompañado por el anuncio de cuadrillas especiales que trabajarán fuera del horario habitual, durante fines de semana y feriados.

La iniciativa tiene una ventaja concreta: permite intervenir con mayor rapidez en sectores deteriorados y atender situaciones urgentes sin depender exclusivamente del funcionamiento de la planta asfáltica municipal. Sin embargo, detrás de la presentación oficial surge una discusión que va más allá de la tecnología utilizada. Tapar un bache no necesariamente equivale a resolver las causas que lo provocaron, especialmente cuando el deterioro está vinculado con problemas de drenaje, fallas estructurales del pavimento o circulación constante de vehículos pesados.

El nuevo operativo puede representar una mejora para quienes necesitan transitar diariamente por calles dañadas. Pero su verdadero éxito no debería medirse por la cantidad de intervenciones anunciadas ni por la velocidad de aplicación del material, sino por el tiempo que esas reparaciones permanezcan en condiciones y por la capacidad del municipio para evitar que los mismos sectores vuelvan a deteriorarse.

Un producto innovador, pero con resultados todavía por demostrar

El sistema utiliza Pavetron, un compuesto elaborado con biopolímeros que, según sus proveedores, puede colocarse bajo la lluvia y permitir la circulación inmediata una vez compactado. La empresa BioAsphalt sostiene que el producto ofrece una durabilidad estimada de entre 15 y 20 años en condiciones óptimas.

La promesa es atractiva, aunque plantea una pregunta fundamental: ¿existen ensayos independientes o antecedentes de uso que permitan garantizar semejante duración en las condiciones reales de las calles tucumanas? La información difundida durante el lanzamiento no incluye resultados de pruebas locales de resistencia ni un programa de seguimiento de las reparaciones.

Eso no significa que el material sea ineficaz. Las tecnologías de reparación en frío pueden ofrecer resultados satisfactorios y, dependiendo de su calidad y del procedimiento empleado, permanecer en servicio durante años. Sin embargo, tampoco corresponde dar por acreditadas las proyecciones comerciales de duración sin evaluar las características del pavimento sobre el que se aplican.

El ejemplo del pasaje Juan Cruz Varela, donde comenzó el operativo, resulta ilustrativo. Los propios vecinos señalaron que las tormentas y el tránsito permanente de camiones contribuyeron al deterioro de la calzada. Si esos factores continúan actuando sobre una estructura comprometida, la aplicación de un material resistente podría no ser suficiente para resolver el problema de fondo.

El costo del bacheo y las preguntas que faltan responder

Otro aspecto que merece atención es el económico. La presentación municipal destacó las ventajas operativas del nuevo producto, pero la información publicada no precisa cuánto pagará el municipio por el material, qué cantidad adquirió, cuál será el costo promedio por metro cuadrado intervenido ni cómo se compara su rendimiento económico con el bacheo tradicional realizado mediante la planta asfáltica municipal.

Tampoco se difundieron indicadores concretos sobre la cantidad de calles que serán reparadas, los plazos previstos para extender el programa a otros barrios o los mecanismos de evaluación de los resultados.

Estos datos resultan relevantes porque una reparación rápida no necesariamente es más económica a largo plazo. La verdadera relación entre costo y beneficio depende tanto del precio inicial como de la durabilidad, las necesidades de mantenimiento y la eventual repetición de los trabajos.

En materia de infraestructura pública, la eficiencia no debería medirse exclusivamente por la velocidad con la que una cuadrilla logra tapar un pozo. También importa cuántas veces será necesario regresar al mismo lugar y cuánto dinero terminará destinándose a una calle que, eventualmente, podría requerir una reconstrucción integral.

La transparencia en las contrataciones, la publicación de los costos y la evaluación técnica de los resultados serían herramientas concretas para demostrar que el programa constituye una mejora real y no simplemente una alternativa de mayor impacto comunicacional.

Entre la solución de emergencia y la política de infraestructura

El lanzamiento del Bacheo Exprés también pone sobre la mesa una discusión política: la diferencia entre atender las urgencias cotidianas y desarrollar una estrategia sostenida de recuperación vial.

La posibilidad de reparar baches durante un feriado o bajo la lluvia representa una mejora operativa que puede beneficiar directamente a conductores, motociclistas y peatones. Pero esa capacidad de respuesta debería integrarse a una planificación más amplia, que contemple el estado estructural de las calzadas, los desagües pluviales, el tránsito pesado y las necesidades de repavimentación.

La intendenta anticipó que el operativo continuará en Villa Urquiza y posteriormente llegará al barrio El Bosque, al tiempo que los vecinos podrán presentar reclamos para solicitar intervenciones urgentes. Será importante conocer cómo se priorizarán esos pedidos y si habrá un diagnóstico técnico que permita distinguir entre calles que necesitan una reparación puntual y aquellas cuyo deterioro requiere obras de mayor envergadura.

La diferencia entre ambas cosas estará en los resultados y no en las fotografías del operativo. Si los trabajos resisten el paso del tiempo, disminuyen las intervenciones repetidas y contribuyen a recuperar la transitabilidad de la ciudad, el municipio podrá mostrar una mejora concreta. Si los mismos baches vuelven a aparecer, el programa correrá el riesgo de convertirse en otra política de reparación permanente de problemas que nunca terminan de solucionarse.

Porque una ciudad no mejora solamente cuando tapa sus pozos: mejora cuando consigue que dejen de aparecer.

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