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Manzur se hunde en las encuestas y pierde aliados: Chahla eligió a Jaldo y su armado para 2027 se achica

Juan Manzur atraviesa uno de los momentos políticos más incómodos desde que dejó la Gobernación. Mientras intenta recuperar protagonismo territorial y mantener abierta la posibilidad de competir en 2027, una encuesta nacional lo ubicó en el puesto 68 entre los 72 senadores, con uno de los peores diferenciales de imagen de todo el país.

El dato aparece en un momento especialmente sensible para el exgobernador. Ya no controla el Gobierno provincial, perdió capacidad de incidencia sobre buena parte de la estructura formal del Partido Justicialista y una de las dirigentes que durante años formó parte de su círculo político, Rossana Chahla, terminó alineándose abiertamente con Osvaldo Jaldo.

El escenario muestra un contraste fuerte con los años en los que Manzur era el ordenador indiscutido del peronismo tucumano. Hoy intenta construir una alternativa desde afuera del esquema que conduce Jaldo, pero cada movimiento parece encontrar un oficialismo más cerrado alrededor del gobernador.

Una encuesta que lo dejó entre los cinco últimos

El relevamiento de agosto de CB Global Data ubicó a Manzur en el puesto 68 de los 72 integrantes del Senado de la Nación.

El senador de Unión por la Patria registró un diferencial de imagen de -26,8%, resultado de un 9,9% de valoración positiva frente a un 36,7% de negativa. El 53,4% restante respondió que no sabía o no tenía una opinión formada sobre él.

Además, el resultado significó un deterioro respecto de la medición anterior. Manzur estaba en el puesto 65, con un diferencial de -25,5%, por lo que perdió tres lugares en el ranking.

La caída estuvo relacionada fundamentalmente con la reducción de su imagen positiva, que pasó del 11,6% al 9,9%.

El estudio debe leerse con una salvedad: se trata de una encuesta nacional y no de un relevamiento exclusivamente realizado entre votantes tucumanos. Por lo tanto, sus resultados no pueden trasladarse automáticamente a una eventual elección provincial.

Sin embargo, el dato aporta otra señal adversa para un dirigente que fue ministro de Salud de la Nación, jefe de Gabinete, vicegobernador y dos veces gobernador de Tucumán y que ahora busca recuperar centralidad.

La encuesta se realizó entre el 20 y el 24 de agosto sobre 1.107 casos y consignó un margen de error de 2,9%. Además, la muestra fue diferente de la utilizada en el estudio anterior, por lo que la evolución entre ambos relevamientos debe interpretarse con cautela.

Chahla tomó una decisión y dejó a Manzur sin una pieza clave

Más significativo para el futuro provincial que cualquier ranking nacional fue el movimiento de Rossana Chahla.

La intendenta de San Miguel de Tucumán llegó al municipio después de haber sido ministra de Salud durante la gestión de Manzur y durante años fue identificada políticamente con ese espacio. Esa historia había alimentado las expectativas del manzurismo de contar con ella en una eventual disputa interna contra Jaldo.

Pero Chahla terminó tomando otro camino.

Primero anunció que acompañaría la reelección del actual gobernador incluso ante la posibilidad de que Manzur decidiera competir. Después confirmó que buscará un nuevo mandato en la Capital dentro del esquema político encabezado por Jaldo y Miguel Acevedo.

La foto terminó siendo tan importante como las palabras: Jaldo, Acevedo y Chahla comenzaron a mostrarse como las tres figuras centrales del oficialismo rumbo a las elecciones del 9 de mayo de 2027.

Para Manzur significó perder una dirigente con peso propio en el distrito electoral más importante de la provincia.

Además, la decisión de Chahla tuvo efectos hacia abajo. Con la intendenta alineada con la Casa de Gobierno, concejales, legisladores y dirigentes territoriales de la Capital tienen menos incentivos para abandonar la estructura oficial e incorporarse a una aventura electoral opositora dentro del propio peronismo.

Jaldo también avanzó sobre la estructura partidaria. El Consejo Provincial del PJ ratificó recientemente su respaldo a la fórmula Jaldo-Acevedo, mientras Manzur continuó desarrollando una agenda política paralela.

El escenario deja al exgobernador ante una dificultad que durante buena parte de su carrera política casi nunca había sufrido: ya no es él quien distribuye los lugares principales del oficialismo.

Los Yedlin resisten, pero el círculo de Manzur es cada vez más reducido

Distinto es, por ahora, el caso de Pablo y Gabriel Yedlin.

Aunque buena parte del antiguo manzurismo fue encontrando canales de convivencia con la administración de Jaldo, los hermanos Yedlin permanecieron vinculados políticamente al exgobernador.

En junio participaron junto a Manzur de reuniones políticas en Yerba Buena dentro de la construcción del peronismo no jaldista. Y esta misma semana Pablo Yedlin volvió a mostrar públicamente esa cercanía cuando salió en defensa del senador frente a las críticas del dirigente libertario Lisandro Catalán.

Pablo Yedlin, además, acompañó a Manzur en actividades paralelas mientras el Consejo Provincial del PJ avanzaba con el respaldo institucional a la candidatura de Jaldo.

Por eso, todavía sería apresurado incorporar a los Yedlin dentro de una lista de dirigentes que abandonaron al exgobernador.

El dato político es otro: quienes continúan con Manzur representan hoy un espacio mucho más pequeño que la estructura que llegó a conducir cuando ocupaba la Gobernación.

Chahla eligió a Jaldo. El PJ institucional también se ordenó detrás del gobernador. Intendentes, legisladores y dirigentes territoriales observan que el oficialismo ya tiene fórmula, fecha electoral y una candidata definida para retener la Capital.

Manzur, mientras tanto, sigue recorriendo la provincia y mantiene abierta la posibilidad de presentar una alternativa.

Pero deberá hacerlo desde una posición muy diferente a la que acostumbró durante más de una década. Ya no tiene detrás de sí a todo el aparato del poder provincial y tampoco puede contar automáticamente con dirigentes que alguna vez crecieron políticamente bajo su conducción.

El puesto 68 en el ranking nacional no define una elección tucumana. Pero se suma a una serie de señales políticas que sí deberían preocupar al exgobernador: pérdida de estructura, reducción de aliados y un oficialismo que, mientras él intenta volver, ya comenzó a organizarse sin esperarlo.

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