La muerte de una adolescente de 17 años en un choque entre una motocicleta y un colectivo en Famaillá volvió a colocar a la seguridad vial entre las principales materias pendientes de Tucumán. El hecho se suma a una sucesión de tragedias ocurridas durante los últimos meses en rutas, avenidas y calles de la provincia, muchas de ellas con motociclistas y jóvenes entre las víctimas.
El último siniestro ocurrió el jueves por la noche sobre la Ruta Nacional 38, a la altura del kilómetro 102, en Famaillá. Cerca de las 20.05, una motocicleta Motomel DLX negra conducida por la adolescente y un colectivo Mercedes-Benz protagonizaron una colisión cuyas causas todavía deben ser establecidas.
La joven sufrió heridas de extrema gravedad. Tras las primeras asistencias fue trasladada de urgencia al hospital de Famaillá, donde los profesionales intentaron estabilizarla. Sin embargo, aproximadamente 20 minutos después del accidente se confirmó su fallecimiento.
Una nueva tragedia en un corredor marcado por accidentes
La Justicia deberá determinar ahora cómo ocurrió el impacto. La Unidad Fiscal de Investigación y Enjuiciamiento ordenó el secuestro de ambos vehículos y dispuso la intervención de personal de Criminalística para realizar las pericias necesarias.
Durante el operativo trabajaron efectivos de la Comisaría de Famaillá, Infantería de la Unidad Regional Oeste, Patrulla Motorizada, agentes de distintas dependencias policiales y personal de Tránsito municipal. Las tareas provocaron desvíos y demoras hasta que la circulación pudo ser normalizada.
Pero más allá de las responsabilidades que puedan surgir de esta investigación puntual, la muerte de la adolescente vuelve a poner bajo la lupa las condiciones de circulación en la provincia y, especialmente, en corredores donde conviven motocicletas, automóviles, colectivos y transporte pesado.
La Ruta 38 ya fue escenario este año de otros episodios fatales. A comienzos de junio, un niño de siete años y un adolescente de 17 murieron cerca de Arcadia luego de un choque entre una motocicleta y un utilitario. Ese mismo fin de semana, tres integrantes de una familia perdieron la vida en otra colisión entre una camioneta y un camión en la zona de Palo Blanco.
Los hechos no permiten establecer por sí solos una causa común. Cada accidente tiene una mecánica que debe ser investigada individualmente. Sin embargo, su reiteración evidencia que la prevención vial continúa siendo uno de los desafíos más urgentes para las autoridades.
Las motos, protagonistas de una problemática que se repite
Una parte importante de las tragedias registradas en Tucumán tiene a motociclistas involucrados. Esa realidad plantea desafíos que van mucho más allá de los controles ocasionales.
El uso del casco, el respeto de las velocidades máximas, las condiciones de los vehículos, la iluminación, las maniobras de sobrepaso, la convivencia con unidades de mayor porte y el cumplimiento de las normas forman parte de una problemática que requiere políticas sostenidas.
A eso se suma la vulnerabilidad propia de quienes circulan sobre dos ruedas. Frente a un impacto, el motociclista prácticamente no cuenta con una estructura que absorba la energía del choque, por lo que las consecuencias suelen ser mucho más graves.
Los números conocidos durante este año también dan una dimensión del problema. Datos preliminares del Sistema Nacional de Información Criminal difundidos por autoridades provinciales indicaron que durante 2025 murieron más de 200 personas en hechos viales en Tucumán y que miles resultaron heridas.
Detrás de esas cifras hay familias atravesadas por pérdidas, personas que deben afrontar largos períodos de recuperación y un sistema sanitario que recibe diariamente a víctimas de accidentes.
La seguridad vial, por eso, no puede quedar reducida únicamente a campañas de concientización. Requiere controles permanentes, sanciones efectivas, educación vial, infraestructura adecuada y una planificación capaz de identificar cuáles son los puntos donde existe mayor riesgo.
Una deuda que reaparece después de cada muerte
Cada tragedia reactiva durante algunos días los mismos debates: el uso del casco, los controles, el estado de las rutas, la conducta de los conductores y la necesidad de reforzar la prevención. El desafío es que esas discusiones puedan convertirse en políticas sostenidas y no desaparezcan cuando el accidente deja de ocupar los titulares.
También resulta necesario evitar conclusiones anticipadas sobre el episodio de Famaillá. Hasta que las pericias estén terminadas, no se puede establecer quién tuvo responsabilidad en la colisión ni qué factor desencadenó el impacto.
Lo que sí puede afirmarse es que una adolescente de apenas 17 años perdió la vida y que su muerte se incorpora a una lista de víctimas que continúa creciendo en las calles y rutas tucumanas.
La seguridad vial depende de múltiples responsabilidades: de quienes conducen, de quienes controlan, de quienes diseñan la infraestructura y de un Estado que debe garantizar condiciones más seguras para circular.
El accidente de Famaillá vuelve a recordarlo de la manera más dolorosa. Mientras las muertes sigan repitiéndose, la seguridad vial continuará siendo una asignatura pendiente para Tucumán.
