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Encuestas a la carta: peronistas y libertarios muestran sus números mientras los sondeos pierden puntería

La carrera por la Gobernación de Tucumán en 2027 ya empezó a jugarse en un terreno conocido: el de las encuestas. El peronismo y La Libertad Avanza hicieron circular en los últimos días relevamientos propios que, aunque intentan medir un mismo escenario político, arrojan conclusiones muy diferentes. En uno, Osvaldo Jaldo aparece con una ventaja contundente. En el otro, Lisandro Catalán queda prácticamente empatado con el gobernador.

El contraste vuelve a poner sobre la mesa una discusión que acompaña a cada proceso electoral: cuánto dicen realmente las encuestas y cuánto terminan funcionando como una herramienta de instalación política. Más todavía después de varios comicios en los que los estudios de opinión quedaron lejos del resultado que finalmente apareció en las urnas.

A poco más de ocho meses de las elecciones provinciales, cada espacio ya tiene números para mostrar. Y, como suele ocurrir, son los números que mejor cuentan la historia que cada uno quiere contar.

Dos encuestas y dos escenarios completamente distintos

El estudio que circula en el oficialismo provincial fue realizado por Hugo Haime & Asociados entre el 24 de julio y el 1 de agosto, con 800 casos domiciliarios distribuidos en 20 localidades tucumanas.

Según ese trabajo, una fórmula encabezada por Jaldo junto al vicegobernador Miguel Acevedo alcanzaría el 50,1% de los votos. Bastante más atrás quedaría una eventual dupla entre Catalán y Alejandro Molinuevo, con el 31,2%. Mariano Campero junto a José Cano aparece con el 6,4% y Ricardo Bussi con Eduardo Verón Guerra, con el 4,3%.

El panorama cambia sustancialmente cuando se observa el estudio encargado por La Libertad Avanza.

La medición de Isasi/Burdman se realizó entre el 19 y el 24 de agosto, mediante 945 entrevistas presenciales en distintas ciudades de la provincia. Allí, al consultar por fuerza política, La Libertad Avanza aparece primera con el 31%, mientras que Tucumán Primero, el espacio de Jaldo, obtiene el 28,6%.

Cuando se pregunta directamente por candidatos, la diferencia se achica todavía más. En uno de los escenarios, Jaldo reúne el 29,3% y Catalán el 28,9%. Si Juan Manzur queda afuera de la competencia, el gobernador llega al 30,7% y el dirigente libertario al 29,4%.

Es decir: mientras una encuesta muestra casi 19 puntos de diferencia entre el oficialismo y el principal candidato libertario, la otra describe prácticamente un empate.

Hasta la gestión cambia según quién hace la pregunta

Las diferencias no terminan en la intención de voto.

El relevamiento de Haime señala que el 58% de los consultados aprueba la gestión de Jaldo y el 38% la desaprueba. En cambio, Isasi/Burdman registra un balance inverso: 45,3% de desaprobación contra 41,7% de aprobación.

Algo parecido ocurre cuando se mide al Gobierno nacional.

En el estudio utilizado por el oficialismo tucumano, la administración de Javier Milei cosecha un 57% de rechazo y un 40% de aprobación. En la encuesta difundida por los libertarios, en cambio, el Presidente obtiene un 47% de valoración favorable frente a un 42,7% de opiniones negativas.

Hasta el ranking de dirigentes ofrece fotografías distintas.

Haime ubica a Jaldo encabezando la imagen positiva con un índice del 66,3%. En el trabajo de Isasi/Burdman, el gobernador directamente no aparece en el cuadro de imágenes difundido y quien encabeza la valoración positiva es la intendenta Rossana Chahla.

Los números no necesariamente son incompatibles desde el punto de vista metodológico: fueron tomados en fechas diferentes, con universos, preguntas y diseños distintos. Pero políticamente producen un efecto evidente. Cada fuerza obtiene una encuesta que fortalece su propio relato.

Para el peronismo, Jaldo comienza la carrera con una ventaja considerable. Para los libertarios, Catalán ya está en condiciones de discutirle la Gobernación mano a mano.

Encuestas que sirven para la campaña, pero cada vez menos para anticipar las urnas

El problema es que la política argentina acumula antecedentes suficientes como para mirar estos pronósticos con cautela.

Las PASO presidenciales de 2023 fueron uno de los ejemplos más contundentes. Javier Milei terminó primero con poco más del 30% de los votos, un resultado que ninguno de los 12 sondeos relevados entonces por Chequeado había logrado anticipar. Algunas mediciones lo habían colocado incluso cerca de la mitad de ese porcentaje.

La historia volvió a repetirse en el balotaje. Milei derrotó a Sergio Massa por más de 11 puntos porcentuales, pero ninguna de las 14 encuestas analizadas por el mismo sitio había proyectado una diferencia de semejante magnitud. Incluso siete habían pronosticado un triunfo del candidato peronista.

Los problemas no comenzaron en 2023. Las PASO de 2019 también dejaron una diferencia mucho mayor a la esperada entre Alberto Fernández y Mauricio Macri, obligando a las consultoras a revisar nuevamente sus modelos.

Las explicaciones son varias: dificultad para construir muestras realmente representativas, ciudadanos que se niegan a responder, sectores sociales subrepresentados, electores que deciden su voto sobre el final y diferencias entre quienes dicen que irán a votar y quienes efectivamente concurren a las urnas.

Por eso, las encuestas siguen siendo útiles para medir tendencias, estados de ánimo e imágenes en un determinado momento, pero su capacidad para funcionar como pronóstico electoral viene siendo puesta a prueba elección tras elección.

En Tucumán, además, el contraste resulta especialmente visible. No hace falta esperar a 2027 para comprobarlo: dos estudios realizados con pocas semanas de diferencia ya ofrecen dos elecciones distintas.

Uno muestra a Jaldo encaminado hacia la reelección con una ventaja cercana a los 20 puntos. El otro coloca a Catalán respirándole en la nuca.

Por ahora, entonces, la primera batalla electoral no se libra en las urnas sino en las planillas. Y allí, al menos, todos pueden encontrar un número para festejar.

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