Marcelo Caponio aseguró que las obras que hoy encara la Sociedad Aguas del Tucumán sobre el acueducto de El Cadillal “se debieron haber hecho hace 35 años”. También sostuvo que la infraestructura tiene medio siglo, que nunca recibió un mantenimiento adecuado y lanzó una definición todavía más política: “faltaba decisión política”.
La afirmación instala inevitablemente otra pregunta: ¿quiénes debían haber tomado esa decisión? Porque el actual presidente de la SAT no es un técnico recién incorporado al Estado ni un funcionario que llegó a Tucumán con la gestión de Osvaldo Jaldo. Su trayectoria pública se extiende, como mínimo, desde los últimos años de la década del 2000 y atraviesa buena parte de los gobiernos peronistas que administraron la Provincia durante este siglo.
Caponio fue secretario de Gobierno durante el alperovichismo, legislador durante dos períodos, apoderado del PJ durante más de una década, funcionario nacional de un organismo dedicado específicamente a proyectos de infraestructura, defensor del Pueblo adjunto, secretario de Coordinación Institucional del Ministerio de Obras Públicas de Tucumán y, finalmente, presidente de la empresa estatal encargada justamente del agua y las cloacas.
Es cierto que no se le pueden cargar personalmente 35 años de falta de mantenimiento. Pero tampoco parece posible presentar el problema como si hubiese sido descubierto por una administración recién llegada al poder.
De la Casa de Gobierno de Alperovich a ocho años en la Legislatura
Los registros periodísticos permiten ubicar a Caponio como secretario de Gobierno de la Provincia ya en junio de 2008, durante la segunda gestión de José Alperovich. En 2009 aparece, además, ejerciendo simultáneamente como apoderado del oficialismo y secretario de Gobierno.
Permaneció en esa función hasta octubre de 2011. Ese año dejó el Ejecutivo para asumir una banca en la Legislatura provincial, a la que había llegado encabezando el acople Todos por Tucumán en la sección Capital.
Su alejamiento de la Casa de Gobierno no duró demasiado.
En agosto de 2014 pidió licencia en la Legislatura y regresó al Poder Ejecutivo como secretario de Estado de Gobierno y Justicia. Volvió así al corazón político de la administración de Alperovich y permaneció allí hasta el 27 de octubre de 2015, pocos días antes del cambio de gobernador.
Después retornó a la Cámara.
Dos veces legislador, por los períodos 2011-2015 y 2015-2019. Durante su segundo mandato presidió la estratégica comisión de Asuntos Constitucionales e Institucionales y continuó ocupando un lugar central dentro del Partido Justicialista tucumano.
Es decir que durante una parte sustancial de los años en los que hoy Caponio ubica la desinversión, él mismo era integrante de primera línea del oficialismo provincial.
Hay, además, un antecedente particularmente incómodo frente al discurso actual.
En 2014, cuando Germán Alfaro criticaba al alperovichismo por la falta de agua, cloacas e infraestructura, Caponio le reprochó que llevara muchos años ocupando lugares de conducción y sostuvo que, precisamente por eso, debía hacerse responsable de la situación de la Capital.
El razonamiento utilizado entonces por Caponio puede ahora volverse sobre su propia trayectoria: los años dentro del poder también implican asumir, al menos políticamente, una parte de la historia que se cuestiona.
En 2017 defendía a la SAT; después pasó por el área nacional y provincial de Obras Públicas
El contraste se vuelve todavía más directo al revisar qué decía Caponio específicamente sobre la SAT antes de convertirse en su presidente.
En septiembre de 2017, en medio de una pelea entre el Gobierno de Juan Manzur y el intendente Germán Alfaro por los problemas de agua y cloacas, Caponio salió públicamente a defender a la empresa.
Por entonces era legislador oficialista y apoderado del PJ. Aseguró que la SAT tenía un plan director, sostuvo que se había “avanzado muchísimo” en agua y cloacas y ofició prácticamente como vocero político de la compañía frente a las críticas de la Municipalidad.
Incluso utilizó información de la propia SAT para destacar que unas 300.000 personas habían sido beneficiadas desde 2014 por un incremento del caudal de la planta de El Cadillal.
Nueve años después, como presidente de la empresa, el diagnóstico es mucho más severo: el acueducto tiene 50 años, nunca recibió mantenimiento adecuado, las intervenciones debieron concretarse hace 35 años y “faltaba decisión política”.
Entre aquellas declaraciones y las actuales, Caponio tampoco estuvo alejado del Estado ni de la obra pública.
En febrero de 2020 fue designado por el Ministerio de Obras Públicas de la Nación como subtitular de la Unidad Ejecutora Especial Temporaria Belgrano-Norte Grande. El cargo tenía rango equivalente a subsecretario y el organismo tenía entre sus funciones gestionar proyectos de infraestructura, saneamiento, agua y obras destinadas al Norte argentino.
Renunció en marzo de 2021, en medio de la interna entre Juan Manzur y Osvaldo Jaldo.
Luego fue designado defensor del Pueblo adjunto. Permaneció allí durante parte de 2021 y renunció antes de las PASO.
Pero su vínculo con la gestión de infraestructura volvió a aparecer rápidamente.
El 1 de abril de 2022, Jaldo lo nombró secretario de Estado de Coordinación Institucional del flamante Ministerio de Obras y Servicios Públicos. La nueva cartera fue creada precisamente para centralizar la obra pública provincial y administrar una importante cantidad de proyectos financiados junto con Nación.
Caponio no tenía allí una función decorativa. Participaba de reuniones por viviendas, obras hídricas, infraestructura provincial y gestiones ante organismos nacionales. En abril de 2022, el propio Gobierno anunciaba que tenía un “diagnóstico total del estado de las obras” y Caponio integraba el equipo encargado de esa tarea.
Y hay otro dato todavía más cercano al tema que hoy cuestiona: en febrero de 2023, cuando la Provincia avanzó con trabajos vinculados con El Cadillal, Caponio ya era secretario de Coordinación Institucional de Obras Públicas y participaba de esas gestiones.
De secretario de Obras Públicas a presidente de la SAT: ¿quién debía tomar la “decisión política”?
En octubre de 2023, con la llegada de Jaldo formalmente a la Gobernación, Caponio volvió a ocupar un puesto central. Juró como director titular presidente de la Sociedad Aguas del Tucumán, empresa cuyo 90% del capital pertenece al Estado provincial.
Desde entonces conduce directamente el organismo responsable de la captación, potabilización, transporte y distribución del agua, además del servicio de cloacas en buena parte de Tucumán.
Su gestión actual puede exhibir trabajos concretos: recuperación de instalaciones de El Cadillal, nuevos pozos, intervenciones en redes, reparación de colectores y los proyectos de los acueductos de Vipos y El Cadillal. La discusión no pasa necesariamente por desconocer esas obras.
La cuestión política aparece cuando Caponio describe todo lo anterior como consecuencia de décadas de abandono y de falta de decisión política sin integrar su propia trayectoria dentro de ese período.
No estuvo 35 años a cargo de la SAT. Tampoco fue responsable durante 35 años del acueducto. Sería incorrecto adjudicarle individualmente semejante lapso.
Pero desde al menos 2008 ocupó sucesivamente lugares en la Casa de Gobierno, la Legislatura, un organismo nacional de infraestructura, la Defensoría del Pueblo, el Ministerio de Obras Públicas provincial y finalmente la SAT. Fue hombre del alperovichismo, integró el oficialismo durante las gestiones de Manzur y luego se convirtió en uno de los funcionarios de confianza de Jaldo.
Más aún: cuando la SAT era cuestionada en 2017, Caponio sostenía públicamente que la empresa tenía un plan y que había avanzado “muchísimo”. Hoy afirma que durante décadas no se realizaron tareas básicas y que lo que faltó fue voluntad política.
Ese cambio de diagnóstico es el punto que abre el interrogante.
Porque cuando el presidente de la SAT pregunta, implícitamente, por qué una obra no se hizo durante 35 años, una parte de la respuesta remite a gobiernos anteriores. Pero otra necesariamente alcanza al mismo espacio político del que Caponio formó parte durante buena parte de las últimas dos décadas.
Y, en algunos de esos años, no estuvo mirando la gestión desde afuera: estuvo sentado adentro.
