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Jaldo reunió a la tropa peronista y buscó ordenar a sus funcionarios

Osvaldo Jaldo volvió a mover el tablero del peronismo tucumano con una convocatoria amplia en el predio de ATSA, en El Cadillal. El gobernador reunió a unos 500 dirigentes de las tres secciones electorales, entre referentes territoriales, exintendentes, exlegisladores, excandidatos a concejales y dirigentes que no ocupan cargos públicos, pero que siguen trabajando dentro del Partido Justicialista.

La postal tuvo una lectura clara: Jaldo buscó mostrar volumen político, territorialidad y capacidad de mando. No fue sólo una reunión de trabajo institucional, sino también una demostración hacia adentro del oficialismo, en momentos en que distintos sectores del PJ empiezan a moverse con la mirada puesta en el escenario electoral que viene.

El mensaje fue directo para la militancia y también para los funcionarios: el poder político pasa por la Casa de Gobierno y la conducción del espacio tiene dueño. En ese esquema, el gobernador intenta evitar dispersión, ordenar expectativas y dejar en claro que cualquier construcción electoral deberá pasar por su mesa.

Acevedo y Chahla, señales para cerrar filas

Jaldo no estuvo solo. Lo acompañaron el vicegobernador Miguel Acevedo y la intendenta de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla, dos figuras centrales para sostener el armado institucional del oficialismo. La presencia de ambos funcionó como una señal de unidad entre la Provincia, la Legislatura y la Capital.

Acevedo buscó reforzar el discurso de cohesión y apuntó a consolidar al peronismo frente a los próximos desafíos electorales. Su rol es clave porque la Legislatura aparece como una pieza indispensable para garantizar gobernabilidad, aprobar herramientas de gestión y contener a los distintos sectores internos.

Chahla, por su parte, volvió a quedar ubicada dentro del esquema jaldista. La intendenta capitalina es una de las dirigentes con mayor peso territorial y electoral, especialmente por el valor estratégico de San Miguel de Tucumán. Su presencia en el encuentro no pasó desapercibida: para Jaldo, mostrarla alineada es también exhibir control sobre la Capital y enviar un mensaje a quienes especulan con fisuras dentro del peronismo.

Funcionarios bajo observación y territorio como prioridad

La convocatoria también tuvo un destinatario interno: los funcionarios del gabinete. Jaldo viene insistiendo en la necesidad de estar cerca de la gente, escuchar reclamos y resolver problemas concretos. En ese marco, la reunión con dirigentes que caminan los barrios, municipios y comunas sirvió para recordarles a los funcionarios que la gestión no puede quedar encerrada en los despachos.

El ministro del Interior, Darío Monteros, puso el acento en el trabajo territorial y en el contacto directo con los vecinos. Ese discurso coincide con la estrategia del gobernador: provincializar la discusión, responsabilizar al Gobierno nacional por el deterioro económico y presentar a la administración tucumana como un dique de contención frente al ajuste.

Pero hacia adentro, la advertencia es otra. Jaldo necesita funcionarios alineados, con presencia territorial y sin juegos propios que compliquen la conducción. La reunión en ATSA buscó ordenar a la dirigencia, contener a los que quedaron sin cargos y activar una red política que puede ser decisiva en la próxima elección.

En definitiva, el gobernador no sólo juntó dirigentes. Mostró estructura, marcó autoridad y dejó un mensaje para todo el peronismo tucumano: en tiempos de reacomodamientos, la lapicera sigue estando en sus manos.

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