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El primer día de clases pasado por agua: la tormenta que desnudó la crisis estructural de las escuelas tucumanas

El inicio del ciclo lectivo en Tucumán prometía ser una jornada de reencuentros y guardapolvos blancos, pero la realidad, al igual que el clima, nos dio un duro golpe de frente. Una tormenta repentina y feroz bastó para que el espejismo del «aprestamiento escolar» se diluyera entre calles anegadas y aulas inundadas. Es inadmisible que en pleno siglo XXI, el derecho a la educación de nuestros chicos dependa de si el cielo decide o no descargar su furia sobre la provincia.

Edificios que no resisten un chaparrón

Las imágenes que llegaron desde distintos puntos de la capital, como las inmediaciones de la Maternidad o la avenida Mate de Luna, mostraron un panorama desolador que rápidamente se trasladó al interior de las instituciones educativas. El caso de la Escuela Técnica N° 4, ubicada en el barrio Juan XXIII (conocido popularmente como «La Bombilla»), es el fiel reflejo de la desidia. En pleno primer día, el personal tuvo que improvisar y trasladar a los alumnos a la planta alta para escapar del agua. Patios con cerámicos faltantes, escasez de personal de limpieza y una infraestructura precaria son el indignante escenario donde pretendemos formar el futuro de Tucumán.

Más allá de los ladrillos: la odisea de enseñar y aprender

Sin embargo, la crisis educativa no se limita únicamente a techos que gotean o calles intransitables; la escuela es una comunidad que hoy se encuentra a la deriva. Faltan docentes en las aulas y personal auxiliar para garantizar la higiene básica, obligando muchas veces a los propios maestros a oficiar de conserjes. A esto se suma la odisea que viven los educadores del interior provincial, quienes se topan con caminos de tierra destrozados y un servicio de transporte público ineficiente que les impide llegar a sus puestos. ¿El resultado de esta cadena de fallas? Chicos con horas libres que terminan en las esquinas, expuestos a los peligros de la calle y a las adicciones, totalmente alejados de la contención que la escuela debería brindarles.

Excusas oficiales frente a una realidad innegable

Desde el Ministerio de Educación intentan justificar estas falencias argumentando que la inestabilidad del tiempo y las lluvias de enero y febrero impidieron acondicionar los establecimientos a tiempo. Una excusa que resulta, cuanto menos, insuficiente cuando vemos que los problemas son crónicos y profundos. Antes de que la tormenta trajera algo de descenso de temperatura, nuestros estudiantes debieron enfrentar el inicio de jornada con un calor agobiante en aulas donde brillan por su ausencia los ventiladores, y ni hablar de las recurrentes fallas en el suministro de agua para los baños. No podemos hablar de un verdadero regreso a clases si el Estado no garantiza las condiciones mínimas de dignidad, tanto edilicias como humanas, para que la escuela vuelva a ser un lugar donde se pueda enseñar y aprender.

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