La fragilidad del mercado laboral tucumano vuelve a quedar reflejada en las estadísticas. Durante el primer trimestre de 2026, el 44,8% de los asalariados del Gran Tucumán-Tafí Viejo trabajó sin descuento jubilatorio, una de las principales referencias utilizadas para medir la informalidad laboral.
El dato adquiere todavía mayor dimensión cuando se observan los ingresos. Los trabajadores que se encuentran en esa situación percibieron, en promedio, $553.418, mientras que aquellos que cuentan con aportes jubilatorios alcanzaron un ingreso promedio de $1.217.751.
La diferencia supera los $660.000 mensuales y muestra que la informalidad no implica solamente trabajar sin aportes, cobertura o estabilidad: también significa quedar atrapado en el segmento de menores ingresos.
Los números surgen de un informe técnico de la Dirección de Estadística de la Provincia sobre la distribución del ingreso correspondiente a los primeros tres meses de 2026.
Trabajar en negro también significa cobrar mucho menos
En el aglomerado Gran Tucumán-Tafí Viejo se estimaron 410.215 personas ocupadas, equivalentes al 44% de la población total relevada.
Dentro de ese universo, los asalariados representan el 69,8%. Sin embargo, casi uno de cada dos carece de descuento jubilatorio.
La brecha económica entre ambos grupos resulta contundente. Mientras un asalariado registrado supera en promedio los $1,2 millones mensuales, aquel que trabaja en la informalidad apenas supera los $553.000.
Es decir que el trabajador informal percibe, en promedio, menos de la mitad del ingreso de uno registrado.
La diferencia expone uno de los principales problemas estructurales de la economía tucumana. Conseguir trabajo no necesariamente implica salir de una situación de vulnerabilidad. Para decenas de miles de personas, tener empleo sigue significando hacerlo con menores salarios y sin las protecciones asociadas al empleo formal.
La desigualdad también golpea con fuerza a las mujeres
El informe provincial muestra además que las diferencias no terminan en la registración laboral.
Durante el primer trimestre del año, el ingreso promedio de los varones alcanzó los $1.057.957, mientras que el de las mujeres se ubicó en $735.288.
En términos simples, por cada $100 que recibió en promedio un varón, una mujer percibió $70.
La desigualdad también aparece cuando se analiza cómo se reparte el ingreso entre los distintos sectores de la población.
El 10% de los habitantes con menores ingresos concentró solamente el 2,5% del total, mientras que el 10% ubicado en la parte superior de la pirámide reunió el 27,7%.
La distancia entre ambos extremos es significativa: el decil de mayores recursos percibe alrededor de 11 veces más que el de menores ingresos.
A esto se suma otro factor. Los hogares ubicados en los sectores de menores ingresos tienden a estar integrados por más personas: tienen un promedio de 4,4 miembros, frente a apenas 1,7 integrantes en los hogares del decil más alto.
Tener empleo ya no alcanza para garantizar estabilidad
Las cifras muestran una realidad que excede las discusiones sobre desempleo. En Tucumán, el problema no pasa únicamente por conseguir un puesto laboral, sino también por la calidad del trabajo disponible y el ingreso que genera.
El ingreso promedio de la ocupación principal se ubicó en $879.339, pero esa cifra esconde realidades completamente diferentes según el trabajador esté registrado o permanezca en la informalidad.
La presión también se traslada a las familias. El informe contabilizó 288.642 hogares y determinó que aquellos que reciben ingresos alcanzaron un promedio familiar de $1.809.881.
Además, por cada 100 personas ocupadas existen otras 128 que no tienen una ocupación, mientras que por cada 100 personas que perciben algún tipo de ingreso hay otras 59 que no reciben ninguno.
El panorama deja expuesto uno de los grandes desafíos económicos de Tucumán: no alcanza con generar puestos de trabajo si casi la mitad de los asalariados permanece fuera de la formalidad.
Porque detrás del 44,8% hay trabajadores sin aportes jubilatorios y con ingresos considerablemente menores que sus pares registrados.
La estadística muestra así una realidad incómoda: en Tucumán, para una parte demasiado grande de la población, tener trabajo todavía está lejos de significar tener seguridad económica.
