La inflación de febrero volvió a dejar a Tucumán por encima de la media nacional y confirmó un problema que en la provincia ya se siente en la calle mucho antes de que lo reflejen las estadísticas: vivir cuesta más. El salto mensual del 3,4% no sólo superó el 2,9% del promedio país, sino que además mostró que el golpe vuelve a recaer sobre dos rubros decisivos para cualquier hogar: los servicios y los alimentos.
Este comportamiento estuvo fuertemente influenciado por el rubro de gastos del hogar y servicios, que empujaron el nivel general de precios ante los ajustes tarifarios. Al desglosar el comportamiento por divisiones, el informe técnico de la DEP destaca que la mayor variación mensual se produjo en “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” con un 4,7%, seguida de cerca por “Alimentos y bebidas no alcohólicas” con un 4,3%. Otros rubros que mostraron incrementos por encima del nivel general fueron “Restaurantes y hoteles” (3,7%), “Recreación y cultura” (3,0%), “Comunicación” (2,8%) y “Salud” (1,5%). En el extremo opuesto, las menores variaciones se registraron en “Educación” (0,1%), un dato llamativo puesto que febrero suele ser un mes con preponderancia en lo que respecta a las compras efectuadas en torno al inicio de clases, “Prendas de vestir y calzado” (0,1%) y “Transporte” (0,8%).
Cuando suben la vivienda, la luz, el gas, el agua y la comida, no se encarece un consumo excepcional sino la estructura misma de la vida cotidiana. Por eso el deterioro tiene un efecto más profundo en Tucumán. El bolsillo no sólo absorbe aumentos, también pierde margen para sostener otros gastos, desde el comercio barrial hasta pequeños consumos que mueven la economía local. El resultado es una provincia que siente más rápido el ajuste y que entra en una dinámica de precios altos con actividad débil.
La presión impositiva y la falta de alivio agravan la asfixia de las pymes
En ese contexto, el reclamo empresario se vuelve cada vez más nítido: no alcanza con estabilizar variables macro si no aparece un programa concreto de alivio para la producción. Las pymes siguen trabajando con costos financieros altos, consumo retraído y una carga tributaria que, según distintos relevamientos, sigue siendo uno de los principales frenos para crecer. En particular, Ingresos Brutos y las tasas municipales aparecen en el centro de las críticas por su efecto acumulativo sobre ventas, márgenes y capital de trabajo.
Ahí está uno de los nudos que más castigan a Tucumán. Mientras el costo de vida corre por encima del promedio nacional, las empresas locales deben enfrentar una estructura impositiva que no se flexibiliza al ritmo de la crisis. En la lectura del sector privado, lo que falta no es sólo una baja de inflación, sino un plan económico y tributario que contemple la realidad del interior productivo: menos presión sobre la actividad formal, menos cargas distorsivas y herramientas para sostener inversión y empleo. Sin esa corrección, la estabilización corre el riesgo de convertirse en una mejora estadística sin traducción real para quienes producen.
Los cierres ya no son advertencia, sino un síntoma del deterioro
Lo más delicado es que el problema dejó de ser una discusión teórica. En Tucumán ya se habla abiertamente de empresas que bajan persianas y de pymes que no logran sostenerse. La crisis industrial y comercial empezó a mostrar nombres concretos, plantas paralizadas y puestos de trabajo en riesgo. Cuando el entramado empresario entra en ese punto, el impacto excede a los dueños: cae el empleo, se retrae el consumo y se achica todavía más la economía provincial.
Por eso la inflación por encima de la media nacional no puede leerse como un dato aislado. Es parte de una secuencia más amplia: suben los gastos básicos, no aparece un alivio tributario de fondo y cada vez más firmas quedan al límite. En Tucumán, el costo de vida ya no se discute sólo en las góndolas o en las boletas de servicios. También se discute en talleres, comercios y fábricas que hacen cuentas todos los días para seguir abiertos. Y ahí es donde empieza a verse con más claridad la dimensión del problema: una provincia más cara, con empresas más débiles y con un horizonte económico que todavía no ofrece un plan convincente para salir de esa trampa.
