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El Padilla volvió a mostrar la cara más cruda del descontrol vial en Tucumán

El Hospital Padilla registró un fuerte incremento de consultas durante el fin de semana largo, con un crecimiento de entre el 22% y el 25% en la demanda de atención. El dato encendió una nueva alarma en el sistema sanitario tucumano, especialmente por el peso que volvieron a tener los siniestros viales entre los ingresos a la guardia.

El director del hospital, Mario Sardón Traverso, advirtió que el aumento se sintió con fuerza durante los días centrales del feriado. Según precisó, el 9 de julio se atendieron 484 pacientes, mientras que el 10 de julio la cifra se mantuvo entre 460 y 480 consultas.

Las motos, otra vez en el centro del problema

El principal factor detrás del incremento fueron los accidentes de tránsito. En una jornada habitual, el Padilla suele recibir entre 15 y 20 siniestros viales. Sin embargo, entre el 10 y el 11 de julio el promedio trepó a entre 22 y 25 casos diarios de magnitud considerable.

La mayoría de los lesionados fueron motociclistas, involucrados en choques entre motos o en colisiones con automóviles. El cuadro se repite una y otra vez: conductores sin casco, sin elementos de protección y, en muchos casos, bajo los efectos del alcohol.

El dato vuelve a desnudar una problemática estructural en Tucumán. La moto se consolidó como medio de transporte masivo, pero la falta de controles efectivos y la baja conciencia vial siguen convirtiendo cada fin de semana largo en una postal previsible para las guardias hospitalarias.

Una guardia saturada por conductas evitables

El aumento de pacientes no solo implica mayor presión sobre médicos, enfermeros y personal de emergencia. También refleja el costo sanitario de conductas que podrían prevenirse con medidas básicas: uso de casco, respeto por las normas de tránsito, controles de alcoholemia y responsabilidad al volante.

En el Padilla, los siniestros viales no son una excepción, sino una rutina cada vez más pesada. La guardia termina absorbiendo las consecuencias de una combinación peligrosa: imprudencia, consumo de alcohol, velocidad y ausencia de protección.

Las autoridades sanitarias remarcan que muchos de estos cuadros podrían evitarse. Sin embargo, la repetición de casos muestra que los mensajes de prevención no alcanzan cuando no van acompañados de controles sostenidos y sanciones concretas.

El costo humano del desorden en las calles

El incremento de consultas durante el fin de semana largo vuelve a poner en discusión el rol del Estado frente al caos vial. No se trata solo de estadísticas hospitalarias: detrás de cada ingreso hay familias golpeadas, tratamientos prolongados, secuelas físicas y recursos públicos destinados a atender tragedias evitables.

Tucumán enfrenta desde hace años una epidemia silenciosa de siniestros viales, con las motos como protagonistas principales. El Padilla, como centro de referencia, termina siendo el lugar donde ese desorden se vuelve visible.

La advertencia de los médicos debería funcionar como un llamado de atención. Mientras no haya una política sostenida de prevención, control y educación vial, las guardias seguirán recibiendo cada fin de semana el mismo resultado: jóvenes heridos, familias angustiadas y un sistema sanitario obligado a responder ante lo que pudo haberse evitado.

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