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De aliados a enemigos: los “caniches” de Manzur y el jaldismo se cruzan después de años de compartir el poder

La interna del peronismo tucumano volvió a subir de tono y dejó una postal conocida: dirigentes que durante años compartieron espacios de poder hoy se presentan como adversarios irreconciliables.

Pablo Yedlin, uno de los principales dirigentes vinculados a Juan Manzur, acusó a Osvaldo Jaldo de haberse convertido en el “perro faldero de Milei”. La respuesta llega pocos días después de que el gobernador calificara como “caniches” a los dirigentes que, según él, Manzur manda a hablar en su nombre.

Las chicanas pueden ser nuevas. Los protagonistas, no.

Jaldo y Manzur gobernaron juntos, construyeron estructuras políticas en conjunto, se enfrentaron en 2021, se reconciliaron poco después y volvieron a compartir un proyecto electoral en 2023.

Y muchos de quienes ahora se presentan como críticos de Jaldo fueron parte de ese mismo armado.

Por eso, más que una pelea entre dos modelos distintos, la disputa actual aparece como otra batalla dentro de un mismo sistema de poder que gobernó Tucumán durante años.

Los que hoy critican a Jaldo hicieron campaña para llevarlo a la Gobernación

El archivo muestra con claridad la velocidad con la que cambian las lealtades políticas. En 2023, Pablo Yedlin pedía votos para la fórmula encabezada por Osvaldo Jaldo y Juan Manzur. Hablaba de un “equipo” y formaba parte del esquema electoral oficialista que buscaba garantizar la continuidad del peronismo provincial.

No estaba afuera del sistema que hoy cuestiona. Era parte. Como también lo fueron buena parte de los dirigentes que ahora se reagrupan alrededor de Manzur.

Jaldo, por su parte, tampoco puede presentarse como alguien ajeno a ese pasado. Fue vicegobernador de Manzur, integró durante años la estructura oficialista y compartió con él decisiones políticas, candidaturas y estrategias electorales.

Incluso después del fuerte enfrentamiento que protagonizaron en 2021, ambos volvieron a sellar un acuerdo para presentarse juntos en 2023.

El entendimiento duró mientras los intereses coincidieron.

Ahora que la discusión gira alrededor de quién conducirá el peronismo y quién tendrá el control de la Provincia en 2027, las viejas alianzas volvieron a convertirse en rivalidades.

Manzur se mantiene al margen y deja que otros salgan a golpear

Una de las particularidades de esta nueva etapa es la posición de Juan Manzur.

El ex gobernador recorre la provincia, mantiene reuniones políticas y alimenta las especulaciones sobre una posible candidatura para 2027, pero evita hasta ahora protagonizar personalmente los cruces más duros con Jaldo.

Son dirigentes de su entorno quienes ocupan esa primera línea. Yedlin acaba de lanzar una de las críticas más fuertes al acusar al gobernador de subordinación política frente al presidente Javier Milei.

Otros dirigentes vinculados al manzurismo también vienen endureciendo sus cuestionamientos contra la administración provincial.

Jaldo respondió usando la figura de los “caniches” para describir a quienes, según su interpretación, hablan en representación de Manzur.

Pero tampoco el jaldismo se mantiene al margen de la lógica de confrontación.

El gobernador aprovecha cada oportunidad para desafiar a su antiguo socio, cuestionar su liderazgo y presentarlo como alguien que no se anima a enfrentar directamente la disputa.

Así, mientras Manzur evita exponerse demasiado y deja actuar a sus dirigentes, Jaldo utiliza esas intervenciones para alimentar una interna que también le sirve para consolidar su propia conducción.

Los dos sectores necesitan del enfrentamiento.

Unos para volver a construir una alternativa dentro del PJ.

Los otros para reforzar el poder que ya tienen.

La pelea no es entre dos proyectos: es entre dos sectores que durante años fueron parte de lo mismo

La discusión puede presentarse como una batalla entre jaldismo y manzurismo, pero ambos espacios tienen una historia demasiado entrelazada como para mostrarse ahora como expresiones completamente diferentes.

Gobernaron juntos. Compartieron cargos. Construyeron listas. Se acompañaron electoralmente. Se enfrentaron cuando aparecieron diferencias por el poder. Se reconciliaron cuando necesitaron preservar ese mismo poder. Y ahora vuelven a enfrentarse ante la proximidad de 2027.

Yedlin simboliza bien esa transformación. Hace tres años trabajaba para que Jaldo llegara a la Gobernación.

Hoy lo acusa de ser el “perro faldero” de Milei. Jaldo, que durante años fue socio político de Manzur, ahora acusa al ex gobernador de esconderse detrás de sus “caniches”.

No hay demasiada novedad en el mecanismo.

Lo nuevo son las palabras.

La disputa de fondo sigue siendo la misma: quién controla el peronismo tucumano, quién define las candidaturas y quién conserva el poder provincial.

Por eso, presentar a uno de los sectores como víctima del otro sería simplificar demasiado la historia.

Jaldo no es un extraño dentro del sistema político que cuestionan los manzuristas.

Y los manzuristas tampoco son una oposición surgida desde afuera.

Son dos expresiones de una misma estructura que durante años gobernó unida y que ahora se divide mientras pelea por el futuro.

Hoy se insultan.

Ayer fueron socios.

Y en la política tucumana, tampoco sería extraño que mañana volvieran a sentarse en la misma mesa.

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