Los vecinos del barrio San Carlos dicen que ya no pueden caminar tranquilos por sus propias calles. Robos de celulares, arrebatos violentos, ataques contra vehículos y grupos que se reúnen en las esquinas forman parte de una situación que, según denuncian, se agravó durante el último mes. El reclamo expone dos responsabilidades políticas concretas: la falta de una respuesta efectiva del Ministerio de Seguridad y las deficiencias de iluminación que corresponden al ámbito municipal.
La protesta se concentró en la zona de avenida Adolfo de la Vega al 700, donde los residentes cortaron la arteria para exigir medidas urgentes. El pedido principal es conocido desde hace meses: quieren una garita policial fija o, como mínimo, patrullajes permanentes que permitan recuperar presencia estatal en un sector que consideran liberado a la delincuencia.
El problema, sin embargo, no se limita a la Policía. Los vecinos también describen sectores donde la oscuridad facilita el accionar de los delincuentes. En ese punto, la Municipalidad de San Miguel de Tucumán, encabezada por Rossana Chahla, tiene responsabilidad sobre el mantenimiento y los servicios urbanos de la Capital.
Una garita que pidieron hace tres meses y nunca llegó
El dato que más compromete a las autoridades de Seguridad es que el reclamo no comenzó esta semana.
Hace aproximadamente tres meses, los vecinos mantuvieron una reunión con integrantes de la cúpula policial en una vivienda del barrio. Allí plantearon directamente la necesidad de instalar una garita y reforzar los recorridos policiales.
Según relató una de las vecinas, los policías les explicaron que la colocación de las garitas depende del Ministerio de Seguridad y que existían cientos de pedidos similares en distintos puntos de Tucumán. La respuesta inmediata fue una promesa de mayor patrullaje.
Pero los residentes sostienen que esa presencia duró apenas dos noches.
Después, los móviles dejaron de recorrer regularmente la zona y los hechos delictivos continuaron. Para los vecinos, la explicación administrativa ya no alcanza: hicieron el pedido, expusieron la situación y esperaron durante meses sin obtener la solución reclamada.
La conducción política del área corresponde al Ministerio de Seguridad, actualmente a cargo de Eugenio Agüero Gamboa, dentro del Gobierno provincial que encabeza Osvaldo Jaldo. El propio Gobierno presenta las políticas de seguridad como decisiones impulsadas por la gestión provincial.
Por eso el reclamo también llega hasta Jaldo. Si el Ejecutivo provincial sostiene que la seguridad es una de sus prioridades, el caso de San Carlos muestra un barrio donde los vecinos aseguran haber pedido prevención con anticipación y no haber recibido una respuesta sostenida.
Robos, ataques y vecinos que dejaron de sentirse libres
Los testimonios describen una situación cotidiana cada vez más compleja.
Hubo arrebatos de carteras y celulares, algunos acompañados por golpes y arrastres. También se denunciaron roturas de vidrios de automóviles estacionados y robos de distintos elementos en viviendas y comercios de la zona.
Uno de los episodios más graves relatados por los residentes involucró a una joven que regresaba de trabajar durante la madrugada. Según el testimonio recogido por LA GACETA, fue arrastrada, sufrió una fractura en una pierna y le robaron el vehículo. Los vecinos señalaron además que, pese a los llamados realizados, no habría llegado inmediatamente un móvil policial ni una ambulancia.
Otra mujer contó que tres jóvenes en una motocicleta le robaron el celular cuando regresaba de trabajar alrededor de las 17.30.
A eso agregan la presencia de grupos en las esquinas y el temor permanente a ser abordados.
“No somos libres de andar por la calle porque no hay presencia policial”, resumió una vecina.
Ese diagnóstico es particularmente grave porque ya no se trata solamente de estadísticas delictivas. Los habitantes modificaron sus rutinas, reforzaron rejas, colocaron cámaras quienes pudieron pagarlas y comenzaron a evitar determinados horarios y sectores.
Jaldo por la seguridad, Chahla por una ciudad que también necesita luz
La respuesta al problema requiere responsabilidades diferenciadas.
Del lado provincial, el Gobierno de Osvaldo Jaldo y el Ministerio de Seguridad tienen bajo su órbita la prevención policial. El reclamo de San Carlos apunta justamente a una medida concreta que los vecinos solicitaron hace meses: una garita fija y patrullajes constantes.
La Policía sostiene que realiza gestiones para atender el planteo y pidió a los damnificados que formalicen las denuncias para diseñar operativos e identificar a los responsables.
Pero para quienes viven allí, denunciar después de sufrir un robo no reemplaza la prevención que vienen solicitando.
Del otro lado aparece la Municipalidad conducida por Rossana Chahla. En un barrio donde la inseguridad se combina con problemas de iluminación, el estado del espacio público pasa a formar parte de la discusión. Una avenida oscura, esquinas con poca visibilidad y sectores sin una adecuada iluminación generan condiciones que profundizan la sensación de desprotección.
La falta de luz no convierte automáticamente a un lugar en inseguro ni vuelve responsable al Municipio de los delitos cometidos. Pero sí existe una responsabilidad municipal sobre el espacio urbano y su mantenimiento, y en una zona atravesada por hechos reiterados ese aspecto adquiere una importancia todavía mayor.
Por eso el reclamo de San Carlos no debería quedar atrapado en el pase de responsabilidades entre organismos.
Los vecinos ya avisaron. Se reunieron con la Policía, solicitaron una garita, reclamaron patrullajes y ahora tuvieron que cortar una avenida para ser escuchados.
Mientras tanto, la responsabilidad política se reparte entre dos administraciones: el Gobierno de Osvaldo Jaldo, que debe garantizar una respuesta efectiva en materia de seguridad, y la Municipalidad de Rossana Chahla, que debe garantizar condiciones adecuadas de iluminación y mantenimiento del espacio público.
En San Carlos, los vecinos no piden explicaciones administrativas. Piden algo bastante más básico: poder volver a caminar por su barrio sin miedo.
