Los hogares tucumanos sumarán desde este mes un nuevo gasto fijo a una economía doméstica cada vez más exigida. La boleta de la luz llegará con aumentos de hasta el 10%, una suba que impactará de manera directa sobre miles de usuarios en la provincia y que vuelve a tensionar el presupuesto familiar en un contexto de ingresos ajustados y servicios en alza.
La actualización alcanza tanto a quienes tienen subsidio como a quienes no. Según el esquema oficial, el incremento rondará el 7% para los usuarios alcanzados por beneficios nacionales y llegará al 10% para los que pagan tarifa plena. Aunque el porcentaje puede parecer acotado frente a otros saltos tarifarios anteriores, el problema es acumulativo: cada nuevo ajuste se monta sobre una estructura de gastos que ya viene resentida por alimentos, transporte, alquileres y otros servicios esenciales.
Además, el impacto llega después del verano, cuando muchas familias todavía arrastran consumos altos por el uso intensivo de ventiladores y aires acondicionados. Es decir, no se trata solo de una suba aislada, sino de otro golpe sobre facturas que ya venían pesadas.
El “pase directo” de costos nacionales vuelve a sentirse en la boleta
El nuevo cuadro tarifario fue aprobado por el Ersept y responde a una modificación de los costos mayoristas de la energía definidos por la Secretaría de Energía de la Nación. El mecanismo aplicado es el conocido “Pass Through”, mediante el cual la distribuidora traslada a la factura final el mayor costo de generación y transporte, sin que ese monto forme parte de sus ingresos propios.
En los hechos, eso significa que una decisión tomada a nivel nacional termina reflejándose sin escalas en la economía cotidiana de los tucumanos. La administración de Javier Milei comenzó este año a aplicar variaciones que habían quedado demoradas durante 2025, y esa recomposición ya empezó a sentirse en las tarifas eléctricas.
El dato que más inquieta hacia adelante es que este ajuste podría no ser el último en el corto plazo. En el sector energético ya se menciona la posibilidad de otra recomposición para el próximo trimestre, lo que abriría la puerta a un nuevo aumento en mayo. Así, la luz aparece otra vez como una de las variables que más presionan sobre el gasto mensual.
Menos alivio y más exigencias para conservar el subsidio
A la suba tarifaria se suma un cambio de fondo en el sistema de subsidios. El Gobierno nacional reemplazó la segmentación anterior por un régimen simplificado con solo dos categorías: hogares con subsidio y hogares sin subsidio. En adelante, el beneficio quedará concentrado en quienes acrediten ingresos inferiores a tres Canastas Básicas Totales.
El esquema mantiene una bonificación del 50% sobre el precio estacional de la energía y agrega durante 2026 un descuento extraordinario adicional que se irá reduciendo de manera gradual. Pero ese alivio tendrá límites concretos: solo se aplicará hasta determinados topes de consumo mensual, y todo excedente se cobrará a valor pleno.
Eso vuelve más frágil la situación de muchas familias tucumanas, sobre todo en una provincia donde las altas temperaturas empujan la demanda eléctrica durante buena parte del año. En ese escenario, el debate ya no pasa solo por cuánto sube la tarifa, sino por cuánto resiste el bolsillo. Porque cada ajuste en la luz deja de ser un dato técnico para convertirse, cada vez más, en un problema doméstico.
