El gobernador Osvaldo Jaldo volvió a dar una señal de su cercanía con el alfarismo al recibir este lunes en Casa de Gobierno a la senadora nacional Beatriz Ávila, esposa del exintendente capitalino Germán Alfaro y una de las principales referentes del Partido por la Justicia Social (PJS). Oficialmente, la reunión estuvo dedicada a analizar proyectos legislativos, obras públicas, seguridad y cuestiones vinculadas con la política nacional y provincial. Sin embargo, el encuentro difícilmente pueda interpretarse como un hecho aislado dentro de la dinámica política tucumana. Por el contrario, representa otro capítulo de una relación que el mandatario viene cultivando con el sector de Alfaro, incluso cuando las diferencias de este último con la intendenta Rossana Chahla generan incomodidades dentro del propio oficialismo.
La reunión adquiere una dimensión particular por el momento elegido. Con las elecciones provinciales de 2027 cada vez más cerca, Jaldo procura consolidar un armado político amplio que le permita sostener su liderazgo, mientras el alfarismo busca conservar protagonismo en una capital que gobernó durante ocho años y que perdió en las elecciones de 2023. En ese escenario, el gobernador parece decidido a mantener abiertos todos los canales de diálogo, incluso con dirigentes que cuestionan abiertamente a integrantes de su propio espacio político. La relación con Alfaro, lejos de haberse interrumpido por esas disputas, continúa mostrando señales de vigencia.
Una alianza que sobrevivió a los cambios de camiseta política
La cercanía entre Jaldo y el alfarismo no comenzó con la última reunión. Sus antecedentes se remontan al proceso de reacomodamiento político posterior a las elecciones de 2023, cuando Germán Alfaro perdió la conducción de la Municipalidad capitalina y quedó debilitado después de su experiencia electoral dentro de Juntos por el Cambio. Desde entonces, el exintendente comenzó a reconstruir sus vínculos con el peronismo provincial, encontrando en Jaldo a un interlocutor dispuesto a facilitar ese acercamiento.
En marzo de 2024, el gobernador recibió en Casa de Gobierno a Alfaro, Beatriz Ávila y legisladores vinculados con el Partido por la Justicia Social. En aquel encuentro, presentado también como una instancia de diálogo institucional, quedaron expuestas las primeras señales públicas de una cooperación que más adelante terminaría formalizándose. El acercamiento dejó de ser una simple fotografía cuando, en mayo de 2025, Alfaro confirmó la incorporación de su partido al frente electoral encabezado por Jaldo.
La relación sumó otro elemento significativo a fines de 2025, cuando Ávila pasó a integrar el bloque Independencia en el Senado de la Nación, en sintonía con el esquema político del gobernador. De esa manera, la cooperación entre ambos sectores comenzó a expresarse también en la representación parlamentaria nacional, ampliando los espacios de coordinación más allá de la Legislatura y de la política municipal.
En marzo de 2026, Jaldo volvió a recibir conjuntamente a Alfaro y Ávila, ratificando públicamente la continuidad del vínculo. La nueva reunión de octubre, esta vez con la senadora, se incorpora a esa secuencia de encuentros que permite reconocer una relación política sostenida y no una sucesión casual de contactos institucionales. Los protagonistas pueden cambiar el tono de sus declaraciones según las circunstancias, pero los antecedentes muestran que el diálogo nunca dejó de ser una herramienta central de esa alianza.
Chahla, la incomodidad que Jaldo todavía no logra resolver
La situación resulta especialmente llamativa por la relación conflictiva que Germán Alfaro mantiene con Rossana Chahla, sucesora suya en la Municipalidad de San Miguel de Tucumán y una de las principales figuras del oficialismo provincial. Mientras Jaldo sostiene públicamente su respaldo a la intendenta, también preserva el vínculo con el dirigente que más abiertamente cuestiona sus posibilidades electorales.
En septiembre pasado, Alfaro ratificó que su espacio participa del proyecto político del gobernador, pero lanzó una advertencia sobre una eventual candidatura de Chahla a la reelección: sostuvo que, si ella encabezaba la propuesta del peronismo en la Capital, el oficialismo perdería los comicios. Aquellas declaraciones obligaron a Jaldo a intervenir públicamente para defender a la jefa municipal, a quien ratificó como candidata del PJ y para quien pronosticó un triunfo contundente.
Sin embargo, la confrontación no terminó con el entendimiento entre Jaldo y el alfarismo. Incluso después de aquel episodio se conocieron nuevos encuentros entre el gobernador y el exintendente, una señal de que las diferencias sobre el futuro político de la Capital no necesariamente ponen en riesgo la cooperación provincial.
La situación plantea un interrogante sobre el equilibrio que busca sostener el mandatario. Por un lado, necesita respaldar a Chahla, una dirigente que gobierna el principal distrito electoral tucumano y que aspira a renovar su mandato. Por otro, parece considerar conveniente conservar dentro de su esquema al PJS, una fuerza que todavía cuenta con dirigentes y estructura territorial en San Miguel de Tucumán.
Ese equilibrio podría volverse más difícil a medida que se acerquen las definiciones electorales. Alfaro no ha ocultado sus cuestionamientos hacia la intendenta, mientras que Jaldo tampoco ha dado señales públicas de estar dispuesto a sacrificar su relación con el exjefe municipal para cerrar definitivamente esa disputa. Hasta ahora, el gobernador ha elegido mantener ambas relaciones, aunque eso implique convivir con contradicciones dentro de su propio frente.
