Las intensas precipitaciones de esta semana no sólo dejaron calles anegadas, escuelas con desbordes y barrios complicados en San Miguel de Tucumán. También reactivaron una pelea política e institucional que ya venía latente: la de la Sociedad Aguas del Tucumán con la Municipalidad capitalina por la falta de desagües pluviales y por la responsabilidad sobre un sistema urbano que vuelve a crujir cada vez que el agua cae con fuerza.
La escena se repite demasiado seguido como para presentarla como una contingencia excepcional. Apenas el temporal mostró sus efectos, la SAT volvió a cargar contra la gestión municipal y atribuyó los desbordes a la ausencia de desagües pluviales adecuados. No fue una observación técnica aislada, sino un mensaje político directo que apuntó otra vez al corazón de la gestión de Rossana Chahla y, en particular, al área de Obras Públicas.
En rigor, el problema ya dejó de ser solamente una discusión entre organismos. Cada tormenta transforma esa pulseada en una evidencia incómoda: mientras la SAT responsabiliza al municipio por la infraestructura pluvial, la Capital responde mostrando operativos, cuadrillas y limpieza de canales. Pero en el medio quedan los vecinos, las escuelas afectadas y una ciudad que sigue sin una solución estructural visible.
La SAT volvió a marcar a la Municipalidad y reflotó un viejo cruce
El nuevo round se abrió con un comunicado en el que la SAT informó que sus equipos estaban interviniendo en varios establecimientos educativos capitalinos para resolver desbordes cloacales provocados por las lluvias. Al explicar el origen del problema, la empresa estatal no eligió rodeos: habló de la falta de desagües pluviales en el municipio y sostuvo que esa falencia termina impactando sobre las redes cloacales.
Con eso, Marcelo Caponio volvió a colocar sobre la mesa un conflicto que ya había escalado en 2025 con Luis Lobo Chaklián. Aquel cruce había sido durísimo, con acusaciones públicas, reproches por la limpieza de los pluviales y cuestionamientos sobre la capacidad técnica del área municipal para dar respuestas de fondo. Ahora, con la ciudad otra vez golpeada por el agua, la SAT retomó el mismo libreto y dejó en claro que, para la empresa, la raíz del problema sigue estando del lado del municipio.
Lo delicado para la Capital es que esa posición encuentra terreno fértil cada vez que llueve fuerte. Porque no se trata sólo de una chicana política: cuando los desbordes llegan a escuelas y barrios, el señalamiento gana espesor público. Y entonces la disputa deja de ser un intercambio de culpas entre oficinas para convertirse en una discusión sobre quién no hizo lo necesario para que la ciudad soporte mejor los temporales.
El municipio exhibe despliegue, pero la tormenta volvió a desnudar las deudas estructurales
La respuesta de la gestión de Chahla fue la esperable: mostrar presencia territorial, operativos y coordinación desde el Comité de Emergencia. La intendenta encabezó reuniones con funcionarios y técnicos, mientras el municipio informó que más de 100 operarios trabajaron en barrios como 2 de Abril, Nueva Esperanza, 360 Viviendas, Policial 4 y Ampliación Alejandro Heredia. También se difundieron tareas de limpieza en 27 canales y más de 3.000 imbornales, además de desagotes y asistencia en distintos frentes.
Ese despliegue le permite a la Municipalidad defenderse del golpe político inmediato. De hecho, sus funcionarios remarcan que en pocas horas cayeron alrededor de 130 milímetros en la Capital y que hubo sectores donde el drenaje estuvo condicionado por obstáculos, pendientes y problemas históricos. En esa lectura, la ciudad enfrentó un fenómeno extraordinario y la gestión respondió con los recursos disponibles.
Pero ahí aparece el punto más frágil del relato oficial. Hace pocos meses, el propio Lobo Chaklián había asegurado que la ciudad podía soportar hasta 40 milímetros por hora y que estaban en marcha obras para llevar esa capacidad a un umbral mucho mayor. También se había anunciado una licitación urgente para intervenir en el sector de 360 Viviendas y otras zonas sensibles. Sin embargo, el temporal volvió a encontrar a la Capital con anegamientos severos y con los mismos barrios entre los más castigados.
Entre acusaciones cruzadas, la ciudad sigue esperando una solución de fondo
Ese es el verdadero saldo político de esta nueva tormenta. La SAT y la Municipalidad pueden seguir discutiendo dónde empieza la responsabilidad de una y dónde termina la de la otra, pero lo que quedó otra vez a la vista es que San Miguel de Tucumán sigue sin resolver de manera estructural su vulnerabilidad hídrica. Y cuando eso ocurre, cada lluvia fuerte reactiva no sólo los anegamientos, sino también un conflicto de poder entre áreas del Estado que se pisan, se contradicen y se exponen mutuamente.
La gestión municipal necesita mostrar que no sólo limpia y asiste, sino que también ejecuta las obras que viene prometiendo. La SAT, a su vez, busca instalar que el colapso no nace en sus redes, sino en una infraestructura pluvial insuficiente y mal mantenida. Ambas cosas pueden contener parte de verdad, pero ninguna alcanza por sí sola para explicar por qué la Capital sigue entrando en crisis cada vez que el cielo se cierra sobre Tucumán.
En definitiva, el temporal no hizo más que acelerar una conclusión incómoda: el problema ya no puede esconderse detrás de comunicados ni de cruces personales. Mientras la SAT y el municipio se reparten culpas, la ciudad sigue expuesta. Y esa discusión, lejos de cerrarse, parece destinada a profundizarse cada vez que vuelva a llover.
