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¿Corre peligro la candidatura de Jaldo? La advertencia de Manzur y los movimientos de Acevedo abren interrogantes para 2027

Una frase de Juan Manzur durante la celebración del Día de la Lealtad Peronista alcanzó para instalar una nueva incertidumbre en el escenario político tucumano. Frente a sus seguidores, el exgobernador respondió al desafío electoral de Osvaldo Jaldo con una advertencia que difícilmente pueda interpretarse como una simple chicana: “No me invite, Jaldo, a un lugar que no sabe si va a estar usted”. La referencia a las elecciones del 9 de mayo de 2027 fue directa y puso nuevamente sobre la mesa una cuestión que el oficialismo procura dar por superada: la posibilidad de que la candidatura del actual gobernador termine siendo cuestionada ante la Justicia.

La declaración no ocurrió en cualquier contexto. Manzur y Jaldo encabezaron actos separados el sábado 17 de octubre, exponiendo ante la militancia la profundidad de una ruptura política que, por el momento, parece difícil de revertir. Mientras el gobernador reunió a su estructura en el Hipódromo y reafirmó su intención de buscar la reelección acompañado por Miguel Acevedo, el senador nacional utilizó su propio encuentro en Villa Luján para cuestionar el liderazgo de su antiguo compañero de fórmula y ratificar que pretende disputar el poder provincial.

Detrás de las acusaciones cruzadas aparece un factor que podría modificar las estrategias de ambos sectores: la controversia constitucional sobre la habilitación de Jaldo para acceder a otro mandato. Y en ese escenario adquieren especial interés los movimientos del vicegobernador Acevedo, quien durante los últimos meses incrementó sus contactos con referentes territoriales, dirigentes políticos y sectores que no siempre estuvieron alineados con el jaldismo.

La advertencia de Manzur y la discusión constitucional que puede llegar a la Justicia

La situación de Jaldo tiene una particularidad que la diferencia de otras discusiones sobre reelecciones provinciales. Fue vicegobernador durante dos períodos consecutivos, entre 2015 y 2023, acompañando precisamente a Manzur. Sin embargo, durante parte de su segundo mandato quedó a cargo del Poder Ejecutivo, cuando el entonces gobernador solicitó licencia para asumir como jefe de Gabinete de Ministros de la Nación, en septiembre de 2021.

Posteriormente, Jaldo fue elegido gobernador para el período 2023-2027 y ahora pretende acceder a un nuevo mandato. La controversia radica en determinar si el tiempo durante el cual ejerció interinamente la Gobernación debe computarse como un período a los efectos de limitar su reelección o si corresponde considerar que el mandato iniciado en 2023 fue el primero para el cargo de gobernador electo.

El artículo 90 de la Constitución de Tucumán establece que el gobernador y el vicegobernador pueden ser reelegidos por un período consecutivo. Pero también contiene una disposición particularmente favorable para la posición de Jaldo: contempla expresamente que un vicegobernador que haya completado dos períodos consecutivos pueda posteriormente ser elegido gobernador y ser reelegido por un período adicional.

Ese texto constituye uno de los argumentos más sólidos del oficialismo. No obstante, los sectores que cuestionan una eventual nueva candidatura podrían sostener que el ejercicio efectivo de la Gobernación durante la licencia de Manzur debe tener consecuencias constitucionales o plantear una interpretación restrictiva basada en el principio de alternancia en el poder.

Son interpretaciones que podrían enfrentarse en los tribunales y cuyo desenlace no debe darse por anticipado. Hasta el momento, no existe una decisión judicial firme que inhabilite a Jaldo para las elecciones de 2027.

La experiencia de 2023 explica por qué esta discusión genera inquietud. En aquella oportunidad, la Corte Suprema de Justicia de la Nación intervino ante el cuestionamiento a la candidatura de Juan Manzur como vicegobernador, luego de haber ejercido dos mandatos consecutivos como titular del Poder Ejecutivo provincial. La decisión cautelar del máximo tribunal alteró el cronograma electoral tucumano y desembocó en la retirada de Manzur de la fórmula oficialista, donde finalmente fue reemplazado por Miguel Acevedo.

El antecedente no implica que ambos casos sean jurídicamente idénticos. De hecho, existen diferencias relevantes entre las disposiciones constitucionales aplicables a cada situación. Pero demuestra que un conflicto sobre las condiciones de elegibilidad puede tener consecuencias políticas inmediatas, incluso antes de una sentencia definitiva.

Por eso, la frase de Manzur adquiere una dimensión que excede la confrontación discursiva. El exgobernador parece apostar a instalar una duda sobre la continuidad electoral de Jaldo, mientras este responde con una actitud desafiante y asegura que estará en las urnas. Durante su acto del 17 de octubre, el mandatario invitó a quienes pretenden impugnarlo a realizar las presentaciones correspondientes y reafirmó que será candidato.

El problema para el oficialismo no es solamente la posibilidad de una resolución judicial adversa. También lo es la incertidumbre que una controversia prolongada podría generar en la organización de la campaña, la definición de candidaturas y el armado territorial del peronismo.

Acevedo gana protagonismo: ¿armado electoral o plan alternativo?

Mientras Jaldo busca consolidar su candidatura y Manzur alimenta las dudas sobre su futuro electoral, Miguel Acevedo aparece como una figura cada vez más activa dentro de la construcción política oficialista. Sus reuniones con dirigentes de distintos espacios, sus contactos con referentes vinculados al manzurismo y su participación en encuentros territoriales pueden interpretarse como parte de una estrategia destinada a fortalecer la fórmula que integra con el gobernador, aunque también despiertan interrogantes sobre su eventual protagonismo si el escenario judicial se complicara.

Uno de los movimientos más significativos se produjo en agosto, cuando trascendió que Acevedo había mantenido contactos con Pablo Yedlin, Javier Noguera y Leopoldo Rodríguez, dirigentes relacionados con el espacio de Manzur. Según informó La Política Online, esas conversaciones estuvieron orientadas a explorar un posible entendimiento entre sectores del peronismo tucumano, en momentos en que las posibilidades de una reunificación comenzaban a debilitarse.

A esos contactos se sumaron otras actividades políticas, como el encuentro desarrollado en Yerba Buena con dirigentes convocados por Raúl Ferrazzano, donde el vicegobernador participó de una reunión que reunió a referentes políticos, empresarios, comerciantes y profesionales. La actividad fue presentada como un respaldo a la fórmula Jaldo-Acevedo, pero también permitió al titular de la Legislatura fortalecer vínculos con estructuras territoriales de un distrito electoral importante.

El dato político es que Acevedo viene construyendo relaciones con dirigentes de diferentes procedencias sin aparecer públicamente enfrentado con Jaldo. Esa condición le permite desempeñar un doble papel: actuar como articulador del oficialismo y, al mismo tiempo, consolidar un perfil propio que podría adquirir mayor relevancia frente a un escenario imprevisto.

La posibilidad de que sea considerado una alternativa ante una eventual inhabilitación del gobernador es, por ahora, una hipótesis política y no una decisión confirmada. No existen elementos públicos suficientes para asegurar que el oficialismo esté preparando su candidatura a gobernador ni que las reuniones respondan a instrucciones destinadas a organizar un reemplazo.

Sin embargo, el antecedente de 2023 resulta difícil de ignorar. Acevedo llegó a la fórmula gubernamental precisamente cuando una intervención judicial obligó al peronismo a modificar su estrategia electoral. Tres años después, vuelve a ocupar una posición privilegiada en un escenario donde la discusión sobre las candidaturas amenaza con trasladarse a los tribunales.

Hay además una diferencia fundamental entre fortalecer a Acevedo como compañero de fórmula y posicionarlo como eventual candidato a gobernador. En el primer caso, su actividad política incrementa las posibilidades electorales del oficialismo y contribuye a organizar el respaldo territorial. En el segundo, esos mismos contactos podrían convertirse en una base de sustentación propia si las circunstancias obligaran a modificar la candidatura principal.

Por el momento, ambas interpretaciones son compatibles. De hecho, el Consejo del Partido Justicialista provincial ya expresó su respaldo a la continuidad del binomio Jaldo-Acevedo, mientras el propio vicegobernador manifestó públicamente su intención de seguir acompañando al mandatario en las elecciones de 2027.

Tres escenarios posibles y una disputa que puede cambiar antes de mayo

A poco más de seis meses de las elecciones provinciales, el peronismo tucumano enfrenta una situación particular: tiene una fórmula oficialista definida, un exgobernador dispuesto a competir y una controversia jurídica capaz de introducir incertidumbre en el proceso electoral.

El primer escenario, y el que sostiene públicamente el oficialismo, es que Jaldo pueda presentarse sin impedimentos judiciales. En ese caso, el gobernador buscaría un nuevo mandato junto a Acevedo y la disputa con Manzur quedaría planteada esencialmente en el terreno electoral. La estructura territorial, el respaldo de intendentes y legisladores, el sistema de acoples y la capacidad de movilización serían factores determinantes.

Un segundo escenario contempla que prospere una impugnación contra la candidatura del gobernador. Si eso ocurriera, el oficialismo debería reorganizar su oferta electoral y encontrar rápidamente una figura con capacidad para conservar los apoyos políticos acumulados. Acevedo surgiría naturalmente entre los posibles nombres por su función institucional, su pertenencia a la actual fórmula y los vínculos desarrollados durante su gestión. Pero no sería necesariamente el único dirigente en condiciones de aspirar a ese lugar.

La tercera posibilidad es que el conflicto judicial se prolongue hasta las etapas decisivas del calendario electoral. Una situación de esa naturaleza podría generar incertidumbre entre los aliados del gobernador, modificar negociaciones de candidaturas y obligar al oficialismo a administrar simultáneamente la campaña y la discusión sobre la habilitación de su principal postulante.

Para Manzur, mantener abierta esa controversia representa una herramienta de presión política, aunque no necesariamente implique que pueda obtener un resultado favorable en los tribunales. La duda sobre la candidatura de Jaldo puede servirle para cuestionar la fortaleza del oficialismo y presentarse como una alternativa dentro del peronismo. Sin embargo, una división prolongada también podría perjudicar a ambos sectores frente a otras fuerzas que buscan disputar el Gobierno provincial.

En este contexto, las reuniones de Acevedo cobran un significado adicional. Aunque oficialmente se desarrollan dentro de la estrategia de fortalecimiento de la fórmula gubernamental, también contribuyen a que el vicegobernador amplíe su presencia política y sus relaciones territoriales. Se trata de un capital que podría resultar decisivo si el oficialismo necesitara redefinir su conducción electoral.

La incógnita pasa por determinar hasta qué punto esas relaciones responden exclusivamente al liderazgo de Jaldo o comienzan a configurar una estructura con capacidad de respaldar a Acevedo por sí mismo. Esa distinción será importante para interpretar sus próximos movimientos.

Por ahora, Jaldo continúa siendo el candidato del oficialismo, Acevedo su compañero de fórmula y Manzur uno de sus principales adversarios dentro del justicialismo. No hay una resolución judicial que impida al gobernador competir ni una señal pública concluyente de que se esté preparando su reemplazo.

Pero la advertencia del exgobernador durante el Día de la Lealtad dejó expuesta una vulnerabilidad política: el oficialismo deberá sostener su estrategia electoral mientras persistan los cuestionamientos sobre la interpretación de la Constitución provincial.

En definitiva, Acevedo podría estar fortaleciéndose para acompañar a Jaldo, pero ese mismo crecimiento lo posicionaría mejor si alguna circunstancia lo obligara a ocupar otro lugar. No hay pruebas de un plan alternativo en marcha, aunque tampoco sería extraño que un espacio político con aspiraciones de continuidad evalúe posibles contingencias después de lo ocurrido en las elecciones de 2023.

La batalla por la Gobernación de Tucumán ya comenzó. Y aunque todas las miradas están concentradas en el enfrentamiento entre Manzur y Jaldo, los movimientos del vicegobernador podrían convertirse en una de las claves para entender cómo se reorganizará el poder provincial de cara a mayo de 2027.

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