Aunque encabezan el ranking de dirigentes mejor valorados de la provincia, el gobernador Osvaldo Jaldo y la intendenta Rossana Chahla no consiguen una imagen positiva mayoritaria. Apenas cuatro de cada diez tucumanos tienen una opinión favorable de ellos. El dato se vuelve todavía más preocupante cuando casi el 88% de los encuestados admite sentirse poco o nada representado por los partidos políticos tradicionales.
Una encuesta de la consultora Grupo Borgia expone una realidad incómoda para la dirigencia política tucumana: ocupar los primeros lugares de un ranking de imagen no significa contar con el respaldo de la mayoría de la sociedad.
El gobernador Osvaldo Jaldo registra un 38,6% de imagen positiva, mientras que la intendenta de San Miguel de Tucumán, Rossana Chahla, alcanza el 37,3%. Es decir, ninguno de los dos logra que siquiera cuatro de cada diez personas consultadas expresen una valoración favorable de su figura.
Los resultados permiten una lectura muy diferente de la que suele hacerse cuando se destaca quiénes lideran las encuestas. Jaldo y Chahla pueden ser los mejor posicionados entre los dirigentes evaluados, pero sus números están lejos de representar un respaldo mayoritario.
Los mejores del ranking, pero sin convencer a la mayoría
Los datos muestran que Jaldo acumula un 17,6% de imagen negativa, mientras que Chahla registra un 16,3%. Ambos presentan un diferencial favorable de aproximadamente 21 puntos porcentuales.
Sin embargo, ese saldo positivo no alcanza para disimular un dato central: más del 60% de los consultados no manifestó una imagen positiva de ninguno de los dos. Esto no significa que todos ellos los desaprueben, ya que las valoraciones negativas son considerablemente menores y existen otras respuestas posibles. Pero sí demuestra que la valoración favorable de las dos principales figuras del oficialismo provincial está lejos de ser mayoritaria.
El vicegobernador Miguel Acevedo tampoco consigue superar esa barrera: su imagen positiva llega al 37,7%, frente a un 18,8% de opiniones desfavorables.
Así, los tres principales referentes institucionales del peronismo tucumano ocupan los puestos más altos de la medición, aunque ninguno logra alcanzar el 40% de imagen favorable.
La paradoja es evidente: los dirigentes mejor evaluados de Tucumán no consiguen una opinión positiva ni siquiera de la mitad de los encuestados. Una señal que debería encender alarmas dentro del oficialismo, más allá de cualquier celebración por encabezar las preferencias.
Casi nueve de cada diez tucumanos no se sienten plenamente representados
El dato más contundente del relevamiento no surge de la evaluación individual de los políticos, sino de la relación de la ciudadanía con el sistema de representación.
Según el estudio, el 87,7% de los encuestados afirma sentirse solo parcialmente representado o directamente no representado por los partidos políticos tradicionales.
Se trata de una señal de profundo distanciamiento entre la sociedad y sus dirigentes. La representación política aparece debilitada incluso en una provincia donde el oficialismo mantiene una fuerte presencia institucional.
El descontento también alcanza al sistema electoral. Un 46% expresa baja confianza en él, mientras que el 82,6% considera necesario modificar o eliminar el régimen de acoples.
Dentro de ese último grupo, un 54% reclama directamente su eliminación y un 28,5% plantea reducirlo de manera drástica.
Los porcentajes revelan que el cuestionamiento va mucho más allá de un nombre o de un espacio partidario. Lo que aparece bajo discusión es el funcionamiento de una estructura política que una amplia mayoría considera necesario reformar.
En ese contexto, la buena ubicación relativa de Jaldo y Chahla pierde parte de su brillo: liderar una tabla de dirigentes no resuelve la crisis de representación que expone la propia encuesta.
La economía preocupa y la dirigencia no logra recuperar la confianza
El relevamiento también identifica las principales preocupaciones de los tucumanos. El empleo y la economía encabezan las respuestas con el 50,6%, seguidos por la corrupción, con el 17,9%; los servicios públicos, con el 10,2%; y la inseguridad, con el 9,4%.
La combinación de dificultades económicas, cuestionamientos al sistema electoral y escasa identificación con los partidos tradicionales configura un escenario político que merece atención.
Otro resultado resulta revelador: el 69,4% de los consultados manifiesta algún grado de apertura a candidatos ajenos a la política tradicional, aunque la mayoría aclara que evaluaría sus perfiles y propuestas antes de decidir su voto.
No se trata necesariamente de una adhesión automática a cualquier figura nueva, sino de una disposición a considerar alternativas frente a los espacios conocidos.
Para Jaldo y Chahla, la encuesta deja un mensaje que va más allá de sus posiciones en el ranking: ser los dirigentes con mejor imagen de la provincia no implica haber conquistado la confianza de la mayoría.
El verdadero problema de la política tucumana no es solamente quién tiene mejor imagen, sino cuántos ciudadanos siguen sintiéndose representados por quienes gobiernan y por los partidos que aspiran a gobernar.
Y los números del estudio sugieren que esa distancia sigue siendo considerable.
