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La ciudad inteligente que no evita el agua ni la muerte

Al 5 de abril de 2026, la postal más brutal de San Miguel de Tucumán no fue una estadística ni un parte oficial. Fue la muerte de un niño de 12 años que, según los primeros reportes, recibió una descarga eléctrica en la zona de calle Jujuy al 2800, frente al supermercado Chango Más, en medio del temporal y con agua acumulada sobre la vía pública.

En una ciudad seria, una tormenta fuerte es una contingencia. En esta capital, demasiadas veces termina siendo una trampa. Porque cuando una calle inundada y un elemento electrificado aparecen en la misma escena, lo que falla no es solamente el clima: falla la prevención, falla el control y falla el Estado en su obligación más básica, que es garantizar que un chico pueda volver a su casa vivo.

El temporal no sorprende: se repite

Lo peor es que nadie puede fingir sorpresa. El 6 de febrero la Capital volvió a registrar anegamientos y cortes preventivos. El 11 y 12 de marzo el municipio desplegó más de 100 operarios en barrios afectados, reconoció acumulación de agua en distintos sectores y reportó 130 milímetros caídos entre la tarde y la noche del martes. El 18 de marzo, en pleno operativo territorial, un funcionario municipal llegó a celebrar que en un barrio “ayer llovió, pero no se inundó”. Apenas 18 días después, la realidad contestó con la crudeza que sólo tiene el barro cuando sube y la electricidad cuando mata.

En San Miguel de Tucumán ya no alcanza con contar cuadrillas después del desastre. La ciudad sigue reaccionando mejor a la foto del operativo que al problema estructural. Por eso cada tormenta parece una remake: calles tapadas, desagües exigidos al límite, basura arrastrada por el agua, vecinos con miedo y funcionarios haciendo control de daños cuando el daño ya está hecho.

Panamá, los foros y la capital real

La ironía duele más porque viene con pasaporte. El 30 de enero, Rossana Chahla fue a Panamá a presentar ante la CAF el proyecto hídrico del Colector Norte para prevenir inundaciones y, al mismo tiempo, participó de un panel sobre ciudades, digitalización e innovación. No fue un hecho aislado: en julio de 2025 también expuso en el Congreso Smart City Paraguay sobre modelos de gestión basados en datos. Y el 1 de marzo de 2026 volvió a prometer más modernización, uso de IA y obras pluviales. La pregunta incómoda es inevitable: ¿de qué smart city hablamos si la ciudad real sigue quedando a merced del agua, los baches y los riesgos eléctricos?

Porque la distancia entre el discurso y la calle ya no se mide en kilómetros sino en centímetros de agua. Mientras la gestión habla de innovación, los problemas básicos siguen ahí. A fines de marzo, datos oficiales difundidos por la prensa mostraban 473 basurales detectados en la capital y 249 todavía activos. Entonces sí, Panamá puede escuchar presentaciones prolijas sobre resiliencia urbana. Pero acá, en la capital tucumana, la modernidad todavía se atasca en el cordón cuneta. Y cuando una ciudad se vende como inteligente pero no consigue que una tormenta no termine en tragedia, la palabra “inteligente” deja de ser una meta y empieza a sonar como una burla.

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