Todavía no comenzó el período de lluvias más intensas del verano y Tucumán ya muestra las primeras señales de preocupación. Las precipitaciones registradas durante octubre provocaron un incremento del caudal del río Chico y de otros cursos de agua de la provincia, mientras los especialistas advierten sobre la acumulación de humedad en los suelos y los riesgos que podrían presentarse durante los próximos meses.
Las imágenes difundidas durante el martes 13 de octubre mostraron un crecimiento del río Chico, en el sur provincial, una región que históricamente ha sufrido las consecuencias de las inundaciones.
El dato más preocupante es que estas primeras señales aparecen cuando todavía resta atravesar buena parte de la temporada de tormentas, en un contexto condicionado por el fenómeno climático de El Niño.
Para el gobernador Osvaldo Jaldo, que viene anunciando trabajos de prevención hídrica, el escenario representa un desafío concreto: demostrar si las obras realizadas serán suficientes para evitar que las precipitaciones vuelvan a generar emergencias en las localidades más vulnerables.
En apenas 13 días ya llovió lo que habitualmente cae durante todo octubre
El especialista en meteorología Cristofer Brito advirtió que, en determinados sectores del oeste de la llanura tucumana, durante los primeros 13 días de octubre se acumularon entre 60 y 80 milímetros de lluvia.
Esos registros equivalen aproximadamente al total de precipitaciones que suele esperarse durante todo el mes en esas zonas. La situación tiene una consecuencia directa sobre el comportamiento de los ríos y canales. Según el especialista, las precipitaciones continuas dejaron los suelos muy húmedos y próximos a alcanzar su punto de saturación.
Cuando esto ocurre, el terreno pierde progresivamente su capacidad para absorber nuevas lluvias y aumenta el escurrimiento superficial. En esas condiciones, precipitaciones posteriores pueden provocar incrementos más rápidos de los caudales y favorecer anegamientos en zonas vulnerables.
El río Chico ya mostró un ligero crecimiento durante las últimas jornadas, aunque hasta el momento la información disponible no permite hablar de un desborde generalizado ni de una emergencia hídrica en ese curso de agua.
Sin embargo, el antecedente adquiere relevancia porque Tucumán todavía no ingresó en el período estival, cuando suelen registrarse algunas de las tormentas más intensas del año.
A esto se suma que el Servicio Meteorológico Nacional identificó condiciones de El Niño de fuerte intensidad en octubre de 2026, con perspectivas de continuidad durante el trimestre octubre-diciembre. El fenómeno puede modificar los patrones de precipitaciones, aunque no significa que cada lluvia o crecida pueda atribuirse directamente a su influencia.
Jaldo anuncia obras, pero la verdadera prueba llegará con las tormentas
Mientras los ríos comienzan a mostrar los efectos de las precipitaciones, el Gobierno tucumano sostiene que lleva adelante un amplio programa de prevención hídrica. El gobernador Osvaldo Jaldo reconoció la preocupación por las condiciones meteorológicas previstas y aseguró que su administración intensificó las intervenciones en distintos puntos de la provincia.
El ministro de Obras Públicas, Marcelo Nazur, informó que el Plan Integral de Prevención Hídrica cuenta con más de 40 frentes de trabajo y que se destinaron más de 15.000 horas de maquinaria pesada a tareas de limpieza de canales, encauzamiento de ríos y construcción de defensas.
Entre las zonas comprendidas figuran sectores de los ríos Chico, Marapa, Medina, Salí, Gastona y Lules, además de canales y desagües del Gran San Miguel de Tucumán.
Sin embargo, los propios informes oficiales indican que varias intervenciones permanecen en ejecución y que otras todavía no comenzaron.
Por ejemplo, en sectores del río Chico y del río Medina se proyectan trabajos de reencauce y retiro de sedimentos que aún se encuentran pendientes de inicio. La Dirección Provincial del Agua también reconoció que aspira a completar algunos de los principales frentes durante los próximos dos meses, siempre que las condiciones climáticas lo permitan.
Esto plantea una cuestión que no puede ignorarse: las lluvias comenzaron a hacerse sentir mientras parte de las obras destinadas a reducir sus consecuencias todavía están pendientes o en desarrollo.
La existencia de trabajos en marcha demuestra una respuesta preventiva del Estado, pero no garantiza por sí sola que las localidades expuestas estén suficientemente protegidas.
La verdadera evaluación llegará cuando se produzcan precipitaciones de mayor intensidad y pueda comprobarse si las intervenciones resultaron eficaces.
El antecedente de las inundaciones y una pregunta que vuelve cada verano
Tucumán ya atravesó este año episodios de extrema gravedad relacionados con las lluvias.
En marzo, el desborde del río Marapa provocó inundaciones en La Madrid y afectó a distintas localidades del sur provincial. Las precipitaciones también generaron inconvenientes en caminos y sectores de los departamentos Graneros, Simoca y Leales.
Durante aquella emergencia, el propio Jaldo reconoció que el volumen acumulado de lluvias había alcanzado registros extraordinarios y que la saturación de los suelos agravaba el escurrimiento del agua.
Ahora, con una nueva temporada de precipitaciones por delante, reaparece una pregunta que se repite entre los tucumanos: ¿está realmente preparada la provincia para enfrentar lluvias intensas sin sufrir nuevamente graves inundaciones?
El interrogante no puede responderse únicamente con anuncios de obras ni con la cantidad de máquinas desplegadas.
También resulta necesario conocer qué intervenciones estructurales fueron terminadas, cuáles permanecen pendientes, qué sectores continúan expuestos y qué medidas de evacuación y respuesta están previstas para las comunidades de mayor riesgo.
Los fenómenos meteorológicos no pueden evitarse, pero sus consecuencias dependen, en parte, de la infraestructura disponible, del mantenimiento de los sistemas de drenaje, de la planificación territorial y de la capacidad de anticipación de las autoridades.
En una provincia con antecedentes recurrentes de inundaciones, la prevención no puede limitarse a intervenir cuando los ríos comienzan a crecer.
El Niño ya está presente y las lluvias de octubre comenzaron a poner en alerta a Tucumán. Lo preocupante es que todavía resta atravesar los meses de mayor actividad tormentosa.
Para Jaldo, el desafío será que los anuncios de prevención se traduzcan en resultados concretos antes de que lleguen las precipitaciones más severas.
Porque cuando el agua avanza sobre las viviendas, los caminos y las poblaciones, los balances sobre las obras realizadas llegan demasiado tarde para quienes sufren las consecuencias.
