Una docente tucumana que sufrió un violento ataque por parte de un vecino regresó a su vivienda después de una extensa recuperación. Asegura que volvió a encontrarse con el acusado, que teme por su vida y la de su hijo de cinco años y que no obtiene respuestas de las autoridades.
El calvario de una docente de Alderetes parece no tener fin. Después de sobrevivir a un ataque en el que recibió 15 puñaladas, la mujer regresó a su domicilio y se encontró nuevamente con el vecino al que señala como responsable de la agresión. Según denunció, el hombre continúa en libertad y se burló de ella cuando la vio.
Melina, quien trabaja como maestra de nivel inicial, aseguró que decidió regresar a su vivienda por dificultades económicas, pese al temor que todavía siente. Hasta entonces había permanecido en la casa de su madre mientras se recuperaba de las graves lesiones sufridas.
La docente expresó su desesperación ante una situación que, según sostiene, se prolonga desde hace seis años y que ha afectado profundamente su vida familiar y laboral.
Una discusión que terminó en un violento ataque
El episodio ocurrió durante la madrugada del 8 de agosto de 2026, cuando la mujer descansaba junto a su esposo y su hijo de cinco años.
Según su testimonio, su vecino, identificado como Ramón Enrique Mansilla, comenzó a arrojar piedras contra el techo de la vivienda. La docente salió a reclamarle que dejara de hacerlo, pero la situación se agravó cuando el hombre habría retomado las agresiones y despertado al niño.
La mujer relató que, al acercarse nuevamente a la propiedad del vecino, este la sujetó de la ropa, la introdujo por la fuerza en su vivienda y comenzó a atacarla con un cuchillo.
Sus hermanos intervinieron para auxiliarla y consiguieron reducir al presunto agresor. La víctima fue trasladada de urgencia al Hospital Padilla, donde recibió atención médica por múltiples heridas punzocortantes.
De acuerdo con su relato, las puñaladas le provocaron lesiones en ambos pulmones, el colon, la vejiga y el intestino delgado. Debió someterse a dos intervenciones quirúrgicas y permanecer internada hasta que su estado de salud permitió continuar la recuperación fuera del hospital.
Regresó a su casa y volvió a sentir miedo
Tras recibir el alta, Melina se instaló temporalmente en la vivienda de su madre. Sin embargo, las dificultades económicas la obligaron a regresar a su domicilio, donde asegura que volvió a encontrarse con Mansilla.
La docente afirmó que el acusado se rio al verla y se burló de sus heridas, una situación que incrementó su temor.
También denunció que intentó comunicarse con el 911 y con la comisaría de Alderetes sin conseguir la asistencia que solicitaba. Finalmente acudió personalmente a la dependencia policial, donde, según manifestó, le explicaron que necesitaban una disposición de la Fiscalía para intervenir.
La situación también repercute en su familia. Melina todavía no pudo retomar sus tareas docentes debido a las secuelas del ataque, mientras que su hijo dejó de asistir al establecimiento educativo al que concurría junto con ella.
Reclama protección y cuestiona la actuación judicial
Según la información publicada, el juez Leandro Cattáneo había establecido una prohibición de acercamiento de 100 metros para el acusado.
Además, el auxiliar fiscal Exequiel Filmann dispuso medidas de protección que contemplaban custodia policial permanente o, alternativamente, cuatro recorridos diarios por el domicilio donde se encontraba la víctima.
Sin embargo, la docente sostiene que continúa sintiéndose desprotegida y reclama una intervención más efectiva de la Justicia.
Otro de sus cuestionamientos está relacionado con la calificación penal del expediente. Según su conocimiento, la investigación continuaría bajo la figura de lesiones leves, pese a que considera que la gravedad del ataque debería dar lugar a una acusación más severa.
Hasta el momento, no se cuenta con una confirmación judicial independiente sobre la situación procesal actual del acusado ni sobre la vigencia y el cumplimiento de las medidas de protección.
Mientras intenta recuperarse físicamente y reconstruir su vida cotidiana, Melina insiste en que necesita garantías para regresar a trabajar y para que su hijo pueda retomar sus actividades con normalidad.
Su reclamo vuelve a poner el foco sobre la protección de las víctimas que denuncian agresiones graves y sobre la necesidad de respuestas oportunas de las instituciones encargadas de garantizar su seguridad.
