Un informe difundido este lunes 16 de febrero de 2026 instaló un título tentador: Tucumán aparece entre los distritos con mayor crecimiento del empleo por cuenta propia en la última década. En números, el Gran Tucumán-Tafí Viejo habría aumentado 8,9 puntos porcentuales la participación del cuentapropismo entre 2016 y 2025, y hacia el tercer trimestre de 2025 los trabajadores por cuenta propia habrían llegado al 27,4% de los ocupados.
Presentado así, el fenómeno parece hablar de “emprendedurismo” y autonomía. Pero en un mercado laboral que viene perdiendo empleo asalariado de calidad, el mismo dato puede leerse al revés: más gente trabajando sola porque el trabajo formal no alcanza.
“Trabajador independiente” no es sinónimo de trabajo formal
El problema no es la existencia del cuentapropista en sí: hay profesionales, oficios y pequeños comercios que funcionan con reglas, aportes y cobertura. El punto es el uso del rótulo para maquillar lo central: la informalidad.
La propia medición oficial deja claro que el “empleo informal” incluye tanto a quienes trabajan en relación de dependencia sin los aportes correspondientes como a ocupados independientes que desarrollan su actividad al margen de obligaciones tributarias, contables y previsionales. En Tucumán, esa película es cruda: en el Gran Tucumán-Tafí Viejo, la Dirección de Estadística de la Provincia informó que, en el segundo trimestre de 2025, la tasa de empleo informal (todas las categorías ocupacionales) fue del 57,4%. Y dentro de esa informalidad, una porción importante corresponde a cuentapropistas.
Dicho en criollo: no es “independencia” cuando el precio es no tener aportes, obra social, licencia, aguinaldo ni respaldo ante una enfermedad o un accidente.
La ironía del “podio”: la independencia de estar solo
La etiqueta de “trabajador independiente” se vuelve todavía más irónica cuando se mira el incentivo económico de corto plazo. En 2025, la inflación acumulada fue del 31,5% y, en doce meses a diciembre, el índice de salarios subió 38,2%. Pero ese promedio esconde la grieta: el salario registrado (público y privado) creció cerca del 28,7%-28,9%, por debajo de los precios, mientras que el salario del sector privado no registrado mostró un salto interanual del 87,9%.
Así, muchos terminan “moviéndose” hacia changas, rebusques y ocupaciones por cuenta propia no por vocación emprendedora, sino por supervivencia. El resultado no es un podio: es un síntoma. Porque cuando el empleo formal retrocede, lo que avanza no es la libertad laboral, sino la precariedad.
