El carnaval terminó y, en Amaicha del Valle, también se apagó el ruido público de la polémica… pero no el conflicto. A casi tres días de la celebración de la Pachamama 2026, no hubo reuniones, ni llamados formales, ni señales de acercamiento entre María Eva Pastrana —reelecta por segundo año consecutivo— y el delegado comunal, Paul Caillou. Tampoco se conocieron nuevos movimientos judiciales en las últimas horas. El escenario quedó “en pausa”, aunque lejos de estar resuelto.
La fiesta siguió, la grieta también
La tensión estalló en pleno ritual: la propia Pastrana admitió que un segundo mandato no es habitual en la tradición de la fiesta y lo vinculó con un momento de crisis interna. En ese marco, dejó una frase que sintetiza el clima: dijo que la comunidad “no está pasando por momentos gratos ni de armonía” con el gobierno del Estado.
En el trasfondo, el conflicto es mucho más que ceremonial: expone una disputa por la conducción y por quién define las reglas en un territorio con instituciones ancestrales que conviven —no siempre en paz— con la estructura estatal de la comuna.
Dos versiones, una legitimidad en disputa
Según la mirada que sostiene a Pastrana y al cacique Horacio Díaz, hubo un intento de “Pachamama paralela” y de armado de una estructura alternativa de autoridades, con su propio Consejo de Ancianos. Incluso se mencionó que otra mujer estaba lista para recibir la distinción, y que se frenó esa posibilidad para evitar que el cruce terminara en violencia.
Del otro lado, Caillou negó que hubiera intención de imponer una segunda Pachamama y planteó que su reclamo apunta a que la Justicia revise si se cumplieron los mecanismos previstos en la Constitución interna de la comunidad. También sostuvo que no pidió ser proclamado cacique, sino que se controle el procedimiento.
El diálogo que no llega
Lo más concreto, por ahora, es la ausencia de cualquier mesa de conversación. Pastrana había dicho que sentarse a hablar “no sería difícil” para resolver las rispideces, pero desde el fin de semana no hubo convocatoria ni gestos públicos de acercamiento entre los sectores enfrentados.
Así, en el corazón de una de las celebraciones más identitarias del calendario tucumano, la postal queda atravesada por una disputa institucional que no afloja: en Amaicha, ni la Madre Tierra consigue tregua.
